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Jefe polisario acusado en tribunales por violaciones a los DDHH, con ingreso ilegal y protegido ¿Qué oculta España y los servicios de seguridad? (ElSiete Cl)

Crónica

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La prensa reveló el 25 de abril de 2021 que Brahim Ghali, líder del grupo separatista frente Polisario, quien padece de Covid-19 y además sufre un cáncer, fue ingresado en un hospital español en Logroño. La información fue rápidamente confirmada por la diplomacia española, alegando un gesto «puramente humanitario». Horas más tarde la emoción y la incomprensión se apoderaron de observadores y victimas de atropellos a los derechos humanos  que se preguntaron ¿cómo Brahim Ghali había podido entrar impunemente en España si al momento de darse a conocer esta noticia Ghali se encontraba imputado por genocidio, terrorismo y crímenes contra la humanidad?, acusaciones formuladas responsablemente por la Asociación Saharahui para la defensa de los derechos humanos, en tribunales y frente a las autoridades españolas, que hasta ahora han optado por hacer deliberadamente la vista gorda.

La pregunta de todo el mundo es ¿por qué? Las versiones son variadas, donde parece razonable la quienes interpretan lo sucedido  como “una reacción natural de los servicios de inteligencia cuando alguno de los suyos se encuentra en peligro” y la respuesta es que Ghali ha sido durante años agente o informante de los servicios de seguridad españoles, frente a lo cual los suyos reaccionaron al ver su salud en peligro, para lo cual habrían actuado con “los servicios argelinos”, a los que también serviría Ghali.

Lo interesante, entonces,  sería saber si el gobierno de Pedro Sánchez estaba al tanto de estos “operativos” y porque guarda silencio, lo que podría generar un daño irreparable a las relaciones y buena cooperación con uno de sus vecinos más importantes y con quien  mantiene estrechas relaciones de colaboración en todos los planos y, especialmente en seguridad : Marruecos.  Son interrogantes que, tarde o temprano, terminaran por aclararse.

Tras una rotunda negativa de las autoridades alemanas a aceptar el tratamiento de un genocida en su territorio (infomédiaire),  otros medios informan que «Argelia y España negociaron al más alto nivel un traslado subrepticio del separatista. »  Y para ello, Brahim Ghali utilizó papeles falsos y pudo llegar a la capital de la región española de La Rioja bajo el nombre de Mohamed Ben Battouche, lo que la prensa reveló en artículos que aparecieron sobre el tema. Por otro lado y considerando que las relaciones entre España y Marruecos se han considerados de muy buenas, sorprende la hospitalización del jefe Polisario, provocando un gran malestar en la administración central marroquí, que reaccionó en un comunicado, «deplorando la actitud de España» al tiempo que expresaba su «gran incomprensión y sus legítimas interrogantes».

¿Por qué España optó inicialmente por ocultar esta hospitalización y admitir a un presunto terrorista en su territorio con una identidad falsa? Pregunta que podría tener respuesta, según los analistas, en los variados servicios de inteligencia, a los que habría servido Brahim Ghali.

Otra interrogante es ¿Por qué la justicia española aún no ha reaccionado a las numerosas denuncias presentadas en tribunales y tampoco responde a la indignación de las víctimas del polisario instaladas en el país ibérico? La justicia española tampoco puede decir que no corresponde por algún tipo de protección diplomática, pues existe un precedente en el caso de Augusto Pinochet en Londres, quien fuera detenido en una clínica portando pasaporte diplomático, pues en ese momento Pinochet era senador vitalicio, lo cual no fue impedimento para su detención por graves violaciones a los derechos humanos  a solicitud del juez español Baltazar Garzón. La situación de Ghali es similar y aún más grave que Pinochet, pues el dictador chileno no andaba con pasaporte falso y contaba con inmunidad diplomática como senador de la República de Chile, cuestión que acaba de recordar el presidente de la Asociación Saharahui para la defensa de los derechos humanos y el representante de derechos humanos sin fronteras ante el embajador de España en Santiago.

Hoy son las autoridades de España, políticas y judiciales quienes deben explicar ¿Qué significa este silencio ensordecedor, cuyo turbio juego amenaza la cooperación en materia de seguridad con Marruecos, que hasta ahora se consideraba excelente entre ambos países? Son interrogantes que solo el tiempo y los hechos podrán responder.

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