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LA PERCEPCIÓN MARROQUÍ DEL PROTECTORADO ESPAÑOL 1912-1956 Tercer y último Capítulo Por Youssef Akmirr (*)

Tribuna infomarruecos.ma

 

(*) Youssef Akmir:
 Catedrático de historia de relaciones hispano-marroquíes. Universidad Ibn Zohr, Agadir.
 Doctor por la Universidad Complutense de Madrid

Rhouni hacía una elogiosa descripción de la vista de Primo de Rivera al Protectorado. En ella plasmaba la afinidad que tanto sentía por el ejército. Decía que el itinerario de la vista empezó en Tetuán, donde Primo de Rivera entró el día de Arafadel año 1342. Fue recibido con todos los honores de Presidente del Consejo de Ministros de una “nación grandiosa como lo es la España protectora. La gente se alegró mucho de haber vuelto a verle, pues lo conocía desde 1913 cuando ejercía en Tetuán de general del tabor de los Cazadores”. Con esta visita Primo de Rivera había permitido que se renovaran los lazos de aprecio y cordialidad entre él y los tetuaníes.

        La tesis abandonista propuesta por Primo de Rivera fue también objeto del estudio de Rhouni. Sobre esta cuestión comentaba que la vista que dicho General efectuó a la zona del Protectorado se enmarcaba dentro del propósito de evacuar al ejército de las varias zonas ocupadas y enviarlo a España para recortar los gastos del deficitario presupuesto de la zona del Protectorado, sobre todo desde el comienzo de la Guerra de Rif. Rhouni señalaba que las cabilas, tras enterarse de la intención del general, se levantaron unidas y se dirigieron hacia los puestos militares para asaltarlos y apoderarse de todo el material que había allí antes de que fuese devuelto a España. Pero el general, con sus buenas gestiones y sus dotes negociadoras, consiguió reducir la ira de los cabileños, reagrupar a una parte del ejército en la capital Tetuán y otra en los puestos ocupados entre Alcázarquivir y Tetuán y en otros puestos de gran importancia estratégica. Rhouni señala asimismo que Primo de Rivera dio órdenes para evacuar los puestos militares en Xauen, Larbaa Bni Hassan, Jemis Beniarros, Yebel ahbib, Beniyedir y Anyera. Tras el desacuerdo que tuvo con el general Aizpuru, excedente de su cargo, Primo de Rivera hizo que el monarca Alfonso XIII decretase una nueva orden para que “siendo jefe de ministros del grandioso Estado español le designara como nuevo Alto Comisario y Jefe del ejército de África. Esto fue el 16 de octubre de 1924, lo que coincidía con 17 de Rabih segundo del año 1343”.

  1. Mohamed Daoud:

la responsable reconstrucción del historiador y la imparcialidad de una perspectiva sobre el Protectorado español

        La tercera fuente sobre el Protectorado es Mohamed Daoud, intelectual, alfaquí e historiador. Se trata de su erudita y extensa obra Tarij Tetuan, en árabe, (Historia de Tetuán) que se compone de doce volúmenes. En el penúltimo, Daoud, consagra un especial interés al Protectorado y a las políticas jalifiana y española sostenidas en la zona protegida. De hecho, buena parte de la obra está dedicada a la reproducción de numerosos decretos jalifianos que regularon los diferentes aspectos de la vida política, social, económica y cultural de la zona del Protectorado español en Marruecos. A este material histórico podemos sumar documentos locales de contenido diverso, como los ultimátums enviados a los líderes de la resistencia cabileña y a las diferentes tribus “insumisas”; la correspondencia enviada por los sucesivos chambelanes del Jalifa a los caídes del majzén; y varios relatos de hechos efímeros que el norte de Marruecos conoció durante los años del Protectorado español. Se trata pues de una magnífica obra cuyo autor basa su estudio sobre fuentes documentales auténticamente marroquíes, fuentes de las que emanan datos de gran valor histórico. Es más, con sus recuerdos y sus testimonios, Daoud hace que su obra cobre un interés historiográfico e intelectual muy especial. En definitiva, es una obra maestra; una referencia básica para cualquier estudio de la era del Protectorado español en Marruecos. Su autor, a diferencia de otros historiadores de la época, tuvo la osadía de mantener una actitud objetiva y neutral a la hora de abordar los diferentes temas del pasado, sin dejarse arrastrar por los vientos del elogio y la obediencia a la administración colonial española. La sustanciosa documentación  e interesante información que ofrece Daoud en Tarij Tetuán permiten formular una noción general, tanto en el tiempo como en el espacio, sobre lo que la población del Protectorado opinaba de España, opinión que nos permite diagnosticar la percepción sobre la potencia protectora en la conciencia marroquí.

