Cronica desde TindufFeatured

La pólvora mojada de Ghali Razones de unos tambores de “guerra”

 

 

No importa quién soy ni cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Las amenazas de “guerra” proferidas por Brahim Ghali provocan un océano de risa e ironía. “Se pasa la vida mendigando ayuda humanitaria internacional y enarbola armas sofisticadas para llevar a cabo su guerra”.

A nadie aquí, en esto tristes campamentos, escapa la razón de estas nuevas vociferaciones. Para EL G.M L “es una respuesta a la decisión americana de establecer un mecanismo electrónico para controlar la ayuda humanitaria a una población a la que Ghali, en vez de prometer, comida, le anuncia guerras”.

Si controlan es porque saben que se roba y si aceptan es porque admiten ser ladrones. Los tambores de guerra es la solución para eclipsar la desconfianza americana y, de paso, desviar la atención de la p obre población de este Gulag argelino.

En esta óptica A Ghali llueven ordenes internacionales de busca y captura por crímenes contra la humanidad. ¡Qué más da una más!

Brahim Ghali y sus fanfarronadas se han convertido en el mejicano Cantinflas de los campamentos, aunque él lo dice y lo hace en serio.

Degradación humana que hace a la inmensa mayoría de la gente en estos tristes campamentos a sentir una profunda vergüenza de estar aquí y de seguir a alguien como Ghali y sus 40 ladrones.

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