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LA PROMESA por: Elías D. Galati (La Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

La promesa es la expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él una cosa.

En sentido jurídico es el ofrecimiento solemne equivalente al juramento de cumplir bien los deberes de un cargo.

Debe tenerse en cuenta que si bien es una expresión unilateral de voluntad, genera una relación con otro u otros, y casi siempre una responsabilidad.

Es un acto libre de una persona, por motivos diversos, de todo tipo, al cual no está obligada, pero que en el momento de contraerla genera una obligación en principio de carácter moral y en caso de ser una promesa pública una obligación legal.

En nuestra vida cotidiana vivimos haciendo promesas implícitas o explícitas.

Banales y solemnes. Que nos comprometen o que nos hacen esquivos.

Promesas para salir del paso, promesas para posicionarse, promesas por conveniencia, promesas para hacer favores o hacer el bien.

Prometer es obligarse a hacer, decir o dar; también a cumplir requisitos o condiciones.

Se puede prometer fidelidad, obediencia, adhesión, ayuda o auxilio, asistencia y cooperación.

Todos desde nuestra mas tierna infancia hemos prometido, portarnos bien, cumplir los deberes, no reñir y en general las condiciones que hacen a una buena vida de relación.

Con el tiempo las promesas tuvieron otro status. Prometimos defender la Patria, cumplir las normas sociales,  y en particular cuando adherimos a una institución social, cultural o política, aceptar, defender y propagar sus propuestas.

En otros tiempos y con la conciencia social del efecto de la palabra, la promesa era ley.

Si uno había dado su palabra, el cumplimiento era obligatorio, aunque no estuviera escrito ni ordenado. Era nuestra palabra empeñada.

En nuestros matrimonios hemos prometido fidelidad, cuidado, amor y ayuda, de una u otra forma sostenida por el requerimiento social.

En el ejercicio de la función pública, aquellos que accedieron a tener un cargo, prometen fielmente cumplir con su rol, y con aquello a que se han comprometido.

A veces pidiendo que Dios y la Patria se lo demanden.

Cuántas promesas hemos hecho en nuestra vida, y cuántas hemos incumplido, por impericia, negligencia, por cambiar de actitud, por rencor, por dejadez o simplemente porque creímos habernos equivocado.

Más de la falta de cumplimiento de la promesa a la traición hay un paso muy corto.

En primer lugar nos hemos traicionado a nosotros mismos, porque en el momento de prometer libremente elegimos.

Luego a quienes en nosotros confiaron y nos dieron no sólo su apoyo y ayuda, sino quizás también una responsabilidad.

Es aún mayor el cambio de la ideología, cuando uno abjura de sus principios, rompiendo todos los cánones personales y sociales.

Alguien dijo, quizás cambiar de ideología es no haberla tenido nunca.

Con lo que nos remontamos al comienzo, quizás el incumplimiento y la traición fue ab initio.

La promesa tiene una exigencia, su cumplimiento. Ya sea una obligación legal, moral o social.

Si se ha prometido, se debe cumplir.

Porque eso es el compromiso, comprometerse con el otro, o los otros.

Volvamos la mirada hacia atrás, miremos a nuestra infancia.

Quienes éramos, que prometimos, y que deseábamos ser.

Que ha quedado de ese fulgor, de esa prístina y maravillosa concepción de la vida y de la sociedad que teníamos.

Que fue de nuestros ideales, de cambiar la sociedad y el mundo para mejorarlo.

Creer que con nuestra generación podíamos conseguir lo que otros no pudieron, hacer una vida bella, solidaria, de bondad y de paz.

¿Somos capaces de seguir prometiendo? ¿Seremos capaces de empeñarnos con todas nuestras fuerzas para cumplir?

Elías D. Galati


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