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LA JUSTICIA DEL LIBRE MERCADO ¿Tecnócratas con conciencia social?  Por CRISTIAN GUZMAN ZUMARAN ABOGADO MAGISTER EN CIENCIAS POLÍTICAS Y SEGURIDAD

Tribuna infomarruecos.ma

Cristian Guzman Zumaran
Abogado
Derechos Humanos de la Infancia y la Familia
Delitos de Alta Complejidad

Razonando cuestiones de este tiempo y destino, se puede llegar a la conclusión de que la revolución del 18 de octubre en Chile acentuada con la crisis social por el corona virus, tienen más o menos las mismas causas que la revolución francesa, ambas se producen por las enormes brechas de desigualdad social asentadas por décadas de funcionamiento de un modelo económico que finalmente ha colapsado y se ha consolidado como fracasado, de la misma forma y por la misma causa estructural que ha fracasado el actual gobierno chileno, por su incapacidad absoluta de conectarse con las bases sociales, con el pueblo, con la gente, una carencia total de empatía con las necesidades materiales y espirituales de las personas

Los números, las estadísticas, las tablas y los gráficos nunca han sido suficientes, debieran ser en realidad solo una guía para encontrar el camino hacia el corazón de las personas. Los tecnócrata han demostrado una total incapacidad de comprender que los políticos no gobiernan « rebaños » o planillas Excel, que gobiernan personas, familias, comunidades y naciones.

Buscando, quizás en un intento de lograr encontrar ese « centro social » del que hablaba el otrora líder de la ultraderecha chilena Pablo Longueira, retóricamente, lo más parecido a lo que Tomasi, el académico y amigo personal de Piñera llama « la justicia del libre mercado », esa quimera académica literaria que intenta convencer al mundo de que el capitalismo salvaje tiene su lado sensible y que en realidad puede llegar no sólo a los bolsillos de la gente sino también a sus corazones sin devorar el alma y la conciencia de los seres humanos en el proceso.

En realidad lo que Tomasi ha creado es una nueva retórica para justificar ante los ojos de republicanos y derechistas lo imposible, construyendo un nuevo lenguaje, un tipo de estrategia comunicacional avanzada que obviamente los tecnócratas y políticos de derecha no han logrado asimilar ni menos comunicar.

Por alguna razón bio psicosocial que no analizaremos en este artículo, ellos son incapaces de articular una retórica eficiente o efectiva que pueda explicar las políticas públicas que implementan, aún cuando aquellas hayan demostrado muchas veces ser útiles o efectivas en el pasado.

Intentando una explicación visceral a esa falta de capacidad comunicacional se puede decir que no la han desarrollado porque nunca la han necesitado ya que en su grupo social, si necesitan que alguien haga algo, simplemente lo ordenan o lo imponen por la fuerza. La evolución es una cuestión de supervivencia y necesidades. La bestia no tiene alas, porque tiene colmillos y garras. La lección aprendida es que no importa si los políticos lo hacen bien o mal, lo realmente importante es cómo lo explican y cómo lo percibe la gente. La realidad objetiva es irrelevante.

Probablemente haya un problema endémico en algunos grupos sociales chilenos, el mismo tipo de fracaso se ha dado en otras organizaciones y agencias públicas chilenas, han sido igualmente incapaces de asimilar ciertos modelos operacionales de escuelas norteamericanas impidiendo con ello el desarrollo de áreas tan relevantes como la seguridad pública.

Piñera quiso seguir el ideal del liberalismo de « corazón sangrante », no es ningún secreto, sin embargo y aún cuando adoptó en la literalidad algunos de los modismos literarios de la escuela de Brown, en sus discursos ha sido incapaz de verter la retórica elemental de esa empatía que necesitan los números para ser transmitidos a la ciudadanía cada vez que hace un anuncio.

Nadie le entiende y si lo hacen, no le creen y lo que es peor, si le creen a nadie le importa, porque la percepción que tiene la gente en los barrios, en la calle, en las oficinas, en las casas siempre es totalmente opuesta a lo que pretende decir la vocería de gobierno o el mensaje presidencial. Simplemente en los comunicados no hay una sola palabra que pueda ser engarzada con lo que la gente está sintiendo que es su realidad cotidiana.