        En el volumen consagrado al Protectorado español, Daoud empezaba aclarando el dualismo que caracterizó la vida política y administrativa. Tetuán, capital de la zona protegida, contaba con dos gobiernos. Uno era el jalifiano, que representaba la autoridad del Sultán en la zona mediante su pariente el Jalifa,  Muley el Mehdi y su hijo Muley el Hassan, que le sucedió en el cargo. El gobierno jalifiano contaba con ministros, asesores, funcionarios y desempeñaba las diferentes tareas que en la zona del Protectorado francés correspondían al soberano Muley Youssef. El otro gobierno era el que representaba a España mediante un ejército, una Alta Comisaría y una administración. La trascendencia de las autoridades españolas del Protectorado consistía en el dominio que ejercían sobre el jalifa y sus hombres, pues pese a que las leyes eran dictaminadas por el Jalifa mediante decretos, su puesta en vigor dependía de la aprobación del Alto Comisario. En ocasiones las leyes eran propuestas por la potencia protectora, por lo que al jalifa sólo le correspondía decretarlas.

        Daoud describía las competencias del Alto Comisario diciendo que era la máxima autoridad que representaba su país sosteniéndole en todos sus compromisos y actividades. Este alto funcionario, podía por ello:

                “permitirse el comportarse como los reyes en sus respectivos reinos independientes. Pues todo lo que había en la zona protegida estaba a su disposición; y los que estaban allí tenían la obligación de obedecer sus órdenes y evitar sus prohibiciones ya que ninguna orden ni ninguna negativa puede hacerse oficial hasta que él diese su visto bueno”.

        El historiador de Tetuán trata de reproducir los hechos históricos que durante su infancia sucedieron en la zona del Protectorado con la imparcialidad que corresponde a un personaje como él. A diferencia de Rhouni, Daoud, sostiene ser absolutamente neutral a la hora de describir la reacción que había suscitado la intervención española en Tetuán, entre la población de la ciudad y de las tribus de alrededor. Decía que la mayoría de los ciudadanos de a pie desconocían que su ciudad iba ser sorprendida por el ejército español. De hecho, la noche anterior a la ocupación, coincidió con las vísperas de fiesta del Mauled, por la que los fieles se congregaron en las diferentes zagüías para leer el Corán y recitar las letanías de devoción al profeta Muhammad. A primera hora de la mañana, el ejército español entró a la ciudad exhibiendo sus armas, apoderándose de todas sus murallas y calles, concentrándose en la plaza del Feddan e instalando en la alcazaba cañones para controlar la ciudad desde la cima. La alegría y la euforia que la fiesta del  Mauled suscitaba en el sentir del pueblo se convirtieron en consternación, angustia y disgusto. La pobre y tranquila Tetuán ya se encontraba bajo el yugo del colonizador. A los ciudadanos de a pie les costó asimilar este nuevo estado, que hizo recordar a sus ancianos aquella fatídica invasión de 1860 con todas las masacres y las pérdidas que causó en la ciudad. La noticia se extendió a las tribus cercanas, cuyos ancianos también combatieron al enemigo español en la guerra del siglo anterior. Sus notables jeques, tras reunirse en varios encuentros, decidieron confederarse para cercar Tetuán y combatir al enemigo español. Decían que los españoles “vinieron a nuestras tierras para apoderarse de ellas, deshonrarnos, tolerar la corrupción, propagar el alcohol y perturbar la fe de los musulmanes para cristianizarlos tal como sucedió antes en Al-Ándalus”. Eran según los jeques cabileños, “unos extraños enemigos que injustamente nos invadieron, ajenos a nuestra lengua, religión, raza y nacionalidad”; y el gobierno del Jalifa no es más que un cómplice servidor del colonialista invasor.

