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La arraigada « adicción » del Café, Una historia familiar

El café de la mañana

Entre los destellos que dan vida a monturas y cristales, se despliega una historia entrañable que heredo de mi padre, una dulce adicción que trasciende los límites de la óptica: el café.

En el seno de la familia Jedidi, el café no es simplemente una bebida; constituye un ritual. Este elixir oscuro se ha erigido en un compañero inseparable que teje sus notas aromáticas en cada rincón de nuestro hogar, especialmente cuando mi padre, con paciencia rayana en la devoción, lo prepara en nuestro tradicional puchero. La modernidad no ha hecho mella en nuestras costumbres, pues persistimos en saborear nuestro café diario de la manera más auténtica, conservando así el deleite de cada sorbo.

En una jornada propicia, mi padre, erudito en el tema, nos relató la fascinante historia que yace tras esta deliciosa adicción que se ha vuelto esencial en nuestras vidas.

—¿Sabías que el café, me interpeló mi progenitor, tiene sus orígenes en Etiopía y fue consumido por vez primera en la Meca? Su introducción en los países árabes, traído por peregrinos, marcó el inicio de su travesía por el mundo. Como cualquier novedad, el café suscitó controversias y fue inicialmente declarado haram (ilícito) por líderes religiosos. La prohibición, incluso con la amenaza de pena de muerte para los consumidores, no logró frenar su propagación. En el siglo XVII, los cafés se erigieron como refugios de intelectuales y literatos, desafiando el poder establecido y enfrentándose al cierre. A lo largo de los siglos, la legitimidad del café fluctuó entre lo prohibido y lo permitido, pero su popularidad entre los pensadores allanó el camino para levantar la prohibición.

En Marruecos, el café ingresó de manera discreta en el siglo XVII, reservado para ocasiones especiales entre los más acomodados. Su aceptación dividió opiniones entre los ulémas; algunos lo tildaban de prohibido, comparándolo con los efectos del alcohol, mientras que otros lo consideraban beneficioso para la salud. Incluso en la actualidad, persiste la pregunta: ¿halal o haram?

En mi óptica, el café no solo colma nuestras tazas, sino que entreteje relatos de tradición, desafío y camaradería. Elevo una taza fragante a vuestra salud, queridos lectores, y les deseo un día resplandeciente desde Rabat

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