La percepción es todo y es la fase intuitiva del conocimiento objetivo. Ya no importa la verdad, importa lo que la gente cree y las creencias son una cuestión de fe, de ideología finalmente y el gran esfuerzo del capitalismo salvaje fue precisamente privar de las ideologías a los seres humanos y darle una sola cosa en que creer, que la meritocracia era el mecanismo a utilizar y que la felicidad estaba en el poseer, en el consumo ilimitado de bienes y servicios; y cuando el modelo tuvo que poner límites a su promesa, la fe en el sistema se vino abajo como un castillo de naipes.

Pero no se trata únicamente de estrategia comunicacional, el mensaje es solo una parte del problema, la otra mitad es la sensación de impunidad política frente a la desigualdad, ante la profunda inequidad de la distribución de la riqueza, la gente advierte que mientras más se esfuerza en lograr sus metas, estas más se alejan, 30 años pagando mes a mes la cuota de una vivienda, 5 años pagando la cuota de un auto que a los 2 o 3 está obsoleto, cada 6 meses renovando el Smartphone, etc.

Se promulgan leyes cada 6 meses que encarecen el costo de la vida, sueldos que no se adaptan a las alzas, aumento de las colegiaturas y el combustible, etc., y un techo insalvable en los ingresos que impide toda posibilidad de progreso y sin respaldo en caso de una catástrofe familiar. Un sistema de castas. La gente ya no cree su pertenencia a la clase media con un ingreso de U$650 dólares, unos $520.000 mensuales.

Nadie podría creer eso cuando el arriendo de una vivienda modesta representa la mitad de ese ingreso y los gastos básicos casi la otra mitad, lo que deja a esa persona sin dinero para comer. Pero aún así los políticos han insistido en la retórica de que una persona es de clase media si obtiene esa cantidad de dinero por su trabajo. Es ese absurdo, el que la gente percibe como uno más de los abusos de la clase política que por su parte recibe como dieta o sueldo U$12.500 dólares mensuales unos $10.000.000 de pesos cada mes. Una de las dietas más altas del mundo.

Entonces, donde está la sensibilidad que plantea Tomasi en su teoría de la justicia de mercado, ¿cuál es el punto de equilibrio entre el capitalismo salvaje y la justicia social? Cómo se puede explicar la brecha social entre el 5% más rico y el 95% de la población restante. La segregación es una de las explicaciones más razonables.

Desde los años ochentas en Chile se adoptó por alguna desquiciada asesoría externa la idea de segregar a las personas por sus ingresos o por su origen social, emulando el apartheid sudafricano. Se potenció la educación privada en desmedro de la pública y eso generó bolsones de población que rápidamente se fueron aislando unos de otros por la construcción de muros económicos – y en algunos casos muros de piedra – y dejando entre ellos corredores de transporte urbano para trasladar a la mano de obra de un extremo a otro de la ciudad. Igualmente, se segregó el acceso a la banca y todo tipo de bienes de consumo para ricos y pobres, hasta las marcas distinguen por nivel de ingreso y residencia.

Cada vez más separados por ingresos y acceso al retail. Aparecieron los pasillos millonarios en los supermercados y retail y luego las zonas prohibidas a las que solo se entra a vitrinear. Tomar un café en un Starbucks cuesta lo mismo que la comida de todo un día para una familia de « clase media » según la definición del gobierno.

Otro aspecto a considerar es la descripción que hace Burke de la composición del parlamento francés después de la revolución francesa es perfectamente aplicable a la clase política chilena, se podría decir que está llena de Tecnócratas y sujetos totalmente « aburguesados » y ajenos a la realidad de la gente que pretenden gobernar.

Por esa razón la prudencia de los gobernantes es esencial para mantener el orden social y es precisamente la falta de ella la que ha marcado el desempeño del gobierno durante ambas crisis desde el 2019. En el decir de Burke ha faltado templanza cuando se ha debido mantener la calma, carencia total de una virtud fundamental de cualquier gobernante.

