La crisis de los refugiados en Europa: crónica de una muerte anunciada  Camino Mortera-Martínez, Simon Tilford, Ian Bond

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Refugiados en las calles de Atenas, Grecia, septiembre de 2015. Louisa Gouliamaki/AFP/Getty Images

Refugiados en las calles de Atenas, Grecia, septiembre de 2015. Louisa Gouliamaki/AFP/Getty Images

Las fuerzas que empujan a los refugiados hacia la UE no van a desaparecer en un futuro próximo. Europa necesita una estrategia global a largo plazo para mejorar las condiciones políticas y de seguridad en los países vecinos. Y al margen de todo lo demás, necesita tomar medidas urgentes para acoger e integrar a los refugiados que ya están en Europa. La Comisión Europea va por buen camino y los Estados miembros deben seguir sus pasos.

La reacción de los dirigentes europeos ante la dimensión y la urgencia de la crisis de los refugiados ha sido insuficiente. Unas verjas más sólidas no han impedido que los inmigrantes en Calais interrumpan periódicamente la circulación de los trenes al Reino Unido; ni que los que están en Serbia recorran a pie las vías del ferrocarril hasta llegar a Hungría. La gente sigue subiéndose a barcas endebles frente a las costas de Turquía y de Libia. El ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, ha sugerido la posible suspensión del tratado de Schengen para permitir a los Estados miembros de la UE el restablecimiento de controles fronterizos entre unos y otros, pero eso solo serviría para dejar todavía a más refugiados atrapados en los países de primera línea como Grecia.

David Cameron, el Primer Ministro británico, ha dicho que la solución consiste en estabilizar a los países de origen e “intentar garantizar la existencia de puestos de trabajo dignos y economías más fuertes allí”. Por supuesto. Pero nadie insinúa que ese objetivo sea alcanzable a corto plazo en Siria (origen, hoy, del mayor contingente de refugiados) ni Libia (un país de tránsito enfangado en una guerra civil e incapaz de impedir el tráfico ilegal de personas). Los refugiados seguirán dirigiéndose en masa a Europa mientras persistan los conflictos y el caos que les obligan a huir.

Europa está haciendo muy poco para tratar de estabilizar no solo Siria y Libia sino Eritrea y Afganistán, de los que también proceden importantes grupos de refugiados (aunque en Afganistán se ha derramado mucha sangre y mucho dinero en los últimos años). Los esfuerzos de la UE se han centrado en apoyar el moribundo proceso de paz encabezado por la ONU en Libia y en ayudar a los vecinos de Siria a acoger a los refugiados.

En Siria, ni la Unión ni sus Estados miembros han querido obligar a las partes en conflicto a interrumpir los combates ni han creado incentivos para animarles a hacerlo. Rusia ha reforzado su apoyo al presidente sirio Bachar el Asad, hasta el punto de enviar un cierto número de tropas. La organización terrorista del Estado Islámico, pese a haber sido blanco de ataques aéreos de Estados Unidos, varios países de la UE y varios Estados del Golfo, sigue controlando un amplio territorio y atrayendo a numerosos reclutas. Uno de los escasos atisbos de esperanza es que el acuerdo nuclear con Irán podría hacer que Teherán esté más dispuesto a colaborar en la búsqueda de una solución. Pero incluso en el caso improbable de un acuerdo de paz en Siria, es dudoso que los refugiados regresen pronto a su país.

La UE es un donante importante en Afganistán, sobre todo en la ayuda a la construcción de instituciones. Ahora bien, como la Unión no interviene ni en la mejora de la seguridad ni en tratar de lograr un acuerdo político entre Kabul y los talibanes, puede hacer poco para reducir el número de personas que huyen. Eritrea, un país pobre con una situación espantosa en materia de derechos humanos, va a seguir produciendo tanto refugiados como migrantes económicos. Su Gobierno no quiere cooperar y la UE tiene pocas bazas que utilizar. Y en Libia, donde no existe un verdadero gobierno, la Unión depende de los esfuerzos de la ONU para encontrar una solución política. Aunque Naciones Unidas lograse volver a estructurar el país,  tendría que pasar cierto tiempo para que hubiera un gobierno capaz de controlar unas fronteras porosas y acabar con el contrabando de personas.

