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La Marcha Verde: 45 años Clara Riveros

Tribuna infomarruecos.ma

Clara Riveros, analista política y directora de CPLATAM -Análisis Político en América Latina-.

Marruecos recuerda hoy (viernes 6.11) el que puede ser su evento histórico más importante del siglo XX, tras su independencia o desde el final del protectorado: la Marcha Verde. Y no es poco: este evento tiene una poderosa carga simbólica para los marroquíes en lo que respecta a la recuperación de sus territorios y a su integridad territorial. 

En años anteriores estuve en Marruecos por esta época, aunque este año pandémico no fue posible mi corazón siempre está y estará con Marruecos en este y en otros asuntos. No en todos. Por supuesto, a la distancia, me sumo a la celebración. 

Hoy podría decir algunas cosas: por ejemplo, fue el discurso de Mohamed VI, pronunciado un día como hoy pero en 2015 (hacía apenas unos meses que yo había visitado Marruecos por primera vez), esa chispa que encendió el interés, mi interés y mi curiosidad, en el asunto del Sahara.
Hablo de las cosas que he visto y no de las que me contaron. Entiendo que si le he dedicado mi tiempo a un país, a un asunto, al menos tendré el derecho de decir lo que pienso. Le he dedicado tiempo al Sahara, bastante tiempo. En los viajes que hice a esa región, una o dos veces cada año, desde 2015, encontré cambios significativos en cuanto a su desarrollo y modernización. Si, es una realidad: el Sahara con Marruecos está mejor, tiene un gran potencial, además de su pasado, de su presente y de su futuro. Sin ninguna duda yo apoyo esto.

El mayor problema, en mi opinión, tiene que ver con la persistencia de situaciones autoritarias con agentes y funcionarios del Estado. Tampoco eso me lo contaron, yo lo he visto e incluso lo he vivido, ese acoso y ese hostigamiento insoportable de aquellos a quienes les parece ‘sospechoso’ que haya estado tantas veces en el Sahara. Luego, hay otros aspectos de la población del Sahara que me preocupan: por ejemplo, la situación de las mujeres, jóvenes y profesionales, mujeres menores de 30 años, profesionales, algunas incluso con estudios de doctorado, con deseos de vivir sus vidas fuera de la dominación tribal y están dedicadas a ser amas de casa. Ellas se quejan pero todavía no se animan a expresar en voz alta sus necesidades, deseos y aspiraciones, me hablan en privado sobre su falta de derechos, pero en público afirman estar empoderadas. Nunca vi algo tan absurdo. Eso lo vi en Laayoune, en Smara, en Dakhla. No hay nada que yo pueda hacer salvo contarlo. Esa tarea es de ellas, son ellas quienes deben liberarse, emanciparse, hablar de la falta de perspectivas, de oportunidades y la ausencia de una igualdad efectiva en términos de derechos que ya consagra la Constitución marroquí, no están pidiendo nada extraordinario o que no exista, tienen los recursos legales y constitucionales y podrían hacer mucho más si fueran conscientes de que esas son armas poderosas.

Hoy, transcurridos más de cinco años de haber pisado Marruecos por primera vez y de haber dedicado a ese país mi tiempo, mis sueños, también mis pesadillas y mis desvelos, incluso mi rabia, mis lágrimas, mis decepciones, muchos encuentros y, también, grandes desencuentros, puedo decir, con serenidad, que he escuchado diferentes lecturas, voces y posiciones sobre diferentes temas del país, incluido este contencioso que se lleva mucho tiempo, recursos y esfuerzos. Oí, pero también hice preguntas, dentro y fuera de Marruecos, incluso oí a quienes respaldan al Frente Polisario por mucho que no comparta sus orientaciones e ideología. Hice mis inferencias. 

Para mí la vida no transcurre en blanco y/o en negro, no veo el mundo entre amigos y enemigos. No sé cómo algunos pueden vivir así. Ha de ser agotador. Una vida muy triste y sombría. 

He tenido ocasión de estar en la biblioteca de Naciones Unidas en Nueva York, revisando documentos y corroborando que Marruecos ha reclamado el Sahara y otros territorios a España y ha intentado recuperar sus territorios agotando la vía diplomática (incluso cuando alguna izquierda marroquí empujaba a hacerlo por la vía de la lucha armada), todo ello antes de que existiera ese movimiento subversivo que se arroga ser el ‘único’ representante de la población del Sahara y que lo hace desde un país vecino. 

Siento que Marruecos es parte de mí, de alguna manera, sigo deseando y soñando un país moderno, no sólo en sus infraestructuras, sino principalmente en sus mentalidades, las de la sociedad, las de los funcionarios, para que se correspondan con los desafíos del siglo XXI. Nada menos. Echo en falta, tanto de los afines al sistema como de los críticos, una verdadera cultura democrática que respete la libre expresión y en la que uno pueda observar, comentar, opinar y criticar sin ser atacado o, lo que es peor, editado y distorsionado. Pero, incluso así, Marruecos ha sido una parte importante de mi vida. Aprendí muchas cosas en estos años.

Clara Riveros

Bogotá-Colombia

Noviembre 6 de 2020

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