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LA GUERRA, Elias D. Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos

No deberíamos escribir, ni hablar de la guerra, es una rémora de la mutación de la conducta humana.

La  paz es la condición natural de la existencia humana, y no hay vida digna posible sin la paz.

Lamentablemente la historia muestra que la contienda, el enfrentamiento y la violencia, se producen continuamente en las sociedades, como en los grupos.

¿Qué lleva al  hombre a pelear?

La condición humana exige un mínimo de autoestima para poder sobrellevar la existencia, a ello se suma el instinto de superación, y el auto abastecimiento; cuando algunos de estos elementos  falta, se produce una situación interior que lleva al hombre a trastocar sus valores.

Si a ello sumamos el orgullo, la soberbia y la vanidad, como el ansia de poder, de fama y de riqueza que obnubila el corazón del hombre, contamos con los elementos necesarios para la contienda.

Mas la contienda bélica es el último eslabón de una cadena que comienza con la intolerancia personal, el desprecio y la discriminación, que se traslada luego a ciertos grupos.

Son actos de violencia, que comienzan en el corazón del hombre, y son consentidos y aceptados, y luego se convierten en situaciones normales a través de la generación y repetición constante de los mismos.

La violencia se instala en la persona, aún consigo mismo, en los grupos, en las calles, en los barrios, y ciudades.

No es por lo tanto imposible pensar que no se traslade a un nivel mayor, y afecte a las naciones.

El hombre común desea un lugar donde vivir, un trabajo para subsistir, una mesa para comer y alimentar a los suyos, y poder educar y darle una vida digna a sus hijos.

Ese es el deseo común de todo hombre digno y sensato.

En lo íntimo de cada uno, todos sabemos que es lo correcto, que debemos hacer, que debemos evitar y como debemos  comportarnos.

Asimismo somos conscientes de nuestros errores y  nuestras faltas, es nuestra responsabilidad, porque hemos elegido entre lo correcto y lo incorrecto, lo que está bien y lo que no lo está.

Ninguna guerra lleva a la paz, porque la guerra es sometimiento, y no puede haber paz sometida.

¿Qué hay hombre en tu corazón? ¿Qué deseos conmueven tu alma?

¿Te sientes superior, inmortal, poderoso e invencible? Acaso no has visto la historia, o crees que tu saltarás el muro, y tendrás otro destino.

Dice el ritual del Miércoles de Ceniza: Recuerda hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás.

Toda tu gloria, todo tu honor y fama es efímera, sólo quedará aquello que hayas hecho por el otro, los gestos de bondad, los actos de abnegación, las conductas adecuadas y equilibradas.

¿Cuál es tu rol? ¿Cómo cumples con tu deber?

Si tienes poder y autoridad, tu rol es conducir a tu pueblo.

Crees acaso que tu pueblo quiere que lo conduzcas a la lucha, al dolor, a la muerte, a la miseria.

Sostienes que quieres el desarrollo y la felicidad de la gente, y crees acaso que combatiendo y matando supuestos enemigos, el mundo será mejor y mas feliz.

Que locura te ha invadido que no eres capaz de discernir lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo nocivo, y que eres capaz de llevar a tu pueblo, junto con otros pueblos a los que consideras enemigos a una guerra perversa, maligna e indigna.

Te sientes bien acaso, se ha extasiado tu ego, te vanaglorias por ello; que pequeña ha quedado tu estatura, que pequeño has quedado en la consideración de quien eres de verdad.

Tu cometido es hacer feliz a tu pueblo, hacerlo mejor y perfeccionarlo, y no hay otro modo de lograrlo que con una vida en paz, con el respeto del otro, con la consideración de quienes no piensan como nosotros, con la no discriminación, y evitando toda violencia y destrucción.

Mírate un momento al espejo, y contempla quien eres, así sabrás que clase de hombre eres.

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