Cronica desde TindufCrónicasFeatured

La verdad desnuda: ¿Argelia, rehén del Polisario?

Atolladero

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Esperaba ansiosamente este instante de mi crónica para relatarlo: Un viejo amigo argelino de la época de la diplomacia polisarista en Caracas (Venezuela) me confesaba anteayer que su país (Argelia) “sabe pertinentemente que con el Polisario en el dorso no puede ir a ningún lado”.

Marca una breve pausa, converge su lirada hacia el cielo y enlaza “Pero ¿qué hacemos con el Polisario?”.

Mi amigo insinúa que la ayuda de Marruecos en este caso es clave. ¿Cómo? No contesta y dice mejor no contestar. Al recordarle que fue Argelia y las peregrinas promesas del difunto presidente Houari Bumedian de que Marruecos no resistiría un año, mi amigo, un ferviente patriota argelino y un nacionalista de primera hora se limita a hacer un profundo suspiro y susurra: “Que Dios Solucione este problema”.

En tiempos normales, mi amigo me revela que, con relaciones con Marruecos, Argelia se habría ahorrado miles de millones dilapidados en la promoción del espejismo polisarista y hubiese beneficiado de su experiencia en múltiples dominios, reconocida por todas las instancias internacionales. “Pero…”. Allí se queda.

Los enemigos de Argelia se congratulan por su adopción del Polisario. “Así mientras que otros avanzan, nosotros retrocedemos. ¿Era así Argelia antes del Polisario?”.

Mi amigo tiene razón, aunque la verdad es que la realidad es infinitamente más amarga.

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