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LA PERCEPCIÓN MARROQUÍ DEL PROTECTORADO ESPAÑOL 1912-1956 Segundo Capítulo Por Youssef Akmirr (*)

Tribuna infomarruecos.ma

(*) Youssef Akmir:
 Catedrático de historia de relaciones hispano-marroquíes. Universidad Ibn Zohr, Agadir.
 Doctor por la Universidad Complutense de Madrid

La reacción que tuvo la ocupación de Tetuán en las tribus de los alrededores no agradó mucho a Rhouni pues, en su opinión, la resistencia cabileña no era más que unos zánganos que desestabilizaba la zona y alteraba la seguridad y el orden que España con la ayuda del Jalifa había conseguido establecer. Era en definitiva, “una banda de radicales fanáticos del Islam que incita a las tribus        y anima a su gente a que encienda las llamas de la insurrección en contra del   Majzén jalifiano y la grandiosa Nación Protectora […] justificando sus actos con la falacia de que los hombres del Estado Protector hostigan a los musulmanes en sus sentimientos religiosos y costumbres. Por ello creemos deber anunciar la verdad en lo que respecta este tema. Pues desde que la Nación Protectora estableció el Protectorado, no hemos visto diferencia ninguna entre los gobernantes y     los gobernados. Tanto sus militares como sus civiles mostraron gran respeto hacia nuestra religión islámica; nadie de ellos se opuso a ella. Las leyes de Charía siguen funcionando igual que antes. Nuestros cementerios son respetados y ningún [cristiano] se atreve a meterse en ellos. Incluso si ven un funeral, paran con educación y se quitan el sombrero en señal de pésame y respeto al difunto. Así son; no sólo respetan nuestras costumbres y asuntos religiosos, sino que tienden la mano de ayuda y colaboración para que nuestros rituales y creencias se ejerzan en condiciones más adecuadas”.

        Rhouni continuaba elogiando con exaltación los logros de la nación protectora y las mejoras que habían experimentado diferentes sectores de la vida social, económica y cultural marroquí. La construcción de varias escuelas en ciudades y aldeas constataba, según Rhouni, el esfuerzo que España estaba desplegando en materias de enseñanza e infraestructuras. La creación de asignaturas especializadas en las disciplinas del Corán y el pensamiento religioso y el nombramiento de profesores para enseñarlas dejaban bien claro que el propósito de las autoridades españolas del Protectorado no era sino instruir a los musulmanes. Rhouni señalaba que el objetivo de su reflexión era muy claro; se trataba de explicar a la población del Protectorado que las autoridades españolas trataban por igual a toda la zona y no distinguían entre la ciudad y la aldea; que depositaran su confianza en la nación protectora cuyo propósito era cumplir los acuerdos internacionales, velar por el bien del islam y los musulmanes y prestar ayuda al majzén jalifiano para que la zona del Protectorado se desarrollara igual que Europa. Entonces España dejaría que la zona se emancipara tal como el maestro deja a su alumno cuando éste alcanza la mayoría de edad.

        Rhouni describe con minuciosidad el momento del relevo en la Alta Comisaria.  Comenta que al general Alfau le sucedió el general José Marina Vega. La gente salió a recibirle y a celebrar su llegada, que fue todo un acontecimiento de prestigio y grandeza. A continuación entró al palacio de la Alta Comisaria y saludó al ejército; acto seguido visitó al Jalifa, quien se alegró mucho de su visita y le expresó asimismo el cariño que suscitaron en su interior las amables palabras del general y su afinada conducta, que tanto correspondían a su extensa carrera y a edad longeva, que rondaba entonces los 66 años. Rhouni nos informa de que Marina trató de poner fin al estado de guerra sostenido por la resistencia cabileña que entonces cercaba Tetuán. Marina trató de atraer al jerife y jeque más considerado por todas las tribus yebalíes, Sidi Ahmed Raisuni, personaje que gozaba de los mayores poderes espirituales y materiales. Rhouni señala que Marina pretendía encargar a Raisuni de levantar el cerco sobre Tetúan poniendo bajo sus órdenes a los diferentes jefes cabileños. De esta forma Raisuni sofocaría la guerra declarada contra la ocupación española.

        Para fomentar las relaciones con el jerife Raisuni, Marina contaba con importantes intermediarios: “el señor Juan Zugasti, ayudado por el juez de la corte jalifiana, Mulay Assadak Raisuni, de parte de Raisuni, y por el carismático político y traductor de primera categoría, amigo de los musulmanes, el señor Abderrahman Cerdeira ([1]), de parte del Alto Comisario” ([2]). Rhouni señala que al no poder establecer la paz y tras el asesinato del mediador y amigo más cercano a Raisuni, el señor Ali Akalay, Marina recibió el 9 de junio de 1915 la orden de dejar su cargo a otro nuevo Alto Comisario: el general Francisco Gómez Jordana. De Jordana Rhouni comentaba que era un personaje que contaba entre sus mayores cualidades una gran capacidad de negociar. La población tetuaní celebró con alegría la llegada del nuevo Alto Comisario; celebración que el general tenía bien merecida “por su gran tendencia a la paz; pues desde su llegada a Tetuán no se ha vuelto oír ruidos de cañones, salvo en  fiestas y celebraciones”. Rhouni comentaba que el general Jordana, tras presentarse ante el Jalifa, retomó de inmediato las negociaciones con Raisuni, para lo cual contaba con los servicios de su hijo.

