En vez de preguntarnos qué puede darnos la vida, deberíamos reformular la pregunta y decir: ¿Qué puedo aportar yo a la vida? El mundo actual necesita a gente preparada, responsable y honesta con ansias de revertir la realidad de un mundo inmerso en la mediocridad de unos cuantos.
Para tu desarrollo personal y profesional no es sano hacerse la víctima y buscar culpables en todas partes. Somos los únicos responsables de las malas decisiones que tomamos. Uno debe ser sincero y honesto a la hora de hacer un diagnóstico de los problemas que obstaculizan el crecimiento y el progreso de nuestros pasos.
Debemos cambiar nuestra actitud ante la vida y transformar el odio en amor y servicio a los demás. Convertir las virtudes en un hábito es el primer paso para transformar la vida, porque la miseria moral con el tiempo se convierte en una miseria existencial. Todo aquello que negamos y que nos cuesta reconocer se convierte en nuestro destino, por eso es necesario ser sinceros con nosotros mismos, pero sin la necesidad de construir una narrativa interior agresiva que altre nuestro equilibrio emocional.
Nacemos para ser felices y para ayudar a los demás a serlo también. Nadie tiene el derecho de menospreciar tus esfuerzos ni tampoco limitar tus ambiciones. Trabaja para alcanzar tus metas con la esperanza de que un mundo mejor es posible.
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