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LA ECONOMÍA Y LOS PROFETAS DEL DESASTRE

Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD ; Director de la ONG Olof Palme-Chile

 

Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D. – Director de la Corporación Olof Palme-Chile

Al parecer hay grupos de econometristas que buscan asustar al mundo con funestas predicciones sobre la economía ¡Cuidado con ellos!

La economía es una ciencia social y, por tanto, no es una ciencia exacta. Dicen por ahí que es lo que más se acerca a la brujería. Con la economía no es posible averiguar con precisión cuándo ocurrirá un determinado fenómeno, como, por ejemplo, una crisis; pero, es posible, por experiencia y  relaciones político-económicas saber en qué condiciones es más probable que suceda. Por ejemplo, la Venezuela de Nicolás Maduro es un ejemplo: años de intervenciones gubernamentales (no decimos estatales pues muchos dudan si Venezuela realmente tiene Estado. En Venezuela se ha cerrado el año con más de 9000% de inflación;  Otro ejemplo son Argelia y Botsuana, en África, Cuba  Nicaragua en Latinoamérica. Otro gran problema es el desempleo el cual supera el 8% en la región. (Ver infografía).

Para estudiar esas condiciones se usan diferentes y múltiples indicadores, ninguno válido por sí mismo y todos precarios. Son usados como señales de alarma, confunden a los gobiernos y a los pueblos que caen en las trampas pseudo científicas.

Los economistas, que en realidad, en la actualidad, digamos desde los mismos años 80 no son otra cosa que econometristas, pues estudian muy poco las relaciones sociales y trabajan solo con cuadros estadísticos y matrices hechas en el escritorio, tratan de asustar a los ignaros con una nueva teoría económica a la cual llaman el “cisne verde” que alarma a los economistas y en especial burócratas de la economía y por qué podría desencadenar la próxima crisis financiera en el mundo.

Los costos financieros de eventos catastróficos provocados por el cambio climático, como los incendios en Australia, Brasil, Chile, etcétera, pueden tener un efecto en cascada, los grandes terremotos en diversas partes del mundo. El efecto cascada para los empresarios, es una mejora competitiva que permite al empresario contratar a más personas a partir del incremento en las ventas, además de generar un círculo de optimismo a su alrededor y obtener ganancias ilícitas de otras empresas asociadas. Pero, en realidad, no es otra cosa que pasar activos de una empresa a otra, perteneciente al mismo consorcio evitando pagar más impuestos. Este efecto cascada fue el culpable de emborrachar a Wall Street con dinero a raudales y que parecía inagotable, pocos advirtieron en ese entonces que se venía una brutal crisis financiera cuyos efectos dejarían huellas profundas en el resto del mundo.

Chile, fue uno de los países más afectados por el llamado efecto cascada en las empresas, especialmente en las AFP (Fondos de Pensiones) los cuales valiéndose  de otras personas  realizaron operaciones de compra y reventa de acciones de las sociedades “amigas” con los que obtuvieron beneficios a costa de los intereses de dichas empresas.

Después de esa  Gran Crisis de 2008, la urgencia por tratar de anticiparse a la aparición de este tipo de eventos creció tanto como el temor a que vuelvan a repetirse. Fue así que los economistas comenzaron a utilizar el concepto de “cisne negro” para referirse a los eventos raros que tienen un fuerte impacto negativo o catastrófico en la economía.

El Bank For International Settlements (BIS), conocido como “el banco de los bancos centrales”, con sede en Basel, Suiza, publicó el libro “El Cisne Verde”, una investigación hecha por Patrick Bolton, Morgan Despres, Luiz Pereira da Silva, Frédéric Samama y Romain Svartzma. Tomando la figura del cisne negro, los autores crearon la metáfora de un cisne verde para referirse a una crisis financiera provocada por el cambio climático. “Los cisnes verdes son eventos con un potencial extremadamente perturbador desde el punto de vista financiero”, informó Luiz Pereira da Silva, coautor del estudio.

Para este estudio existen costos asociados a recortes en la producción, alzas repentinas de precios o destrucción física de centros productivos que pueden tener un impacto directo tanto en el crecimiento económico de un país, como en la salud financiera de empresas e instituciones financieras. Pero, nos preguntamos, ¿cómo prueban esto? Por ejemplo, el fenómeno del Coronavirus aparecido en China, está afectando las exportaciones de frutas, salmones y cobre de Chile hacia China, podemos decir que esto sería de acuerdo a los autores citados anteriormente aquí hay un “cisne verde”. Pero, lo que olvidan estos autores es que países como Chile, y muchos otros, tienen Tratados de Libre Comercio(TLC), que les permiten diversificar sus exportaciones e importaciones, lo cual significa que, realmente, no son tan afectados por estas crisis.

“Si hay un efecto cascada en la economía, otros (sectores) también sufrirán pérdidas. Todo esto podría terminar en una crisis financiera”, dice Pereira da Silva. Lo cual es muy manejable; pues, al parecer, Da Silva o trata de asustar a los inversionistas y gobiernos o lisa y llanamente no cree en el manejo económico individual de las naciones. Las crisis económicas se generan por otras razones, por ejemplo por la exacerbada intervención político-estatal como la de los gobiernos cubanos, venezolano, nicaragüense, y otros, que tratan de controlar sus economías por decreto olvidándose  que existe una libertad de mercado o mano invisible (como decía Adam Smith), que controla los mercados. En definitiva, lo único que es bueno para las economías son las acciones democráticas de sus políticos.

