JAVIER VALENZUELA « LA ÍNSULA BARATARIA » ESTAMPAS DE UNA ESPAÑA DESNORTADA (11) WISHFUL THINKING

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Javier Valenzuela

 

 Resulta   fastidioso   tener    que    empezar    un artículo proclamando  cosas  que  deberían  estar sobreentendidas.


Como me dirijo a lectores ilustrados y progresistas, no debería verme obligado a reiterar que pienso que el PSOE desempeñó un papel importante en la puesta al día de España tras la larga noche franquista, así que no me arrepiento de haberle votado en 1982. Tampoco tendría que repetir que volví a hacerlo en 2004 y 2008, que fui uno de los
11 millones de españoles que apoyaron las propuestas de Zapatero: retirada de nuestras tropas de Irak, correcta atribución al yihadismo    de    los    atentados    del    11-M,    matrimonio    gay, igualdad de derechos para las mujeres, medidas sociales tras el capitalismo salvaje de Aznar y Rato, voluntad de acelerar el fin de ETA y de encontrar un mejor acomodo para Cataluña en una España plural.


Pero me veo forzado a hacerlo por el victimismo con el que la dirigencia socialista reacciona a cualquier intento de  análisis sobre las causas de la decadencia de su partido. Uno es zarandeado verbalmente si dice que la ascensión de Podemos es debida, entre otras cosas, al hecho de que el PSOE dejara abandonado a buena parte de su electorado progresista en el último y penoso tramo de Zapatero y, ya no digamos, cuando, a través de Rubalcaba, su vieja guardia felipista retomó el control de esa formación.


A fuerza de pragmatismo, el PSOE, como sus partidos hermanos en Europa, lleva años renunciando a ideas básicas de la socialdemocracia: el capitalismo debe ser regulado a fin de evitar sus excesos; las políticas de gasto progresistas no son sostenibles sin políticas de ingreso progresistas; los impuestos son la vía para una mínima redistribución de la riqueza; la vivienda, la sanidad, la educación, la seguridad ciudadana y un mínimo de renta son derechos imprescriptibles de todos y cada uno de los ciudadanos.


En la breve legislatura surgida del 20-D, el PSOE tuvo otra oportunidad para ponerse al frente de una reforma del régimen del 78. Podría haberse tomado en serio la posibilidad de formar un gobierno de coalición con las fuerzas de izquierda presentes en el Congreso, pero no lo hizo. A Pedro Sánchez se lo prohibieron Felipe González y sus amigos de PRISA, Susana Díaz y los barones castizos, los capos del IBEX 35 y los voceros de Bruselas, que le empujaron a juntarse con Ciudadanos. Las torpezas de Podemos fueron notorias, pero no la verdadera causa de que no surgiera una mayoría parlamentaria que terminara con el gobierno del PP.


Escribí hace unas semanas a favor de una alianza electoral de Podemos, Izquierda Unida, Compromís y compañía. Me alegra que haya cuajado y me alegraría que, con o sin sorpasso, ese bloque y el PSOE pudieran materializar en un Gobierno progresista el resultado del 26-J. Pero me temo que es wishful thinking, me temo que el PSOE, quede por delante

o por detrás de Unidos Podemos, tiene las manos atadas para hacerlo. Las presiones de los poderes fácticos para que, por activa o por pasiva, deje gobernar al PP serán descomunales. Supongo que lo más realista es imaginar que la derecha seguirá en La Moncloa.

(infoLibre, 15 de junio de  2016)