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LA DECISIÓN Elias D. Galati (Argentina)

Reflexiones

La decisión es una determinación, la resolución que se toma o se da a alguna cosa.

La decisión involucra firmeza de carácter y un compromiso existencial con la vida. Está relacionada con la elección, la vocación, el destino y la resolución.

Plantea metafísica y moralmente el problema de la libertad.

Dicen los psicólogos que es la elección que sigue a la deliberación consciente.

La decisión hace posible la conducta, por lo tanto  refuerza la voluntad, impidiendo las indecisiones.

La decisión se torna difícil cuando la situación o las personas son desarmónicas. La armonía personal y de la relación hace a una mejor y sensata decisión.

Es una responsabilidad que surge de la libertad, y del libre albedrío y hace a las relaciones sociales correctas.

La falta de seguridad y los estados depresivos anímicos hacen a las indecisiones en el comportamiento humano.

También la carencia de valores firmes, y poner el acento en cuestiones materiales, económicas, de conveniencia o de compromiso, hace que no puedan tomarse decisiones o que éstas no sean las correctas.

El término corresponde a lo que Aristóteles denominaba elección, el momento final de la deliberación en el cual se determina el compromiso, hacia una de las alternativas.

Para él era “una apetencia deliberada que concierne a las cosas que dependen de nosotros”

Es el acto de superar las posibilidades del compromiso. Es un acto anticipatorio que se proyecta y que determina de alguna manera el futuro.

Para Haidegger la única decisión auténtica no es la decisión cotidiana sino la decisión hacia la posibilidad auténtica y propia de la existencia, es decir hacia la finalidad.

Debe contener un curso de acción claro,  un firme propósito de llevarlo a cabo, y la adhesión clara y coherente a una línea de conducta.

El mundo actual nos plantea un sinnúmero de decisiones, que debemos tomar a veces simultáneamente, y sin respiro, por lo que debemos estar preparados para responder casi sin resuello.

Las decisiones se complican, con la conformación social, con el poder y la autoridad, con las determinaciones que toman otros y que nos comprometen a nosotros por formar parte de un grupo, o por el juego de los sistemas políticos, donde las mayorías determinan ciertas normas de conducta.

Hay que tener valores muy firmes, convicciones profundas y un ánimo íntegro para no caer en situaciones que nos obliguen a hacer lo que no sentimos ni queremos o a decidir sobre un futuro que no deseamos para nosotros ni para nuestros hijos.

Porque por encima de las situaciones, de las relaciones personales, nacionales e internacionales, está la vida, la dignidad, la integridad y el ser del hombre.

Nuestras decisiones determinarán como será el futuro de nuestra existencia y de la que nos siguen.

El mundo se está convirtiendo en un lugar horrible, la violencia y la corrupción, la inequidad y la miseria campean en el universo.

Estamos perdiendo la alegría de vivir, la gracia de criar y compartir el tiempo con nuestros familiares y amigos, la dignidad de habitar un lugar confortable, de alimentar  a los nuestros, de tener un trabajo corriente y estable y de soñar con un mundo mejor y la felicidad universal.

Ésta es también una decisión nuestra.

Depende de nosotros, de lo que pensemos, sintamos y pongamos en acción, con nuestro esfuerzo y nuestra voluntad, que se recupere la alegría de vivir, la gracia de compartir y la dignidad.

Es nuestra decisión. No permitamos por ningún motivo, que el mundo, las condiciones sociales, económicas, políticas nos impidan soñar, y planificar un mundo mejor.

Un mundo de paz y armonía, donde los hombres se sientan como hermanos y vivan felizmente en dicha hermandad.

En nosotros está conseguirlo.

Es nuestra decisión y debemos aferrarnos a ella con todos nuestro corazón.

 

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