La historia de la mujer ha sido controvertida, quizás porque durante milenios fue escrita y propalada por varones.
Como también ha sido controvertido el equilibrio y la supremacía de los géneros sexuales de la estirpe humana.
Es indiscutible que la mayor discriminación que haya existido en la historia es la de la mujer, fenómeno que parece haber cambiado, aunque todavía en muchos lugares y circunstancias sigue existiendo con crudeza.
La falta de capacidad para ciertas acciones, las tareas laborales que no le compiten, los femicidios, agresiones, las prohibiciones todavía existen.
El mito de la supremacía del varón, se impuso desde tiempo inmemorial y se han cantado loas, odas, leyendas y epopeyas.
A pesar que la realidad existencial, psicológica y biológica dicen otra cosa.
El ser humano se forma con la fecundación de un óvulo por un espermatozoide, lo que hace que cada ser que nace porte el 50 % de genes de su padre y el 50 % de genes de su madre; pero somos mamíferos y la fecundación forma una cigota un pequeño punto a partir del cual se engendrará el nuevo ser, en el seno de su madre, y con los nutrientes, la forma y el estilo, la vida, las penurias, las carencias, los dolores y las alegrías de la mujer que lo porta exclusivamente, proceso en el cual el varón no tiene nada que hacer.
Es decir, ese ser estará constituido a la manera de su madre.
El símbolo de la raza es un bebe en brazos de su madre.
Después en el hogar, la madre biológica o por adopción que toma por si, ese ser puro inocente, y lo cria, lo educa, le da todo de sí, se da a sí misma en la crianza hasta su propia vida.
Es la mujer de toda condición, de toda edad que en la vida de relación enlaza la existencia con la bondad, con el amor, con la entrega de esa sabiduría ancestral que la caracteriza, para suavizar el dolor, dar sentido a la vida, a la condición humana haciendo el devenir de la existencia alegre y feliz.
No es posible el mundo sin la mujer.
Todos los hombres, varones y mujeres, buscamos al final del día, al final de una etapa, al final de nuestra vida, una mujer, porque sabemos que nos escuchará, nos consolará, nos guiará, nos mostrará nuestro destino.
La historia de la mujer es la historia de la humanidad.
El varón siempre descargó en ella las culpas, las responsabilidades, los fracasos, atribuyéndose los aciertos, desde el primer instante de la Creación, cuando Adán le contesta a Dios, comí porque la mujer que Tú me diste me tentó.
Estigma difícil de conjugar, porque inconscientemente algunos piensan que son culpables de todo lo que sucede.
En el fondo también es un reconocimiento que todo pasa por ellas.
La historia de la mujer, es la historia de la humanidad, de como ella es considerada, vituperada o ensalzada, será la condición de la sociedad, de todos los hombres, de las relaciones entre ellos.
Observa que se piensa y dice de la mujer, y sabrás ante que sociedad estás, a que valores responde la misma.
El amor, la bondad, la misericordia, la armonía, la paz, son guardados en el corazón de la mujer y distribuidos en la comunidad como dones celestiales, para una vida feliz en un mundo mejor.
La mujer fue y es, discriminada, violentada, injuriada, acusada y condenada.
Todavía hoy en el mundo no hay mayor discriminación que contra la mujer, todavía hoy no hay mayor violencia, ni mayor perversión que contra ellas.
Reeditamos el mito de Neptuno, aquel que se comía a sus mejores hijos.
Alguna vez aprenderemos la lección.
Alguna vez pondremos en acto, obraremos como decimos que nos han enseñado nuestras madres.
Benditas sean las mujeres.
Que Dios permita que su coraje, su amor, su valentía, siga mostrando un camino a seguir, que ilumine el sendero de la humanidad, que marque la condición que debemos seguir, que nos conduzca a un mundo de paz, de armonía, de amor, de belleza, de felicidad.