        Rhouni elogiaba la política colonial sostenida por Jordana tas haber podido recuperar la confianza de Raisuni. El mencionado Alto comisario alcanzó gran celebridad y tuvo un notorio itinerario en la historia del Protectorado. De él se decía que se sentía feliz rodeado de musulmanes y de que tenía en su poder un ejemplar del Corán traducido al español. Según Rhouni, Jordana veló por los intereses públicos de la zona y realizó varios proyectos útiles para la región de los que destacaban el proyecto de la línea ferroviaria Ceuta-Tetuán; el acondicionamiento de una vía para vehículos eléctricos que enlazaría Tetuán con Alcázarquivir; la construcción de escuelas para enseñar ciencias modernas y religiosas; el establecimiento de la seguridad en las diferentes vías de comunicación tras lograr la paz con las cabilas mediante métodos pacíficos; y la fundación de una junta científica en Tetuán. Fue, en definitiva, el artífice de una distinguida política, querido por todos los musulmanes y orgulloso de serlo.

        Rhouni nos informa también sobre la llegada de Damaso Berenguer a Tetuán para ocupar el cargo del difunto Jordana. Decía que el 27 de enero de 1919 el nuevo Alto Comisario tuvo una impresionante recepción. La gente lo aclamaba porque lo conocía desde su estancia (en Tetuán) como coronel y después general del Ejército de África en la sección llamada Fuerzas Regulares. “Es como si les hubiese gobernado un tetuaní como ellos. Era pues una persona querida, con amplio conocimiento y manejo del árabe, por lo que acceder a comunicarse con él estaba al alcance de todos”. No obstante estas afirmaciones, Rhouni se contradice respecto al General Berenguer. En el siguiente párrafo, nos informa que justo después de presentarse ante el Jalifa, el nuevo Alto Comisario tomó la decisión de cortar las relaciones con el jerife Raisuni y de declarar la guerra a todas las cabilas de Yebala. Para ello trajo nuevos tabores y constituyó otros con nativos marroquíes. A lo largo de su mandato salió de Tetuán dirigiendo en persona a las tropas y ocupando a Dar Ben Karrich, Larbah de Beni Hassan y la ciudad de Xauen.

        Rhouni demostraba plena conciencia de la dualidad militarismo-civilismo que tanto había marcado la historia de España contemporánea a propósito de su relato del nombramiento del primer Alto Comisario civil el 2 de enero de 1923. Se trataba de Miguel de Villanueva y Gómez, ilustre político liberal y ex ministro de hacienda. Según Rhouni, Miguel de Villanueva no llegó a viajar a Tetuán para ocupar el cargo al que fue designado, por lo que el gobierno lo substituyó el 16 de febrero de 1923 por otro Alto Comisario, también civil, Luis Silvela, que hasta entonces ejercía como ministro de Justicia. Tras llegar a Tetuán y presentarse ante Jalifa, el nuevo Alto Comisario trató de introducir algunas modificaciones de índole civil en la política del Protectorado, empezando por el sistema tributario. Silvela estableció controladores fiscales de formación civil. Frente a la nueva y tímida política civilista que el gobierno español pretendía emprender en la zona del Protectorado, las frustraciones de los militares eran profundas. Frustraciones causadas por la derrota de Anual y por la que ellos creían injerencia de los civiles en los asuntos del ejército. Rhouni, en su modo de narrar la historia, expresaba claramente la simpatía que profesaba por el sector castrense considerándole como el más apropiado para gestionar los asuntos del Protectorado. Sobre el golpe de Estado militar de 1923, Rhouni decía que, “el partido militar se levantó exigiendo sus derechos a  los civiles. Fue bajo el mando de su jefe, héroe de estos tiempos, único en el coraje y la buena gestión, el Capitán General Don Miguel Primo de Rivera y   Orbaneja, quien hasta entonces ejercía de Capitán General de Barcelona, cuando presentó a Su Majestad el rey Alfonso XIII sus peticiones: éste las aprobó de inmediato. El 14 de septiembre de 1923 las autoridades ordenan a Luis Silvela dejar la Alta Comisaría para que fuese ocupada el 25 de septiembre de 1923 por el Gobernador militar de Melilla, el teniente general, López de Aizpuru”.  

([1]) Su verdadero nombre es clemente Cerdeira, uno de los mejores intérpretes y mediadores que había tenido España en la zona del Protectorado. Contaba con gran dote  negociador, excelente manejo de árabe coloquial y clásico, y extraordinaria capacidad de convención. Credeira consiguió generar entre los marroquíes la idea de que se había convertido en musulmán, sobre todo con el uso de su sobrenombre Abderrahman. Véase, Ahmed Rhouni (2001), Op.cit., p. 148.      

(2) Ídem. 

(*) Youssef Akmir:

 Catedrático de historia de relaciones hispano-marroquíes. Universidad Ibn Zohr, Agadir.

 Doctor por la Universidad Complutense de Madrid.

Entre sus publicaciones:

ENTRE MOGADOR Y SIDI IFNI, ESPAÑOLES EN EL SUR DE MARRUECOS, SIGLOS XVII I- XX, Ed. Almuzara, Córdoba, 2019.

– AGADIR EN TORNO A 1911 APROXIMACIONES HISTORIOGRAFICAS HISPANO-MARROQUÍES EN TORNO A AGADIR DE FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX, Ed. Instituto de Estudios Hispano-lusos y Universidad Ibn Zohr, Rabat-Agadir, 2014.

– DE ALGECIRAS A TETUÁN, ORÍGENES DEL PROYECTO COLONIALISTA ESPAÑOL EN MARRUECOS 1874-1906, Ed. Instituto de Estudios Hispano-lusos y Universidad, Rabat, 2009.

  

Preparado para la publicación por Mokhtar Gharbi

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