Todo lo que hemos planteado en los parágrafos anteriores no significa que no existan fenómenos cascadas en las economías pues el problema en el sistema es que los especuladores abundan y cada día quieren obtener más dinero fácilmente. Por eso en EE.UU se comenzó a aplicar la llamada Regla Volker que obliga a los especialistas en toma de riesgos a seguir las precauciones necesarias para amortiguar una potencial caída. Esta llama la atención de los bancos y/o organismos prestatarios gubernamentales a limitar los fondos de cobertura a firmas de capital privado o agencias públicas que actúan libremente en el mercado.

Respecto a esta Regla Vocker le dijo a BBC News Mundo Dennis Kelleher, presidente y director ejecutivo de la organización independiente Better Markets, con sede en Washington. “Cualquier debilitamiento de la regla resultará en que los bancos nuevamente empujarán los límites, jugarán en el sistema y aumentarán sus operaciones peligrosas”, Y, en este caso, si produce un efecto cascada, el pánico contagia a otros inversores que terminan tirando activos a la basura y los directivos o terminan presos como en EE.UU. o huyen con parte de los capitales como ocurre en Latinoamérica, Asia, y África, lo cual obviamente, por un tiempo, distorsionará las economías.

Los bancos centrales deberían tener estos riesgos en la mira de y los reguladores del sistema financiero para tratar de encontrar alguna forma de anticipar o prepararse ante la llegada de un “cisne verde”, en el cual no creemos pues con las regulaciones existentes en las economías es imposible que suceda. En definitiva el llamado “cisne verde” tiene que ver casi exclusivamente con los cambios climáticos que pueden hacer cambiar la economía.

Verdaderamente en los círculos financieros aún no hay una respuesta a los cambios producidos por el clima. Los autores del libro advierten que “los modelos predictivos del pasado no están diseñados para responder a estas amenazas climáticas. Pero, en realidad, ¿creen ellos que su modelo lo está?

Por eso urgen a los expertos para que desarrollen nuevas fórmulas que permitan enfrentar los riesgos asociados a eventos climáticos extremos. Un evento climático catastrófico puede provocar un “efecto cascada” en el sistema financiero; pero, ¿cuán preparadas están las economías para evitar los efectos cascadas cuando en realidad  quienes las crean lo hacen para hacerse más ricos y, al parecer, no les importan los cambios

Pero más allá de eso, los autores Patrick Bolton, Morgan Despres, Luiz Pereira da Silva, Frédéric Samama y Romain Svartzma advierten que si se produce una crisis financiera como ocurrió en 2008, los bancos centrales ya no tendrían cómo “salvar al mundo”. ¿Por qué salvar al mundo cuando en realidad los cambios y conflictos económicos se presentan localmente y los gobiernos actúan de acuerdo a sus necesidades?  Según ellos, en esa oportunidad, los bancos centrales jugaron un rol vital para contener una catástrofe económica bajando las tasas de interés a niveles históricamente mínimos, y sin embargo las economías que se fueron a pique lo hicieron no por un efecto cascada sino por malas decisiones ejecutivas y problemas de gobernanza.

Pero más de una década después, las tasas aún están bajas, lo que no les deja poco espacio de maniobra para estimular las economías y empujar el crecimiento económico. Aunque no nos guste Trump debemos aceptar que en algunas cosas tiene la razón; por ejemplo en su ataque en  contra los “profetas de la fatalidad” o “profetas del desastre” como prefiero llamarlos. Desde que Trump asumió el manejo económico norteamericano la Tasa de Inflación bajó a 2,5% anual, el desempleo bajó a 3,6% y la Confianza del Consumidor subió a 98,8%. Trump, sin embargo es un ser porfiado y se niega a reconocer los cambios climáticos los cuales han revolucionado continentes con nevazones en donde nunca las hubo, anegaciones, tornados, ciclones, terremotos, etcétera.

Otro ejemplo contrario a lo planteado por los “profetas del desastre” son Chile en Latinoamérica y Marruecos en África. Marruecos bajó considerablemente el desempleo y este llegó en 2019 a 9,7% lo cual es bastante exitoso y la inflación no alcanzó a superar el 1,7% lo cual es otro éxito. Chile, país que ha estado convulsionado por casi 4 meses de protestas y cierre de algunas empresas ha mantenido una baja inflación que no supera el 3% anual, acumulado, y un desempleo que no llega al 7%, lo cual desmitifica a los autores del libro “El Cisne Verde”. En él se plantea  “Estamos al borde de un cambio fundamental del sistema financiero”, lo cual es cierto pues los habitantes de los países piden cada día más dignidad a través de nuevas y mejores leyes sociales.

Al parecer existen econometristas que tratan de crear alarma mundial sobre presuntos cambios económicos incontrolables, olvidándose de que la economía es una ciencia social que obviamente no es exacta. La economía se maneja con democracia, sentido común, y muchas ecuaciones menos que nada indican, pues el ser humano no es un ente de ideas fijas. Teóricamente, la economía es el arte  de la elección racional, tenemos que ella va de la mano con la filosofía política dedicada a la justicia redistributiva. Sin redistribución no hay logros; así de simple…

e-mail: conchamh@gmail.com

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