Por consiguiente, la llegada de refugiados va a continuar. ¿Qué debe hacer la UE? Europa da mucho dinero a programas que intentan mantener a los refugiados cerca de sus países de origen (y ha dedicado más de 3.900 millones de euros a ayudar a los refugiados sirios en Jordania, Líbano y Turquía, en particular). Pero los que habitan en los campamentos sufren unas condiciones de vida muy desagradables y tienen escasas esperanzas de que acepten sus solicitudes de asilo. De modo que prefieren buscar una vida mejor en Europa. La UE necesita intensificar sus esfuerzos para mejorar las condiciones en los campamentos, ayudar a los refugiados en la región y permitirles reasentarse en otros lugares. Tal vez pueda convencer a otros países de Oriente Medio a acoger a refugiados sirios (la mayoría ha aceptado a muy pocos), pero muchos seguirán queriendo venir a Europa.

Ahora, la Comisión Europea propone un plan para distribuir a 160.000 refugiados que ya están en la Unión (en mayo propuso un sistema de cuotas para 40.000 refugiados). Este sería el primer paso hacia un sistema de reasentamiento más permanente y una profunda reforma de la normativa de Dublín, el sistema que rige la gestión de las solicitudes de asilo en Europa. Según esa normativa, los solicitantes deben pedir asilo en el primer Estado miembro de la UE al que lleguen.

Los países que más se opusieron a la propuesta inicial de cuotas presentada por la Comisión fueron España y los países de Visegrado (República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia). Reino Unido ha dejado claro que no va a participar, y no tiene obligación legal de hacerlo, puesto que tiene derecho a abstenerse de las medidas comunitarias relacionadas con Justicia y Asuntos de Interior (incluido el asilo). Sin embargo, aunque la Comisión pretende cuadruplicar el número de refugiados que quiere distribuir entre los Estados miembros, la opinión pública de varios Estados miembros ha ido inclinándose cada vez más a su favor durante la última semana. Algunos gobiernos están suavizando su oposición a las cuotas. Por su parte, David Cameron ha anunciado que Gran Bretaña acogerá a 20.000 refugiados de campos cercanos a Siria durante los cuatro próximos años, pero a ninguno de los que ya están en la UE. Dado que los planes de la Comisión cuentan con un firme respaldo de Alemania y Francia, es muy posible que cuenten con el apoyo suficiente entre los gobiernos para ser aprobados.

La UE tiene 500 millones de habitantes, por lo que no debería ser imposible hacer hueco a 160.000 refugiados. Pero los países que tienen un largo historial de integrar a inmigrantes y de tolerancia cultural y religiosa podrán absorber a esos refugiados con más eficacia que los que tienen menos experiencia en esta cuestión. Por eso, la Unión necesita que los Estados miembros más ricos y con mayor diversidad étnica y cultural hagan el mayor esfuerzo. Alemania ya está haciéndolo, pero Francia y Reino Unido también deben cumplir. Son países con numerosas poblaciones inmigrantes, procedentes de fuera de la UE, que además poseen la infraestructura social necesaria para integrar a un número considerable de refugiados.

Eso no quiere decir que otros países miembros, en especial los de Centroeuropa, deban rechazar a los refugiados. Ahora bien, a excepción de Polonia, son países pequeños que no pueden acoger a grandes grupos. En cualquier caso, las sociedades más ricas y más abiertas de la UE solo podrán tener la autoridad moral para tratar de convencer a los países centroeuropeos de que hagan más si ellos desempeñan el papel que les corresponde.