Igualmente nefasta ha sido la notoria ausencia de conocimiento sobre los grupos humanos que se debe gobernar. La distancia social es tan enorme, que ni siquiera han optado por incorporar al gobierno gente idónea para iluminar a los Tecnócratas. Parafraseando a Pardow sostenemos que intentan gobernar a gente que no conocen y se enclaustran en guetos endogámicos.

Estos desprecian a todo aquel que no domine el tema en cuestión. Un gobierno muy de club de tenis o de yate en este caso. En un intento desesperado de última hora han creado « mesas de expertos » compuestas precisamente por “expertos” y no por gente común. Los antiguos dioses nórdicos tanto de la mitología como Odín o reyes, se paseaban anónimamente por las calles y tabernas de sus pueblos para empaparse de la opinión y de la vida cotidiana de los habitantes de sus naciones. Otros reyes o dioses simplemente vivían entre su pueblo como uno más, repartían sus riquezas, incluso procreaban, formaban familias y desempeñaban oficios como gente común. De esa forma conocían a su pueblo, eran amados y alabados por ellos.

Conocidas son las historias de O’Higgins, que vivía entre los mapuches, Portales que frecuentaba la chimba, Carrera que bailaba en fiestas con los peones, Juan Antonio Ríos con los pobladores de la zona norte de Santiago, Alessandri en la Piojera, y Allende que instaló el gobierno durante tres meses en carpas de campaña en la Araucanía, historias que eran públicas y que ya no se cuentan de los presidentes, por el contrario se cuentan historias de políticos que solo se reúnen y celebran entre políticos, diplomáticos y empresarios, en lugares secretos o apartados con gente seleccionada, elegida, perpetuando el aislamiento del resto de las personas.

Como hemos dicho la distancia de los gobernantes hacia su propio pueblo es el cáncer de la actual clase política y lo que está matando definitivamente el modelo económico es la falta de empatía por las reales necesidades de las personas.

Los tecnócratas le llaman simplismo a la forma de tomar medidas sin racionalizar lo suficiente las demandas ciudadanas, a la forma de conceder y distribuir con empatía algo de la riqueza entre los más vulnerables. Un “gran” académico de una prestigiosa universidad chilena y “mentor” de muchos en la derecha y centro derecha chilena llama a “no pensar con el corazón” y razonar las decisiones. Simplemente es una prueba más de que son incapaces de entender el problema.

Han demostrado ser incapaces de comprender o empatizar con las personas, es la prueba final de que no van a cambiar, no solo porque no puedan  entenderlo probablemente, sino porque hay una barrera ideológica que les impide ver y avanzar más allá del muro de los tecnicismos académicos y cuando eso pasa, ya no basta con esperar que den el pasó a un costado o que acepten la derrota intelectual o ideológica.

Ya no basta con el diálogo, porque el diálogo es inviable entre dos formas tan opuestas de comprender el mundo, ya se ha llegado a la confrontación de dos formas de ver y concebir el universo, dos formas absolutamente incompatibles y cuando se llega a ese punto, solo una de esas visiones puede sobrevivir y la otra necesariamente ha de perecer. No hay lugar en este mundo para los terraplanistas.

Pasó en todas las épocas de la evolución humana, neandertales contra homosapiens, judíos contra cananeítas, griegos contra romanos, romanos contra egipcios, romanos contra cristianos, vikingos contra bretones, europeos contra indo americanos, plebeyos contra nobles, aliados contra nazis, heliocentristas contra terraplanistas, capitalistas contra socialistas y ahora humanistas contra mercantilistas.

Siempre y sin excepción, en todas las épocas, solo sobrevivió uno de los actores en conflicto y pereció aquél que no pudo adaptarse a las nuevas ideas, al nuevo mundo, al nuevo orden mundial, se extinguió el que fue incapaz de evolucionar. El tiempo de la razón pura ha terminado, la era del corazón ha llegado.//

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