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LA INDOLENCIA Elias D. Galati (La Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

La indolencia es la actitud de quien no se afecta o conmueve. Se usa para designar a una persona insensible.

Según la psicología es aquel que carece de deseo o interés, sin tendencia a la actividad o a la acción.

La expresión lingüística ofrece el carácter de la negación del dolor, es decir al que no le duele, pero el término no tiene características del dolor físico, sino más bien de la actitud humana hacia el dolor.

El que no le duele desde el punto de vista físico, puede ser que tenga más alto que lo común  el punto basal de inicio del dolor, o que sea persona con una actitud estoica, pero la indolencia tiene que ver con la actitud existencial del individuo en relación a sus semejantes.

El dolor forma parte de la vida, y está presente en todas las actividades del hombre.

Desde la admonición bíblica, “con dolor darás a luz”, forma parte de nuestra existencia y con él debemos convivir.

No solamente convivimos con nuestro dolor, sino con el dolor de nuestros semejantes, y la actitud que tenemos ante ese dolor, marca nuestra solidaridad o nuestra indiferencia.

La indolencia, es la actitud indiferente hacia el dolor de los semejantes; es un comportamiento que pretende olvidar la condición humana, diferenciarse de los demás, considerándolos indignos de nuestra consideración.

Ergia era la diosa griega de la indolencia y también de la pereza, hija de Eter y la Tierra, transformada en tortuga por permitir los elogios de Hefestos, era de rostro somnoliento, cubierta con una capa de telaraña y junto a ruecas rotas símbolo de su adversión al trabajo.

La indolencia social es un síntoma de nuestro tiempo; es la actitud de quienes no se sienten afectados ni conmovidos ante el dolor ajeno y son indiferentes ante el sufrimiento de una persona o una comunidad.

El indolente es inmune al dolor ajeno, no lo conmueve ni lo afecta.

Las causas de este fenómeno se han profundizado en el mundo post moderno, ya que las circunstancias sociales muchas veces empujan a los individuos hacia actitudes indolentes.

El paso de los años, la situación social que se consolida y parece fijarse y eternizarse, la falta de logros y de mejoras a sus aspiraciones, hacen que en muchas sociedades se instale el fatalismo y la desesperanza por no poder cambiar el trágico entorno, en el cual se mueven y existen, y han vivido desde que tienen conciencia.

Por otra parte, la escasa posibilidad que tiene el individuo sólo o los minúsculos grupos que  intentan modificar las condiciones sociales adversas, en medio de un crudo materialismo, de la falta de sensibilidad y de valores, sosteniendo un proceso donde el poder y la riqueza se acumulan y se aumentan en detrimento del grueso de la población, lleva a una obligada resignación y una aceptación forzada de la ruinosa realidad, que no se quiere, no se desea, no se convalida, pero que  es real y pareciera imposible de cambiar.

Asimismo se vive en sociedades donde la solidaridad casi no existe, o es patrimonio de pequeños grupos que se desgastan intentando lo imposible.

Porque el indolente se concentra en sí mismo y no siente remordimientos.

El delincuente es indolente y cruel con sus víctimas y los corruptos son insensibles al daño que ocasionan.

Otros son pasivos sociales, se concentran en si mismos, hacen su vida desentendiéndose de todo lo que lo rodea, en especial de los problemas y las vicisitudes de  sus hermanos.

La causa de esta indolencia hay que buscarla en individuos que por lo general han sido maltratados y humillados desde la infancia y en pueblos empobrecidos e ignorados por sus gobernantes, los que sólo se preocupan de generar dinero y poder para sí y para su grupo.

La indolencia es una tragedia social, fruto de la pereza, considerada madre de todos los vicios, en este mundo donde el esfuerzo, la concentración, el trabajo, el estudio, el deseo de progresar no es bien visto, y pareciera ser una afrenta para los que no se esfuerzan ni trabajan.

Sólo el amor, la misericordia, la solidaridad y la bondad, desde nuestro corazón hacia nuestros semejantes, curará la indolencia.

La riqueza en exceso, el poder absoluto, la autoridad sin límites, promueven la tragedia social, y la comprensión del hombre que es parte de la humanidad, y que camina junto con sus hermanos, que tienen sus mismos derechos y obligaciones hará que el mundo cambie y sea mejor.

La indolencia

Quizás el dolor que no has sufrido

una vida plena de felicidad

impide considerar a quien ha sido

perseguido por la contrariedad

Quizás lo que no ha acaecido

no te deja ver con claridad

que no estás al margen de lo sucedido

tienes tú también la responsabilidad

de construir un mundo bien vivido

para todos los hombres por igual

donde el pesar sea comprendido

con gestos y actos de bondad

que a ti te han correspondido

por ser parte de la humanidad

Elias D. Galati

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