Además del reasentamiento y la integración, la UE debe tomar medidas para impedir que quienes buscan asilo viajen a Europa. Una política de puertas abiertas en este sentido sería irresponsable y animaría a la gente a arriesgar la vida poniéndose en manos de los traficantes. De ahí que los Estados miembros (y el Parlamento Europeo) deban acordar, en el plazo más breve posible, la elaboración de una lista común de países de origen que son seguros, para no conceder asilo a sus ciudadanos. La propuesta de la Comisión va a incluir la existencia de dicha lista, que tendría un efecto disuasorio y facilitaría los trámites de revisión de las solicitudes.

Además, un sistema de asilo eficaz debe garantizar que quienes no cumplan los requisitos para el asilo vuelvan de verdad a sus países de origen. Por eso la propuesta de la Comisión presta atención también a la necesidad de mejorar el deficiente sistema de retorno. La UE debe asegurar la aplicación de los acuerdos de readmisión firmados con los países vecinos y seguir negociando nuevos acuerdos con otros países involucrados. Asimismo, debe proporcionar más fondos y material tanto a los Estados miembros en primera línea como a los países de los que proceden y que atraviesan los refugiados. Estas medidas deben incluir ayuda al desarrollo para mejorar las condiciones de vida en los países de origen y expertos y tecnología para reforzar las fronteras más importantes.

Las personas que huyen de conflictos o de la persecución política deben contar con que sus solicitudes de asilo se atiendan en un periodo de tiempo razonable y con un trato justo y humano. La UE debe establecer centros de acogida seguros en países más próximos a los países de origen de los refugiados: de esa forma se reduciría la necesidad de levantar campos de refugiados improvisados en suelo europeo y habría menos incentivos para que los que huyen arriesguen sus vidas tratando de llegar a Europa. En Oriente Medio, el candidato más lógico sería Turquía: un puente entre Europa y Asia que ya acoge a 1,6 millones de refugiados, según el Alto Comisario de Naciones Unidas. Legalmente, la UE solo puede crear un centro en Turquía si Ankara acepta convertirse en miembro de pleno derecho de la Convención de Ginebra sobre los refugiados. En la actualidad, aunque Turquía es un país firmante, mantiene una excepción territorial que especifica que solo acepta refugiados de países europeos. A cambio de que Turquía aceptara establecer esos centros, la UE podría acelerar las negociaciones sobre la liberalización de los visados y ofrecer ayuda económica. En el norte de África, la UE debe estar lista -en cuanto exista un gobierno viable- para crear centros seguros de tramitación en Libia.

Además, la Unión Europea debe revisar el mandato de Frontex, la Agencia de Fronteras de la UE. En la actualidad, Frontex puede desplegar Equipos de Acción Rápida de Fronteras (RABIT por sus siglas en inglés) para ayudar a un Estado miembro que esté sufriendo una presión excepcional, como ocurre en estos momentos con Hungría y Reino Unido. Si la UE quiere evitar que Schengen se venga abajo, debe reforzar el control y la gestión de su frontera exterior, en vez de recurrir a acuerdos de cooperación ad hoc en casos de crisis. Una Guardia Europea de Fronteras permanente, con unas competencias y un presupuesto claros, aliviaría la carga de los Estados miembros que tienen dificultades para acoger a los refugiados y ayudaría a acabar con los traficantes de personas.

La respuesta de Europa a la crisis de los refugiados ha sido de una lentitud penosa, pero ahora la Comisión está ofreciendo unas directrices sensatas. Nada de lo que hagan las instituciones y los gobiernos de la UE a corto plazo va a detener la llegada de inmigrantes al continente. Los Estados miembros tendrán que concebir un sistema justo para tramitar las solicitudes de asilo y reasentar a los refugiados. A largo plazo, no obstante, una mayor iniciativa en política exterior y de desarrollo ayudará a que la gente tenga menos estímulos para viajar a Europa.

Puede leer la versión original en inglés aquí. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia