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LA MAGIA DEL CONOCIMIENTO Elías D Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

El conocimiento es la acción y efecto de conocer, en el sentido de entendimiento, inteligencia, razón natural.

Conocer es la actitud intelectual de averiguar la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas, de las personas y de las ideas; en un sentido superior es entender.

El que conoce tiene facultad legítima de entendimiento sobre la cosa o materia que conoce.

Entre los israelitas, en un comienzo, el término conocer tenía una connotación posesiva. Conocer a una mujer era haberla poseído y no haber conocido varón, era no haber tenido relaciones sexuales.

En la Grecia antigua, los filósofos introdujeron los términos conocimiento y saber, traducido muchas veces como ciencia, en un sentido gnoseológico, pero subordinado a cuestiones ontológicas.

La pregunta ¿Qué es el conocimiento? estaba vinculado a la pregunta ¿Qué es realidad?

Aún en la Edad Media no era el problema central de la filosofía, y recién en la época moderna se convirtió en un problema principal.

A  partir de Kant el conocimiento pasó a ser objeto de la Teoría del conocimiento, lo que ha llevado a Hartman a sostener que los problemas gnoseológicos estan implicados con los ontológicos.

Es decir que el conocimiento (gnoseología) está estrechamente vinculado al ser (ontología), es decir la realidad del hombre y de las cosas.

Pero este conocimiento no es meramente teórico, no queda en una actitud especulativa, sino que debe ponerse en práctica, debe usarse en la vida, en la realidad de la relación de cada uno con los demás y con la naturaleza.

Esta situación nos lleva a la sabiduría, que es el conocimiento profundo de las ciencias, letras y artes, que nos permite llevar una conducta prudente en la vida.

Es el discernimiento de las cosas, a la luz de nuestro entendimiento, que permite que apliquemos nuestro conocimiento al comportamiento, a la conducta en la vida, que nos conduce  a la vida verdadera, digna y bella.

En última instancia en sentido místico, la sabiduría nos lleva a discernir el orden sobrenatural, a la sabiduría divina.

Alcanzar esta comprensión del conocimiento, entender lo gnoseológico y lo ontológico ordenado en la existencia, hace al hombre sabio y virtuoso.

Pero además abre las puertas a la magia del conocimiento.

De ese conocimiento comprendido en su esencia, surge por un lado la virtud ética, que hace a los valores imperecederos que llevan a la realización del ser, y por el otro a la creación, a las diversas formas que el hombre asume amalgamando y amoldando su sabiduría a su imaginación, a su libertad artística, que lo lleva a plasmar formas e ideas nuevas, rupturas profundas, ideas no analizadas, recreaciones de otros elementos que la voluntad inquebrantable del hombre y el ingenio y la moldura de los elementos conocidos o imaginados, llevan al progreso, a la superación del ser y de la humanidad.

Como por arte de magia, el hombre crea, aparentemente de la nada, pero no, es a partir de esa comprensión de la sabiduría y de la estricta y eficaz aplicación del saber a las cosas y a su comportamiento, el fundamento, el meollo de su creación.

El hombre se expresa en la creación, en lo nuevo, en aquello que lo va a conmover porque expresa la profunda unión de su inteligencia, de su emoción y de su voluntad.

Crea artefactos, símbolos, ecuaciones, técnicas, desarrollos científicos, obras de arte y elementos técnicos.

Los saca de sí mismo, como de una galera, provocando asombro  y admiración.

Entonces la comprensión ha pasado al plano de la acción. En el cual lo que sabe y conoce, lo pone realmente en la existencia, modificando conductas, ideas y planes.

Tiene un solo orden, un solo camino, el del bien, el del amor, el de la solidaridad, el de la recreación para todos, porque aplicar ese conocimiento para el mal, como se ha visto en la historia muchas veces, no es sabiduría, es perversión, es tragedia.

Porque la sabiduría es prudencia, es bien, es un valor ético profundamente arraigado en la mente del hombre, aunque él lo niegue, o no lo crea.

Por eso el sabio es magnánimo, honesto, humilde, desprendido de las cosas materiales y amante de lo verdaderamente real en la existencia de los hombres que es el progreso para todos, la vida digna y la relación de equilibrio, de justicia y de armonía en paz entre todos los hombres.

El amor

Puede que complazca a tu alma

el arrobo del perfume de la flor

la suave brisa que trae la calma

contemplar la hermosura del color

el trino de las aves en el alba

los rayos bienechores del sol

la naturaleza, lo que plasma

hace sentir en ti la emoción

de estar vivo, sana y salva

la luz que brilla en tu interior.

Más aquello que llena tu alma

da plenitud a tu corazón

es el amor que se respalda

en quien de verdad te da su amor

Elías D Galati

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