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Kais Saied pierde Marruecos y gana vergüenza, Por Mustapha Tossa

En otros medios (AtlasInfo.fr)

Mustapha Tossa, Politologo
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Si hay una pregunta crucial que se impone a todos los tunecinos es la siguiente: ¿qué ganará el presidente Kaïs Saied después de extender la alfombra roja al líder de los separatistas del Polisario en el aeropuerto de Túnez? Nada si no el sonoro y tambaleante agradecimiento del régimen argelino que ve en esta desesperada instrumentalización una forma de intentar sacar la cabeza del cuello de botella.

El comunicado de prensa muy rápido del Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos resultó ser de gran relevancia para hacer la distinción entre las actitudes y agendas de un presidente muy disputado y las sólidas amistades y la admiración recíproca que ambos han mantenido durante décadas.

Antes de ser un asunto marroquí que requiere una reacción firme y un trato intransigente, la recepción del líder de los separatistas del Polisario en Túnez es ante todo un asunto tunecino, y en total violación de las reglas del Foro de Cooperación Japón-África (TICAD).

La acogida del líder del Polisario encarna la extensión de una actitud despótica de arrebatarle el poder a un hombre que vino de la nada, con una cultura demagógica y una postura populista. En nombre de la lucha contra la diversidad política tunecina, Kaïs Saied ya ha saqueado los logros democráticos de Túnez y ha llevado al país al borde de la guerra civil. Las fuerzas políticas caminan sobre el filo de la navaja y la explosión social es sólo cuestión de tiempo.

Hoy abordó la herencia diplomática de un Túnez conocido por la racionalidad de sus opciones, la moderación de sus enfoques y sus convicciones. Lo hizo con pleno conocimiento de causa y de las consecuencias. Una provocación a mando argelino cuyo objetivo evidente es chocar opiniones e intentar hacer creer a la gente en las quimeras de los separatistas. Y salvo desconocimiento de los usos y costumbres diplomáticos, Kaïs Saied sabía que tal comportamiento provocaría la ira de Marruecos, incluso la escalada hacia una cierta ruptura. Y salvo que tuviera una marca de debilidad política, sabía que Marruecos no se iba a quedar de brazos cruzados ante semejante agresión diplomática.

Pero al presidente tunecino no le importa. Contra la voluntad del principal país socio de esta cumbre, Japón, contra el principio adoptado en anteriores cumbres similares donde el Polisario, no reconocido como Estado por Naciones Unidas, nunca fue invitado, Kaïs Saied prefirió ignorarlo y llevar a cabo este Golpe de Estado al mando de Argel. La firma de los generales de Argel y su generosa chequera están en el fondo de semejante ofensa tunecina contra Marruecos.

El planteamiento de Kaïs Saied recuerda extrañamente al de otro militante leal de Argel, el islamista radical Rached Ghannouchi, hoy procesado por terrorismo, cuando bajo la influencia de los petrodinares argelinos se había propuesto construir un Magreb unido sin Marruecos.

Desde mucho antes de este punto de inflexión, La Túnez de Kaïs Saied ha mostrado algunos signos de animosidad hacia Marruecos. La intimidad del presidente tunecino con el régimen argelino y su abstención durante la votación sobre el Sáhara en el Consejo de Seguridad de la ONU ya se han percibido como movimientos hostiles hacia Marruecos. Rabat esperaba una rápida vuelta a la razón. Pero lo que está ocurriendo es una escalada de la hostilidad contra Marruecos.

El presidente tunecino es tanto más perdedor en este asunto cuanto que se unió al círculo muy restringido de partidarios del Polisario en un momento histórico en el que los vientos de la historia y la diplomacia son favorables a la opción de autonomía propuesta por Marruecos. Se une así voluntariamente al clan de los perdedores, sin duda vio la oportunidad de sacar el máximo partido a un régimen argelino dispuesto a vender su alma para retrasar la consecución de la unidad territorial marroquí.

Hoy, cuando Kaïs Saied ha mostrado su verdadera cara como enemigo de Marruecos, ha llegado el momento de devolverle el favor. Marruecos tiene cartas y amistades suficientes para que el régimen tunecino sienta la gravedad de la falta que acaba de cometer y la gravedad de sus opciones, aunque estas últimas no tengan ninguna posibilidad de cambiar nada en el equilibrio de los equilibrios regionales e internacionales. Kaïs Saied perdió Marruecos y se ganó la vergüenza de pertenecer al restringidísimo club de sepultureros de la unidad y la prosperidad del Magreb.

De: AtlasInfo.fr

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