        No todos los tetuaníes quedaron asombrados y consternados por la ocupación española. Los notables de la ciudad sostenían una conducta distinta. Buena parte de esta elite urbana descendía de familias acomodadas, muchas de ellas de origen andalusí. Su formación cultural y religiosa y su buen manejo del árabe les cualificaron para convertirse en funcionarios del Jalifa. Esta élite sostiene que el destino había querido que España fuese protectora del norte de Marruecos. Considera que el establecimiento del Protectorado responde a una serie de convenios internacionales a los que el Sultán y su gobierno aprobaron. Por lo tanto, la población civil debía asimilar la nueva realidad sin mostrar ningún tipo de resistencia. La carta que enviaron nueve notables tetuaníes al líder del movimiento yebalí, el jeque Belehsen, en la que le instaban a renunciar las armas y hacer que las cabilas aceptaran la ocupación, indicaba bien hasta qué punto correspondía a esos funcionarios desempeñar una labor de intermediación a favor del establecimiento del Protectorado ([1]); labor que puso en varias ocasiones a ilustres personaje de la administración jalifiana al servicio de la potencia ocupante.

        Daoud publicaba en su libro información que, por muy insignificante que pudiera parecer, complementaba la visión que en el norte de Marruecos se tenía de la política sostenida por España. La extensión urbanística que conocería Río Martin a partir de 1913 al convertirse en el principal balneario de la ciudad nos da una idea sobre los cambios que experimentaban algunas zonas a nivel de infraestructuras y urbanismo. La formación de una comisión para el censo de la población y la evaluación de sus bienes indicaba el interés de la Alta Comisaría por establecer nuevas medidas fiscales para recortar los gastos del presupuesto y mantener los asuntos municipales de la zona. El nombramiento del arabista español Tubau ([2]) como traductor personal del Jalifa, muestra, por una parte, que España insistía en controlar la política jalifiana mediante la introducción de sus súbditos en las filas más cercanas al Jalifa, y por otra, la falta de traductores profesionales en los medios marroquíes. El establecimiento de la red eléctrica por primera vez en Tetuán y las zonas colindantes fue para los marroquíes una revolución tecnológica, una novedad que ponía fin a los tiempos de la vela y el candil. Poner a disposición del Jalifa y su familia un médico español revelaba el interés que había tenido España, desde mediados del siglo XIX, por instalar en diferentes zonas de Marruecos médicos y personal sanitario, considerándoles pilares de la “acciones civilizadora” que pretendía realizar en el vecino del sur.

