América LatinaCrónicasFeatured

LA TRISTEZA DE LA VIOLENCIA, Elias D. Galati (Argentina)

Reflexión

La violencia trae muerte y destrucción.

Además sume al hombre y a las comunidades en una profunda tristeza.

La tristeza, dice Spinoza, es mala, hace daño; hay que despojarse de ella.

Pero como despojarse de la tristeza en un mundo donde a cada momento hay  guerra, terrorismo, discriminación, miseria e injusticia.

La miseria y la injusticia son causas de la violencia, pero hay otra causa profunda, interior, que es la soberbia del ser humano.

Es el pecado de Adán, querer ser Dios, tomar en mis manos el destino y a mi sola voluntad proceder en consecuencia.

Entonces la libertad, la justicia, el deber, el derecho están en mis manos, y son de acuerdo a lo que ordeno y promulgo.

Castigo y bendigo a discreción, a mi conveniencia, y porque así lo deseo.

La soberbia es la culminación del egoísmo y de la perversión del individuo.

Estoy por encima de mis semejantes y sus decisiones me pertenecen, deben ser como lo ordeno.

El mundo se vuelve gris, desaparecen los colores; los sentimientos y las emociones chocan entre sí, porque surge como culminación lo que tendría que desaparecer.

La terrible paradoja existencial de la violencia, es aquella que determina hacer la guerra para conseguir la paz.

¿Es que el hombre abdicó de la razón? ¿ no cree que es posible hacer entender que es lo que se debe, cual es la conducta? ¿ no se puede educar, enseñar  las virtudes y los modos pacíficos?

Pareciera que hemos desistido de toda racionalidad, y sólo nos movemos por la fuerza.

El individuo, la sociedad, se deprime, se angustia, entra en desazón y descree de los valores y las virtudes esenciales.

Nadie puede en su sano juicio creer, ni pretender demostrar que es feliz en medio de la contienda bélica, en el terrorismo, en la discriminación, en la injusticia, en el autoritarismo, o en el aprovechamiento del otro.

Acaso hemos dejado de creer en el hombre.

Acaso involucionamos hacia nuestro origen animal.

Es el hombre bueno por naturaleza y la cultura lo denigra, o necesita de la cultura para ser bueno; es una discusión filosófica casi eterna.

Pero hay una línea muy fina entre la naturaleza del hombre, con la agresión necesaria para vivir y la violencia.

Nuestro alimento esencialmente es compuesto de seres que mueren para ser nuestra comida.

Es la agresión adaptativa la necesaria para sostener la vida.

En la carta enviada por el cacique Seattle al presidente Pierce en 1854, cuando pidió comprar las tierras de su pueblo dice: “El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.  ¿Qué seria del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; porque lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.”

Hay una fuerza en cada ser, indispensable para su subsistencia, manifestada en su voluntad y empeño de continuar en el camino de la vida, y en ese sendero encuentra dificultades que debe sortear.

A veces esas dificultades son opuestas y debe ser agresivo, pero el límite racional de la agresión es la subsistencia.

Agredir sólo para sobrevivir, sin otro connotación, sin otra condición.

La educación, la cultura, debe mantener al hombre dentro de los límites de la agresión adaptativa, debe enseñarle cuándo y cómo, que es lo permitido y que es lo prohibido.

Es una tarea de todos, de los líderes, de los referentes, pero del hombre común también que debe con su conducta señalar el comportamiento correcto en estos casos.

El mundo está sumido en una profunda tristeza, fruto de la desazón, de la incomprensión, y del desánimo por tanto tiempo transcurrido, por tantas propuestas señaladas que caen en el vacío y no prosperan.

La violencia destruye pero también entristece, la tristeza es mala e impide la felicidad del hombre.

Las comunidades son cada vez más grises, la tristeza se ha apoderado de ellas, no tiene alegría y ese sendero conduce a la tragedia.

SOY

Al Padre Mamerto en su cumpleaños

Soy el eco del pasado

o el rumor de lo que viene,

sólo sé que hoy lo vivo

como todos los que han sido.

 

Es el tiempo que he logrado

el presente que sostiene

o el futuro que me privo,

pues aún no lo he vivido,

 

Es el tiempo lo normado,

es la vida la que tiene,

soy aquello que recibo

 

o estoy porque fui llamado

desde cuando fui nacido

al amor de quien siempre ha sido.

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page