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LA ISLAMOFOBIA, COMO INSTRUMENTO DE EXCLUSIÓN DEL DEMOS IDENTITARIO, EN EL CONTEXTO DEL ORDEN SECURITARIO *Adil Atabi

Anàlisis

 

 

La configuración y el resurgimiento de planteamientos que vinculan la Seguridad a la: Identidad Nacional, el control y monitorio de la población móvil, la lucha contra el terrorismo mal llamado de corte islámica o yihadista etc, ha llevado la sociedad actual hacia profundos cambios perceptivos. Sin duda estas transformaciones obedecen a una estrategia diseñada en primera instancia por estructuras/ actores políticos que han impulsado las políticas del miedo, para justificar su violencia discursiva que lamentablemente ha calado en parte de esta sociedad.  En el contexto de estas estrategias, presenciamos hoy prácticas de represión, discriminación y de estigma de acuerdo a criterios ideológicos, clasistas, xenófobos, islamófobos etc.

La movilidad humana se ha visto señalada como nueva amenaza, en el contexto de las nuevas políticas de securitización que se han instaurado después de los ataques del 11 de septiembre. De esta forma los flujos migratorios han pasado a ser tratados como actividad sospechosa que hay que controlar. Este enfoque securitario ha puesto bajo lupa a las personas migradas especialmente las de confesión musulmana o las que se perciben como tal, considerándolas una potencial amenaza que requiere ser controlada, monitorizada y limitada.

Sin duda en España al igual que en muchas partes del mundo, se ha instaurado la política del miedo en estas dos últimas décadas, hoy en día presenciamos el auge de un discurso y una narrativa temeraria que vincula de forma directa las personas racializadas, musulmanas o que aparentan serlo con las amenazas, utilizando el miedo, el terrorismo, los índices de criminalidad, la religión etc. Este mismo discurso es la perfecta justificación, que suele preparar la ciudadanía y la opinión pública para aceptar incluso a demandar más contundencia en las políticas securitarias públicas. El propósito es neutralizar a la potencial amenaza a la seguridad global, nacional, pero también vemos que puede ser identitaria, ya que engloba lo cultural y religioso entre otros componentes o dimensiones como ocurre en el fenómeno de la islamofobia.

La existencia de esta amenaza que a priori es política, repercute y produce una respuesta psicológica en la sociedad que se traduce en miedo crónico, pero sobre todo de rechazo, odio, prácticas de discriminación etc. En esta ecuación, el miedo crónico deja de ser una reacción específica a situaciones consideradas concretas y se transforma en un estado permanente que no solamente puede afectar a personas concretas, sino de cualquiera que pueda percibir que está amenazado. Estos antecedentes explicarían porque las narrativas islamófobas son generalmente aceptadas por la sociedad, y alentadas por sectores mediáticos afines a la extrema derecha, o al lobby que se sustenta de la industria securitaria. Ciertas consideraciones pasan a ser normalizadas sin parar a pensar o reflexionar acerca de su veracidad. A modo de ejemplo, es muy habitual escuchar comentarios en los medios, incluso en el mundo académico, que hacen alusión al islam extremista. ¿cuándo se puede considerar al islam como religión extremista, o los musulmanes como extremistas, es decir, una amenaza? Claro que existen parámetros que definen qué es una amenaza, pero hay que reconocer que son subjetivos y obedecen a percepciones en los que pueden influir múltiples factores entre los que destacan seguramente el discurso político y su brazo mediático, que le sirve de portavoz.

Por lo tanto, cuando se habla de amenaza, para justificar las prácticas discriminatorias, se suele servir de este tipo de terminología recurrente, que generaliza para asentar una percepción útil a la vez que peligrosa que segrega al: otro, extremista, diferente, extranjero etc. En definitiva, lo sitúa fuera del DEMOS IDENTITARIO, intentando extranjerizar el islam.

En realidad, esta dinámica generada en base a este desajuste o des-configuración del rol las estructuras y actores políticos, si, se puede considerar una amenaza real y no potencial, por la simple razón de que es la responsable de crear la sensación de inseguridad, por una parte, sembrando el miedo y el odio y por la otra parte, ocasionando la exclusión y la discriminación. Nos crea sociedades paralelas, con graves deficiencias en igualdad e inclusión, dinamita el sentimiento de pertenecía, principal activo para una sociedad segura, diversa y cohesionada.

*Adil Atabi

Investigador C. Políticas y Sociología UPV-EHU

Para consultar los últimos informes e investigaciones sobre Islamofobia de la Asociación Marroquí en España visitar: https://www.islamofobia.es.

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