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LA CULPA Elías D. Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

“Los mortales se atreven ¡ay! siempre a culpar a los dioses porque dicen que todos sus males nosotros les damos, y son ellos que, con sus locuras se atraen infortunios que el Destino jamás decretó”  Homero – Odisea

La culpa es una sensación dolorosa y una condición del criterio y la conducta humana; porque es una falta más o menos grave cometida voluntariamente, la cual genera una conciencia de culpabilidad por la transgresión.

Esta transgresión hace al individuo culpable, porque está comprobado lo ilícito o incorrecto de la acción y de la conducta, y la responsabilidad que debe asumir por ser voluntaria y con plena capacidad mental y conciencia de lo cometido.

La culpa acarrea un juicio sobre la responsabilidad de un individuo, formulado por otro o por el grupo social.

En el culpable genera un sentimiento emotivo por que está dominado por la creencia que ha infringido  alguna norma social, algún principio ético o alguna prescripción legal.

En su comienzo la culpa significaba reconocimiento de haber obrado mal, responsabilidad por lo causado a los semejantes, y un dolor psíquico y existencial que cargaba en nuestra conciencia.

No sólo desde el punto de vista existencial y social, sino también jurídico y religioso, el hombre ha tenido esa carga de conciencia motivada por los actos voluntarios que generan culpa.

Desde el mea culpa hasta la confesión.

Es la actitud de muchos individuos y grupos sociales, que con el correr del tiempo asumen y dimensionan las consecuencias nefastas y trágicas de sus acciones, y que arrepintiéndose de ellas hacen una profundas reflexión sobre sí mismos.

Esta reflexión que es sanadora, produce también un efecto social y comunitario, que permite a veces cerrar heridas y comenzar una vida social mejor.

La confesión, tanto la jurídica, como la religiosa, significa asumir la responsabilidad de lo hecho, y libremente valorarlo como incorrecto e ilícito.

La vida de los pueblos, su status jurídico, contiene entre sus elementos el entramado de la culpa, su detección y su castigo.

Aunque la Nana Fain, personaje de una conocida comedia televisiva, decía que la culpa no existía, que era un invento de su pueblo (el pueblo judío).

En efecto en el mundo griego y en el latino, no existía ese concepto, las cosas eran correctas o incorrectas, lícitas o ilícitas, buenas o perniciosas.

La responsabilidad existía y se castigaba, pero la concepción era otra.

Pero el texto de Homero le da otro sentido a la culpa, y es uno que ha permanecido y se ha privilegiado entre nosotros.

No tenemos responsabilidad porque la culpa no es nuestra; nuestros actos, nuestros comportamientos son provocados por otros, los que sí son responsables y no nosotros.

Es  un argumento tan viejo como el mundo.

Leemos en el Génesis que el primer hombre Adán, interpelado por Dios, si había comido del fruto del árbol prohibido, le contesta “la mujer que tú me diste, me tentó”.

En el fondo es transferir la culpa y la responsabilidad.

Dios tu tienes la culpa, si no me hubieras dada esa mujer que me diste, no habría caído, no habría pecado.

Ergo soy inocente, no soy culpable.

Pensemos un poco en nuestro mundo actual, en nuestra situación hoy, con circunstancias adversas, con cambios en nuestros comportamientos y en nuestras acciones, algunos queridos, otros aceptados y otros impuestos.

¿Quién asume la culpa o la responsabilidad de la incorrección, de la ilicitud?

Acaso alguno se hace responsable de sus obras, de su conducta.

Porque no hay dudas y es innegable que la conducta y las acciones son propias, que fueron hechas por cada uno.

Pero como en el alegato de Adán, como en el de Homero, la culpa es de los dioses.

Me has puesto aquí, en estas condiciones y circunstancias, que no sabía ni preveía y ahora me juzgas.

Pero acaso no son tus actos, es tu conducta, son tus faltas y tus carencias.

No transfieras, humildemente reconoce tus errores y tu falta de capacidad, pide perdón y acepta tu responsabilidad y trata de reparar el daño causado.

Dice el poeta siempre que sembré rosales coseche rosas.

Y si sembraste vientos recogerás tempestades.

 

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