Se define indiferencia como el estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia por un objeto o negocio determinado.
El indiferente es aquel que no le importa que sea o se haga de una u otra forma.
Dicen los psicólogos que es la neutralidad entre dos características opuestas como placer y dolor, o lo bueno y lo perverso.
Es el desinterés por algo, teniendo especial connotación la indiferencia moral.
Los cínicos y los estoicos denominaron adiáfora o sea indiferentes a todas las cosas que no contribuyen a la virtud ni a la maldad y Kant usó el término para designar a las cosas que no son ni buenas ni malas, es decir moralmente indiferentes.
Pero la cuestión radica con la indiferencia del hombre, en especial frente a los hechos, las circunstancias y las acciones que son moralmente perversas, trágicas y desvastadoras.
Cada vez que se produce el aniversario de un hecho trágico, perverso ocurrido en la historia de la humanidad, se genera un recuerdo, en el cual sostenemos los valores esenciales, señalamos la virtud y la perversión y sostenemos que deben dejar de producirse en el futuro.
Pero el tiempo pasa, la intención se olvida y los hechos aciagos siguen ocurriendo, cada vez en mayor cantidad y con mayor crueldad y crudeza.
Es cierto que la vida moderna está condicionando al hombre a vivir rápidamente, con muchas condiciones que en otras sociedades no existían y con contenidos mucho más amplios, mucho más exigentes,
Es cierto también que hubo un quiebre en la educación, en relación a la elección y las preferencias, como así también a la jerarquía de valores, en relación a las circunstancias de la vida.
Pareciera que hemos vuelto a los estoicos, consideramos cada vez más circunstancias adiáforas, hechos indiferentes, con la especial connotación que incluimos en ellos, muchos que deberían ser considerados virtuosos o perversos.
Muchas veces consideramos un acto de generosidad como una tontería, como también consideramos un acto dañino o perverso como una distracción o un error circunstancial.
La situación se complica con la forma en que consideramos las relaciones sociales.
Miremos hacia nuestro interior, y con total veracidad consideremos cuales son nuestras relaciones sociales, cuales son las que preferimos y cuales son las indiferentes.
Es posible que la mayoría sean indiferente, ya que casi nada o muy poco conocemos de nuestros hermanos que comparten con nosotros la vida, menos aún de sus problemas, de sus actitudes y de sus proyectos de vida.
Además de aquellos que conocemos, nos relacionamos en una cuestión competitiva, no de colaboración, sino de lucha o preferencia, por tratar de superarlos y ponernos en un lugar mejor que ellos.
No significa que sea inválido querer progresar y ser mejores, sólo cuestionar si mantenemos el equilibrio, si somos honestos, si en realidad exigimos lo que nos corresponde y si respetamos el derecho de los otros a tener las mismas condiciones, las mismas perspectivas y tratar de superarnos.
¿Soy indiferente a la tragedia humana?
Como reacciono frente al dolor, la violencia, la guerra, la pobreza, la injusticia, la degradación de los demás.
¿Qué hago por tratar de paliarlo o solucionarlo? ¿asumo el compromiso de ayudar, entendiendo que también me corresponde?
Dos cosas nos condicionan. Primero la falta de conocimiento; es no entender la situación que viven las minorías, las personas con discapacidad, los que tienen otra concepción de la vida distinta a la nuestra, los que deben salir de su hábitat, dejando todo por la supervivencia.
Después creer que no estoy involucrado, que es de otro lugar, de otra condición humana, de otra gente que nada tiene que ver conmigo, eximiéndome de tener que actuar o pensar en como ayudar a salir de la situación.
La indiferencia social es terrible, no conmoverse por la tragedia ajena daña el alma, porque nos cierra el corazón y nos aleja de nuestros congéneres necesitados, a los que no entendemos, y que tampoco entienden nuestra lejanía.
Debemos mirar nuestra condición humana y sentir de verdad que todos tenemos la misma condición, que somos iguales, que nadie está exento, que todos tenemos derecho a vivir dignamente y felices, siendo nuestra obligación lograr que se cumpla, que el mundo sea un remanso de paz, los hombre hermanos, solidarios, capaces de dar por los otros lo que en realidad les corresponde.
Sign Up For Daily Newsletter
Be keep up! Get the latest breaking news delivered straight to your inbox.
[mc4wp_form]
By signing up, you agree to our Terms of Use and acknowledge the data practices in our Privacy Policy. You may unsubscribe at any time.