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LA MADRE, Elías D. Galati (Argentina)

Reflexiones de Elias

Ser madre significa cambiar la vida y la forma de pensar.

Es una extensión de sí misma y es dar su corazón y todas sus energías en

aquel que se forma en su interior, y es su responsabilidad personal.

Es cambiar el tiempo, entenderlo de otra manera, y asumir que es suya la

tarea de traer otro ser al mundo, que de ella depende y ella lo debe hacer.

Es un plus en la relación de los progenitores, ya que si bien el nuevo ser se

forma con la mitad de los genes de cada contribuyente, desde la concepción

hasta el parto, la tarea y los elementos que van a constituir al niño, son

exclusivos de su madre, sus nutrientes, su constitución que se forma con los

sentimientos, los deseos, las alegrías, los dolores, los sufrimientos y las

pasiones de la madre.

Lo cual será la base y la impronta de ese nuevo ser que asoma a la vida.

La maternidad plantea sentimientos y dudas, ansiedad y angustia frente a

deseos y esperanzas.

Hay una realidad tangible, la presencia de otro ser, en ella, la madre y el

esquema corporal se modifica y debe aprender como relacionarse con su

propio cuerpo en dicha situación.

Pero esos cambios le producen paz y armonía con su propio cuerpo.

La vida significará la vida de ambos, y los cuidados corporales se trasladarán

a su hijo, lo cual es una forma de aprender a entender, ocuparse y cuidar a

todos sus hermanos.

Desde la maternidad se proyecta la alteridad hacia la humanidad, nada mejor

para entenderla.

Cambia su vida social, y cambian sus relaciones, su pareja, es ahora además

el padre de su hijo, y comparte con él los cuidados y la observación de los

elementos necesarios para su crianza.

Descubre otra forma de amor, un amor profundo, íntimo, que en realidad

parte de su ser, porque en él se va gestando o se ha gestado.

Hay una relación inédita, al principio incompresible, pero luego de una

profundidad superior.

Esa relación es el prototipo de la humanidad; que mejor imagen de la estirpe

humana que una madre y su niño.

Más no sólo es la imagen sino también el inicio, el punto original de todas

las relaciones entre los hombres.

Todas nuestras relaciones pueden sintetizarse en la relación madre-hijo.

Así como es la relación del ser con su madre, en especial en sus comienzos,

así será como se relacionará con el resto de sus semejantes.

Recrear esta conmemoración, nos llevan a reflexionar sobre la paradoja de

la condición humana.

Desde esa iniciación se transmite amor, bondad, equilibrio, ayuda, respeto y

dignidad.

¿Qué pasa entonces entre los adultos, para que el mundo sea un dechado de

desequilibrios, de violencias, de desamor, de sojuzgamiento y sumisión?

¿Por qué si la impronta de la maternidad inserta en el ser todo lo bueno, lo

digno, la nobleza que contiene la dignidad humana, no se sostiene en el

desarrollo de la existencia?

Es cierto que no todas las relaciones son buenas, pero la inmensa mayoría lo

son, y expresan ese amor profundo, esa entrega, ese don que la madre otorga

y brinda a su hijo.

La maternidad provoca un cambio fisiológico y psicológico a la mujer,

compatible con la bondad, la entrega y el cuidado del otro.

Forma parte de la naturaleza, está incorporado en el gen de los hombres, y

constituye su esencia.

El egoísmo, la soberbia, el desequilibrio, y el deseo de superar a los demás

de cualquier manera, prostituye ese don, y logra desvirtuar en el adulto, la

esencia de su creación, el motivo principal de su vida, que es la vida de

relación, la preocupación por el otro, y la alteridad en la que debe

manifestarse su existencia.

Una madre es noble, da sin medida, de lo suyo personal, desde la gestación

y durante toda la vida, sin considerar si tiene para sí, o si alcanza.

Una madre ama, sin condición, sólo porque es su hijo, el destinatario de su

amor, y es parte de si misma

Esa vivencia debería ser el motivo y la concreción de la vivencia de la

relación de todos los hombres entre sí.

¿Qué te diría tu madre de la conducta que usas con tus hermanos? ¿Qué te

ha enseñado tu madre, para que imites su amor por los demás?

Si cada uno sostuviera en la relación entre todos los hombres la verdadera y

digna relación madre-hijo tendríamos un mundo mejor.

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