Cuando me preguntan qué significa ser un hispanista marroquí en el siglo XXI, mi respuesta nunca suele ser inmediata, porque no se trata únicamente de una profesión o de una vocación académica. Es una forma de habitar dos espacios culturales que todavía necesitan descubrirse con mayor profundidad.
Mi amor por la lengua española nació como nacen todas las pasiones: desde la curiosidad y el respeto. Con el tiempo comprendí que leer a los autores españoles e hispanoamericanos no significaba abandonar mi identidad, sino enriquecerla. Descubrí que la lengua
En España se conocen algunos nombres importantes de la literatura marroquí escrita en español, pero se sigue ignorando a numerosos escritores que, desde Marruecos, escriben con enorme calidad en español. Este desconocimiento no tiene que ver con una falta de talento, simplemente se necesita más visibilidad y apoyo para darse a conocer.
Nosotros cuando escribimos en español no lo hacemos para buscar nuestro minuto de gloria, lo hacemos porque respiramos la escritura y nos apasiona darle forma a nuestras preocupaciones en español. No tratamos de competir con los escritores españoles, ese nunca ha sido nuestro objetivo. No es cuestión de decir quien lo hace mejor o peor, pero si se debería valorar la pasión y el esfuerzo que le ponemos a las pequeñas grandes cosas en un idioma que no es el nuestro, pero que lo consideramos como parte esencial de nuestro día a día y al cual recurrimos para interpretar el mundo con sus constantes transformaciones.
Todo lo relatado anteriormente me ha llevado a una convicción que se ha consolidado con los años: el diálogo literario entre España y Marruecos no puede depender únicamente de las instituciones. Debe surgir también del compromiso de los propios escritores, investigadores, traductores y editores. La literatura posee una capacidad extraordinaria para derribar prejuicios. Allí donde el desconocimiento levanta barreras, la palabra crea puentes y explora nuevos horizontes.
Como hispanista marroquí estoy convencido de que nuestro papel debe seguir evolucionando al ritmo de los nuevos desafíos culturales. Durante décadas, el hispanismo marroquí ha desempeñado una labor esencial en el estudio y la difusión de la literatura española, una tarea que continúa siendo indispensable. Sin embargo, considero que ha llegado el momento de ampliar ese horizonte. No se trata únicamente de acercarnos a la literatura española como lectores o investigadores, sino de participar activamente en un diálogo intelectual más equilibrado, en el que el intercambio de ideas y experiencias fluya en ambas direcciones.
España debe ver que el hispanismo marroquí no constituye únicamente un ámbito académico, sino una importante comunidad de escritores, investigadores y traductores que contribuyen diariamente al desarrollo de la lengua española fuera de sus fronteras.
Lo que a veces la política no puede alcanzar por algún motivo u otro, la palabra y la creatividad en este contexto hacen milagros acercando posturas y creando puentes donde la comprensión y el entendimiento son la principal seña de identidad.