        La fundación de unos juzgados en 1915 con referencias jurídicas y sistema judicial españoles, respondía a la necesidad de atender la nueva y compleja realidad social, cultural y económica de la zona protegida, que ya contaba con una considerable colonia española. Establecer en 1915 la peseta como moneda de transacciones y compraventa ligaría la economía del Protectorado a la española. La aprobación del consejo municipal al plan del nuevo proyecto urbanístico, llamado Barrio del Ensanche, es un vivo ejemplo de la extensión que estaba conociendo el urbanismo fuera del casco viejo de Tetuán; extensión que tenía como objetivo concentrar a la colonia española al exterior de las murallas de la Medina en instalaciones que inmortalizarían la fastuosidad de la arquitectura colonial. La formación de una institución cultural llamada “Consejo científico marroquí”, con una ligera participación española, significaba que la administración colonial toleraría cualquier despertar cultural en la zona siempre que estuviese controlado por ella. La publicación de varias listas, algunas con salarios anuales de los funcionarios públicos y otras con los precios de los diferentes artículos alimenticios, ayudan al investigador de la historia económica a concretar una idea sobre el nivel de vida en la zona del Protectorado. Prohibir en 1917, mediante decreto, la salida de productos alimenticios, no era sino una medida preventiva contra la escasez que podría suscitar un estado de alerta a causa del comienzo de la primera guerra mundial, pese a la neutralidad de España y la zona del Protectorado. La instalación de una red telefónica el 20 de mayo de 1917 en toda la región de Tetuán, indicaba que la capital del Protectorado contaría en un futuro muy próximo con los servicios del teléfono. La concesión de la nacionalidad española a los judíos marroquíes respondía a la típica estrategia colonialista de “divide y vencerás”. Decretar un dahir jalifiano para embargar los bienes del líder de la resistencia rifeña, Ben Abd-el-Krim el Jattabi, constataba las presiones que ejercía el Alto Comisario sobre las competencia del Jalifa y cómo este último estaba obligado a atender las exigencias de las autoridades españolas.

Conclusión

        La naturalidad y la espontaneidad que tanto caracteriza la descripción del alfaquí rural se explica por su modesto nivel cultural, exclusivamente religioso y su posición desinteresada a la hora de formular un discurso. Este desinterés se echa en falta en las reflexiones, bien meditadas, de Rhouni donde éste dedica palabras majestuosas a “la Grandiosa Nación Protectora”. Su elogio a España responde a los intereses que le ligaban a ella. En cambio, en el caso de Daoud, apreciamos una historiografía ecuánime, firmemente prudente y objetiva a la hora de verter opiniones. Las cifras y datos que propicia son fundamentales para precisar una visión interna del contexto histórico del Protectorado y estudiar sus diferentes fenómenos. No obstante, la era del Protectorado es sólo un pequeño fragmento del magno proyecto historiográfico concebido por Daoud. En definitiva, las opiniones que se desprenden de las diferentes fuentes consultadas permiten elaborar una versión nueva sobre la historia del Protectorado español, con sus realidades, instituciones, actores y vivencias; realidades que, en el presente trabajo, se ha procurado formular desde ópticas exclusivamente marroquíes, pero que no son unánimes a la hora de describir o reconstruir los hechos. Su imparcialidad o parcialidad dependían de quién relataba los sucesos y del grado del interés que compartía con el Protector.

([1]) En la carta figuran los nombres de abajo firmantes,  “Thami Afailal, Ahmed Ben Thami El-Bakali, Ahmed Zuaki, Mohammad Ben Abdeluahab, Meki Raisuni, Mohammad Ben Raisun, Abdelkader Rzini, Mohammad Seffar, Mohammad Lebadi, Ahmed Ben mohammad Torres”. Véase, Mohammad Daoud (2009).Op.cit., pp171-173.

(2) El fragmento extraído de un periódico español  de la época aporta información interesante sobre la biografía del personaje precitado. Se trata de “El señor Álvarez Tubau, era un gran arabista y figura destacada del Protectorado (…) Consagró su vida a la acción de España en Marruecos. Fue consejero del Jalifa y de su padre, Muley el Mehdi (…) Con el general Alfau, entró en Tetuán de intérprete después de la toma de la capital del Protectorado, siendo persona de absoluta confianza para todos los altos comisarios. De joven estuvo varios años en Beirut y publicó el único estudio que existe sobre métrica árabe y es autor de otro estudio inédito sobre las poetisas del Islam. Participó en 81 acciones de guerra en Marruecos, a partir de la toma de Tetuán”. Véase, La Vanguardia Española, Domingo, 23 de diciembre de 1945.  

Preparado para la publicación por Mokhtar Gharbi

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