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LA ALEGRIA DEL NIÑO, Elias D Galati (Argentina)

Reflexiones

 

 

Es el grato y vívido movimiento del ánimo.

Es un sentimiento íntimo de satisfacción resultante de la posesión de un bien, real o imaginario; se diferencia del placer, por cuanto éste es momentáneo y la alegría es permanente y de mayor plenitud.

Son emociones que tienen un tono sensorial agradable y se relacionan con sucesos o experiencias del presente inmediato.

Los filósofos consideran a la alegría una emoción placentera a causa de la previsión de un bien sobreviniente.

Cicerón añadió a la alegría el júbilo cuando el alma exulta sin fundados motivos y sin medida.

Dante asocia el júbilo a la alegría  y lo asocia a la contemplación intelectual, “luz intelectual llena de amor. Amor de verdad lleno de júbilo. Júbilo que trasciende a toda dulzura.” (Par. 30,40).

Para Spinoza es la transición del hombre de una menor a una mayor perfección (Eth III, 16).

Lo opuesto de la alegría es la tristeza, y al decir de Spinoza la tristeza es un mal y hace daño.

La emoción se aplica no sólo en el ámbito personal sino también en el ámbito colectivo y social.

Una persona alegre, como una comunidad alegre hace la vida placentera, una persona y una sociedad triste hacen daño al alma y a la existencia.

La alegría en estado de pureza, es la alegría del niño, a quien todo lo conmueve, lo emociona, lo motiva y lo predispone para la vida.

El niño necesita la alegría como necesita el aire que respira.

Su modelo de vida y su proyecto de futuro dependen de como haya vivido su niñez, y del estado de ánimo con el que la haya transitado.

Por eso es imperdonable quitarle la alegría a los niños, aunque los adultos con nuestros comportamientos, con nuestras reyertas, nuestras desvariadas relaciones, con la violencia que generamos, en guerras, disturbios, terrores y asonadas nos empeñamos sin miramientos a quitársela, guiados por nuestra soberbia, nuestro egoísmo, nuestro delirio de grandeza, de poder, de fama y de riqueza.

A pesar de ello, y aún en medio de la contienda bélica, los niños continúan tozudamente buscando la alegría, en el juego, en el amor, en la bondad y en la solidaridad.

No importa cuánto deban pasar, no importa el tiempo ni las condiciones de vida a la que son sometidos, ellos buscarán un resquicio, abrirán una brecha en la existencia para buscar la alegría y la felicidad.

Porque el niño no puede vivir sin alegría, en realidad el hombre tampoco, pero lo ignora.

Es tal la deformación de los sentimientos y de las emociones, que se confunden y les da igual un período de paz que un período de violencia.

Ay de aquellos que quitan la alegría a los pequeños, dice el Señor, los que escandalizan a mis pequeños es preferible que se aten una piedra de molino al cuello y se arrojen al mar.

Cuántas veces escandalizamos, cuántas veces pervertimos, cuántas veces generamos tristeza en los corazones, por groseras pasiones y desatinos.

Cuántas veces preferimos ver el sufrimiento y el dolor de los demás con tal de envanecernos, de acceder a nuestros privilegios y conservar las prebendas que no nos corresponden.

La guerra, la violencia, el terrorismo, la discriminación, la falta de solidaridad, escandalizan a los niños, quitan su alegría y los sumen en la tristeza de una existencia gris y vana.

Somos responsables de la felicidad del mundo, y de la alegría de los niños.

¿Qué hemos hecho para sostenerla? ¿Cuál ha sido nuestra actitud?

No puede haber ni omisiones, ni indiferencias, todos somos responsables, y todos debemos poner nuestra actitud, nuestro rol, nuestra forma de vivir, para que se sostenga la alegría, se recupere y se proyecte hacia el futuro.

Un niño alegre es una bendición, un pueblo alegre nos hace felices, una comunidad que ama, busca la alegría, y acepta a todos por igual  hace a una vida mejor.

Cuidemos la alegría de los niños, no permitamos bajo ningún concepto que le sea quitada, porque va en ello la paz y la felicidad de los hombres.

 

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