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La perversa alianza cubano-argelina contra Marruecos Por Hassan Achahbar

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Hassan Achahbar experto marroqui en cuestiones latinoamericanas

Disminuyeron los contactos directos entre Argelia y Cuba. Hoy, las dos dictaduras solo se hablan a través de un hijo natural llamado Frente Polisario. No se sabe con certeza lo que pasó y por qué ambos regímenes se dan transitoriamente la espalda y arriesgan un matrimonio de conveniencia de seis décadas.

Acuérdese de la promesa hecha por Fidel Castro al argelino Ahmed Ben Bella en octubre de 1963 en ocasión de la “Guerra de las arenas”: “Para Argelia cualquier ayuda que necesite”. Medio siglo después, también el hermanito Raúl Castro, General del Ejército, presidente de la República y jefe máximo del Partido Comunista de Cuba (PCC), repitió la misma consigna con motivo de su estancia en Argel, el 4 de mayo de 2015, camino a Moscú: “nosotros estamos al lado de Argelia y la apoyamos” (contra Marruecos).

En esa perversa lógica, la Cuba comunista convirtió a Marruecos en enemigo, mientras se intensificaba la comedia de la asistencia médica cubana a Argelia para justificar la transferencia a la isla de la módica cifra de 71 millones de dólares por año. De igual modo, Argel anunció en septiembre de 2016, el envío a Cuba de un cargamento de 515.000 barriles de petróleo subvencionado, seguido de tres otros envíos de 700.000 barriles cada uno, entregados en 2017 y valorados entre 200 y 300 millones de dólares.

“Entregamos a Cuba en 2017 tres veces 700.000 barriles”, le confesó a la agencia Reuters, Omar Maaliou, vicepresidente de la estatal petrolera Sonatrach a cargo del comercio y mercadeo. “Haremos lo mismo este año (2018). Los primeros 700.000 barriles están a punto de ser entregados”, agregó el funcionario.

Esas segundas nupcias duraron relativamente poco, a causa, sobre todo, del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre La Habana y Rabat en 2017 que cambió las reglas del juego. En el proceso, y una vez Abdelaziz Bouteflika fuera del Palacio de Al Mouradia, los nuevos amos de Argelia, optaron por romper rompe la soga por lo más delgado. Se frenó el envió del crudo a la isla y, sobre todo, se confinó al millar de sanitarios cubanos presentes en Argelia, asignados a residencia o relegados a actividades de rutina, ginecología y pediatría, mientras el país luchaba contra la pandemia Covid-19.

Con la elección de Abdelmadjid Tebboune, un desopilante actor segundario impuesto por los “Caporales” (los Generales de Salón), los cubanos solo pueden llorar al amigo Bouteflika y añoran los “gratos momentos compartidos” con el difunto expresidente.

En crónica publicada el 19 de septiembre, el diario Granma, la biblia de los comunistas cuban os, califica a Abdzelaziz Buteflika de “gran amigo de Cuba”, mientras que Abdelmadjid Tebboune apenas ha merecido la mención de “actual mandatario argelino”.

Los cubanos, maestros en el arte del ocultamiento, intentan disimular, pero las desavenencias son enormes. La dirigencia comunista decretó, el 20 de septiembre, una jornada de duelo nacional en homenaje al “amigo” Bouteflika, ordenando izar la bandera a media asta en los edificios públicos e instituciones militares y suspender todos los espectáculos públicos y actividades festivas en la isla.

Sin mucho entusiasmo, la prensa del holding castrista dio cuenta, citando una nota de la embajada cubana en Argel, del envió por el General del Ejército y expresidente de la República, Raúl Castro Ruz, y el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, de mensajes de condolencias al “actual mandatario argelino”.

Mientras, en La Habana se seguía deshojando la margarita del Polisario, único as en su manga para el intercambio de favores con Argelia, y de esa forma, el castrismo y su alma gemela, el chavismo, no flaquearon cuando fueron requeridos, el pasado mes de agosto, para convencer a las hermanas Repúblicas del Perú y de Bolivia de restablecer las relaciones con el ente virtual llamado la “República saharaui”.

Así, pese al desaire argelino, el canciller cubano Bruno Rodríguez, recibió el 14 de septiembre, al representante del Polisario en Nueva York, Mohamed Omar, en visita a Cuba supuestamente para hablar, según consignó en su cuenta oficial de Twitter, de “los vínculos históricos” entre los pueblos cubano y saharaui y de la “entrañable amistad entre nuestros principales líderes”.

El tuit del ministro Bruno Rodríguez no es sino otro bulo informativo, parecido a aquel posteado el 29 de junio por su viceministra para asuntos económicos, Déborah Rivas, afirmando haber recibido al “embajador saharaui” en la isla, alias Omar Bulsan, para intercambiar “sobre el fortalecimiento de los vínculos económicos y comerciales (sic) entre nuestros países”.

El mejor retrato del distanciamiento entre los dos regímenes es el tiempo que se ha tomado Argel para nombrar un nuevo embajador en La Habana, después del misterioso deceso de Kamel Boughaba, fallecido el 11 de enero en el Hospital Militar de Aîn Naâdja, en Argel.

Fuente: Notilamar

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