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“LA BANDERA Y BELGRANO” – Padre de la Decencia, Honestidad y Amor a la Patria – Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

Tribuna infomarruecos.ma

Es verdad, los tiempos han variado y de manera considerable; ya no basta con enclavar un facón en la punta de una tacuara, montar a caballo y largarse al combate implorando el amparo de la Virgen.

Al cumplirse un nuevo aniversario – del día de la Bandera – y hoy día del Padre en nuestro País, no se debe olvidarse a uno de nuestro prócer supremo el General Belgrano, y ofrecerle un homenaje, no sólo porque la mera marcha ineludible del tiempo una vez más nos coloque ante el hecho de un nueva conmemoración, sino por lo que de ejemplar tiene la figura del ilustre general. Las banderas se han originado en el mundo por necesidades guerreras. Diferentes razas, distintos pueblos, huestes enfrentadas han precisado símbolos que convoquen e identifiquen a sus individuos. Una larga evolución, desde los animales sagrados pintados sobre paños con que se reconocían tribus del antiguo Egipto, las águilas persas, los colores de las doce tribus de Israel, las palomas asirias hasta el monograma de Cristo pintado por Constantino en los emblemas romanosUna necesidad militar fue también la que le mostró a Belgrano la necesidad de enarbolar bandera propia, que muestre cuáles somos nosotros, de qué lado estamos, cuál es nuestro bando. Pero las banderas en todo el mundo -superando su primitiva función militar- han pasado a representar a las naciones. Todo un pueblo, todo un conjunto de individuos que aceptan una tarea a realizar en común y que aspiran a un común destino, que eso es una nación, se simboliza, se representa por medio de su bandera. Belgrano enarboló bandera y tenía derecho a hacerlo: Aspirábamos a ser nación y estábamos demostrando tener méritos para ese honor. Ahora los argentinos, en pandemia, muchas veces desunidos, desalentados, parecemos no ser un pueblo capaz de organizarnos adecuadamente. Si a través de muchos años seguimos sin solucionar problemas cruciales, no estaremos mostrando la nación que merecemos y la de enarbolar con orgullo y en unión nuestra bandera nacional. Las naciones tienen siempre un desafío por delante, la obligación de superar las dificultades que se presenten. Atendamos los reclamos que desde hace tiempo se plantean, les demos las mejores soluciones posibles y, entonces sí, nos sentiremos merecedores de celebrar a la bandera que nos identifica como nación. La bandera, en sí  misma, es una invitación a recordar el pasado, un pasado común, un pasado conjunto, un pasado de nosotros y de nuestros abuelos, que es el pasado de la patria, un pasado con hechos luminosos como fueron las gestas militares y cívicas de nuestros próceres, y también un pasado de dolores, con enfrentamientos entre hermanos, con luchas acerbas, con incomprensiones, con derrotas. Los dolores, los errores, los desaciertos, los desencuentros, las derrotas, no deben olvidarse nunca, para que nos sirvan de lección que nos enseñe a acertar con el buen camino uniéndonos en la acción común. Triste sería que la patria se viera obligada a repetir siempre las mismas experiencias porque nosotros nos negáramos a asimilar las enseñanzas del pasado. Y al evaluar el pasado, entender que la bandera que nos cobija reúne en sí las mejores tradiciones, que nos empuja a procurar el bien de la patria. ¡Pobre sociedad si sus representantes analizaran los problemas cotidianos sólo con el mezquino ánimo de las ganancias inmediatas, olvidando que somos la continuación de una empresa -una empresa que la bandera resume y simboliza- que tiene un destino a cumplir para alcanzar el bien de sus hijos! Es verdad, los tiempos han variado y de manera considerable; ya no basta con enclavar un facón en la punta de una tacuara, montar a caballo y largarse al combate implorando el amparo de la Virgen. Las circunstancias cambian con los tiempos, y por lo tanto cambian las armas a esgrimir. Pero hay algo que subsiste: el egoísmo de gobiernos insensibles a las necesidades del interior que ven a Tucumán, que ven junto con Tucumán a todo el norte argentino, como una posesión propia cuyo destino puede traficarse en una negociación. Por eso la conducta de Belgrano sigue siendo un ejemplo que  nuestra Provincia necesita. Las armas que él usara al alzarse contra un gobierno de egoísta centralismo ya no son aplicables; pero su criterio de defender con energía al Norte e interior Argentino, a pesar de las órdenes recibidas, sigue siendo una lección a mantener y a perpetuar. Aquel 24 de septiembre en el campo de las carreras, no lucharon sólo los tucumanos; también soldados  y hombres venidos de las demás provincias que ofrendaban sus vidas, solidarios con nosotros. Hoy una gran parte de los Tucumanos y del interior esperamos que desde el Ejecutivo Nacional y desde mismo Congreso de la Nación, la más alta tribuna para la expresión de las voluntades autónomas de todas las provincias, sean solidarios en la defensa de nuestras industrias, del campo, de la libertad de expresión y de nuestra identidad como hombre y mujer, más allá del derecho positivo por derecho Natural. Queremos que no se avasalle el derecho de propiedad con intervenciones transitorias y expropiaciones encubiertas. Ahora como entonces aún podremos contar con el auxilio bienhechor de nuestra SEÑORA DE LA MERCED, si lo solicitamos con fervor, en especial en tiempos de enorme aflicción por esta pandemia que nos aflige y envuelve al planeta todo. EN EL DÍA DEL PADRE me congratulo una vez más con quien fue el Padre de la Decencia, Honestidad y Valor.  

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