La justicia es la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece.
Se conoce también como derecho, razón o equidad, y lo que debe hacerse en razón o derecho.
La misericordia es la virtud que inclina el ánimo a compadecerse de las miserias y los dolores ajenos.
Es el amor con el cual alguien se preocupa por el prójimo y se entrega sin interés propio.
La frase « no hay justicia sin misericordia » tiene su origen principal en la teología cristiana y la filosofía escolástica, enunciada por Santo Tomás de Aquino, quien afirmó que « la justicia sin misericordia es crueldad ». Se basa en la noción bíblica que el juicio divino integra la compasión,
La Epístola de Santiago 2:13, señala « Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio », subraya que la justicia divina está intrínsecamente ligada a la compasión mostrada hacia los demás
Decía el papa Francisco: hay tres actitudes negativas, muy comunes en nuestros días: explotar al otro, especular con sus necesidades y ser rígidos al juzgar y castigar. “Esto se llama falta de misericordia. Sólo querría decir una de las palabras más bellas del Evangelio que a mí me conmueve tanto: ‘¿Ninguno te ha condenado?’ –‘No, ninguno, Señor’– ‘Tampoco yo te condeno’. No te condeno: una de las palabras más bellas porque está llena de misericordia”. La misericordia es la capacidad –la actitud consciente y libre– de no juzgar a los demás y sentir por ellos. Muy unida a la compasión, la misericordia es la acción por el otro, por la hermana necesitada, por el menos favorecido, por quien se ha equivocado.
La amonestación del Señor “Sed perfectos como mi Padre Celestial es perfecto” contiene el sentido de la misericordia, ya que la perfección del Padre se manifiesta en la misericordia.
Misericordia fruto del amor, tan profundo que dio a su hijo como prenda de salvación.
Pero téngase en cuenta que en el mismo sentido Dios no permitió la inmolación de Isaac por su padre Abraham, deteniéndolo, como un acto de misericordia.
La misericordia es amor, es el amor que entiende la fragilidad, la incapacidad del otro, la finitud de su ser, de su voluntad.
La entrega del Hijo es un acto de amor, es misericordia, es el símbolo, es el modelo de la acción que debe primar en la vida de los hombres.
No es desconocer la justicia, es hacerla justa, porque sólo es justa aquella que contiene la misericordia.
Porque cada acto, cada acción, debe ser un acto de amor, y si todos los actos deben ser de amor, los actos de justicia deben serlo también.
Entonces debo juzgar desde el amor, en un marco de justicia pero teñida de misericordia.
La justicia se vuelve misericordiosa, porque se imparte desde la comprensión del ser, que ha pecado, que es finito, a veces incapaz.
Como decía San Pablo, “la ley es fruto del pecado” si el hombre no hubiera pecado, no sería necesaria la ley.
Si la vida es un acto de amor, si todos nuestros actos, nuestras acciones tienen que ser actos de amor, si el amor mueve nuestro ser, nuestras relaciones, y es el sentido del mundo, nada escapa al amor,
En un sentido místico nuestra vida y la de todo el mundo es consecuencia de la misericordia divina.
Nada puede hacer el hombre, inútil es toda su inquietud si no estuviera atado al amor universal, eterno.
Un acto de justicia comprende el obrar y el sujeto.
El obrar debe ser catalogado, entendido, de acuerdo a las normas, a las condiciones sociales y al lugar y momento en que sucede.
El sujeto debe ser considerado como tal, en primer lugar como ser humano, con la dignidad y el valor del verdadero ser, aunque muchas veces cuesta relacionarlo.
En esa dignidad está el amor, el amor que profesamos y se nos profesa, el amor en el cual debemos enjugar nuestra existencia.
Debo juzgar a mi hermano, un ser como yo, con las mismas inquietudes, afectos, pasiones, alegrías y dolores, con la misma actitud vital, y debo entender que lo debo juzgar como si me juzgara a mi mismo, con todo el amor y toda la consideración que tuviera hacia mí.
La misericordia supera al sacrificio, el amor está por encima de cualquier otra consideración.
Nuestra tarea es hacer justicia desde el verdadero amor, desde nuesto corazón.

