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LA MUJER Elias D. Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

Hablar de la mujer es acotar el término hombre, y referirse a una parte específica de él.

Es también establecer una relación y una división dentro del término considerando que puede ser varón o mujer.

En un sentido estrictamente biológico, ya que considerado desde el punto de vista psicológico o sociológico la división puede ser distinta; referirse a la mujer es dividir sexualmente a la raza humana.

Es referirse objetivamente al sexo de cada individuo, y no a la condición sexual, construcción terminológica que ha evolucionado a lo largo de la historia.

Es un problema de estructura mental y de pensamiento colectivo impostado en la concepción paternalista que ha marcado la historia de la raza humana.

Se habla de la mujer, como un aparte, como una distinción.

No hay equivalencia en hablar del varón en comparación con el lenguaje sobre la mujer.

En el mejor de los casos y aún con las mas nobles intenciones, esta terminología descansa sobre la base paternalista y sobre una discriminación encubierta de la mujer.

Siempre el análisis de los términos, desde cualquier lugar que se haga, filosófico, lingüístico, sociológico, biológico, psicológico, tiene que ver con el abordaje del mismo.

Desde donde se lo aborda y como se lo aborda.

Hablar de la mujer, fue una cuestión de varones, desde un plano de superioridad y protección, y como si fuera un objeto valioso de su propiedad.

Recuerdo cuando era adolescente se preguntaba comúnmente, si tienes que ir a una isla desierta que tres cosas llevarías, la respuesta común era un libro, una radio y una mujer.

Era el paradigma de la cosificación de los sujetos mujeres.

He señalado en mi artículo sobre la Caballerosidad, que el término caballero, a partir del gentilhombre a caballo, noble, abnegado, cuidadoso y protector de su dama, significaba una discriminación encubierta de la mujer, enmascarada en  cuestiones nobles.

La estructura mental de muchos varones es la de la posesión.

Es “algo” que le pertenece, aún después de haberse separado y formar otra pareja.

De allí que no haya forma de parar los femicidios, puesto que el femicida toma lo que cree es suyo, como posesión imperecedera.

El varón y la mujer son las dos especies de la raza humana.

El ser se gesta y nace varón o mujer, lo demás es construcción cultural.

Ambos tienen la misma dignidad, la misma consideración, y están en un plano de igualdad biológica, ontológica, psicológica y existencial.

La diferencia entre el varón y la mujer, la da la capacidad de gestar y de procrear, que señala la distinción sexual.

Bendita diferencia que hace a la armonía y a la alteridad, ya que sin alteridad no hay constitución humana efectiva.

El mito del varón y de Adán ha sido desmentido por los estudios científicos, probados suficientemente como para ser un hecho verificado.

Los genes de los mamíferos, incluido el hombre evolucionan, a hembra si no hay un factor genético y hormonal que inhiba ese desarrollo

Todos los embriones incluso los XY se desarrollan como hembras hasta que a las 7 semanas el gen SRY inhibe el desarrollo como hembra y determina el crecimiento de los testículos.

El pliegue en el perineo es el rezago que todos los machos tuvieron vagina durante el desarrollo embrionario.

Por eso cuando estaba en la cátedra de Biología escribí “Chau Adán”.

La biología avanza y descubre elementos permanentemente, y en ese camino cada día se iguala más la relación entre los sexos.

El resto es un resabio machista, inconcebible tanto como el feminismo, en una cultura que debe comprender y respetar la igualdad en todos los órdenes.

Es cierto que la mujer tiene un plus.

Es cierto que tiene mayor importancia en el desarrollo humano; no somos ovíparos, en el origen hay un 50% de contribución de cada progenitor, pero durante los 9 meses de gestación, es sólo el progenitor hembra en los mamíferos, y la mujer entre los hombres, el que completa, nutre, crece y desarrolla el embrión.

Con lo que es, con su fortaleza y sus flaquezas, con sus alegrías y sus locuras, dándo de sí todo lo que es.

El símbolo y prototipo de nuestra raza es por eso, una mujer con el bebé en el pecho.

Cuánto debemos aprender, cuantas estructuras debemos desarmar, para hacer que se comprenda a la raza humana como una, con distintas características pero con la misma condición y dignidad.

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