Hay una intención matemática en la existencia humana, las situaciones, los problemas tienen una solución, ya conocida o que se busca.
Es también el sentido lúdico de ciertos aspectos de la vida, como los juegos, los rompecabezas, los crucigramas, todos tienen una solución.
Esa solución es la respuesta al problema enunciado, y se convierte en el modelo de la vida, ya que se debe encontrar el modo de resolver cualquier cuestión.
Más existe una primera consideración al respecto, pueden encontrarse diversas soluciones, no todos piensan en una resolución igual, y entonces tenemos varias respuestas para un mismo problema.
Ni hablar cuando entran en juego las ideologías.
El devenir de la historia nos ha mostrado como se han modificado respuestas que parecían inmutables creídas a pies juntillas por todos, y que luego fueron desacreditadas.
Además hay aspectos, no sólo científicos, que durante siglos han permanecido sin resolver, y otros que todavía continúan irresueltos, esperando una solución.
Pero el hombre cree que hay una solución, esperando una respuesta.
¿Todos los aspectos de la vida tienen una solución? ¿Todas las preguntas tienen respuestas?
Despejemos la cuestión, sacando aquellas que pueden tener varias o muchas respuestas; consideremos también dejar de lado las que nosotros creemos que hay una respuesta, como que no puedo probarlo ahora, pero que en algún momento se conocerán.
Hagamos introspección, miramos hacia el interior pensando si en verdad hay preguntas sin respuestas.
Saquemos la intención, el anhelo de suponer que todo puede responderse, que a todo le encontramos solución y que podemos responder a todo.
Honestamente pensemos si hay algo, o mucho, de lo cual no tenemos la solución, a cuya pregunta no podemos responder, encontrándonos incómodos y desorientados.
¿Qué hay en nuestra vida que no tiene respuesta?
¿Qué es lo que no tiene solución?
Es una perfecta y sutil forma de empezar a conocernos mejor, de comenzar a entender quien somos.
Desde la falencia, desde la realidad de nuestra finitud y nuestra incomprensión.
Enumeremos los problemas que se nos plantean a diario, de los cuales poco sabemos, los tapamos, los ignoramos o preferimos dejarlos de lado.
Empezaremos a comprender que la pregunta sin respuesta, está en nosotros, que no sabemos ni podemos dar respuesta de nosotros mismos; que esa pregunta es el YO, ¿quién soy?
Esta comprensión nos llevará a la realidad, a la verdad.
Notaremos lo que nos falta en la construcción humana, iniciaremos un nuevo camino existencial hacia el conocimiento de nuestro verdadero ser, hacia la concreción de nuestra personalidad como debe ser.
Tomaremos cuenta, de cuantas veces hemos dejado de lado el deber, lo debido en el sentido de la acción a realizar, las veces que hemos priorizado situaciones materiales a los afectos, los sentimientos, la solidaridad, cómo hemos dejado pasar la vida sin alcanzar el objetivo genuino de ella, sin haberla vivido con responsabilidad, con aprecio, con amor.
Empezaremos a buscar soluciones, a encontrar respuestas genuinas, aún a despecho de aquello que dice Ingenieros de la filosofía, que busca las primeros principios, y cuando los encuentra aparecen otros anteriores.
Es decir que se convertirá en una tarea perpetua, continua, que va con nuestra proyección y nuestra historia hasta el fin de nuestra vida.
¿Cómo hacerlo?
Sólo es posible desde el amor, siguiendo aquel concepto de San Agustin, ama y has lo que quieras porque todo lo que hagas estará bien.
¿Podemos encontrar la respuesta?
Es posible que aparezca una solución, pero que otro problema la empañe e iniciemos de nuevo la búsqueda.
Es la condición humana, así es nuestra existencia.
No te preocupes, trabaja y ama en procura de una existencia bondadosa, solidaria y feliz.
No dejes de buscar, aunque creo que la respuesta no la encontrarás.
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