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  Las apariencias que no engañan: Entre los asaltos a la valla de Melilla y a la Moncloa

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En mayo del 2021, una avalancha migratoria hacia Ceuta había provocado la de San Quintín entre cierta prensa española que puso el grito en el cielo, convirtiendo incluso la entonces crisis entre España y Marruecos en un asunto migratorio y no la presencia en el país vecino de un genocida.

Viernes 24 de junio del 2022. Vuelve a producirse otra avalancha, pero esta vez, no marroquí, violenta y desafiante, tanto para con el país huésped como el que se busca serlo. El grito en el cielo esta vez es contra los que trataron de frenar la avalancha, con un tributo de muertos y heridos entre sus fuerzas de seguridad, llamadas a hacer respetar y cumplir los compromisos del Reino, protegiendo sus fronteras y las de los vecinos.

Curiosa diferencia de actitud, tanto que induce a creer que Marruecos (porque les sirve en su guerrilla contra Pedro Sánchez y el gobierno español), los subsaharianos y el niño muerto son más que pretextos. El objetivo es la Moncloa… A la Moncloa o al charco, como diría un maño.

Por su parte el Reino de Marruecos, esta metamorfoseada actitud e intención no le impide/no le impedirá a cumplir total y debidamente con sus compromisos internacionales en materia de vigilancia de sus fronteras.

Planteemos el asunto de otra forma: Si los servicios de seguridad, entre los cuales se deploran mártires y heridos, algunos de gravedad, hubiesen dejado a los casi 1000 subsaharianos con sus palos y armas blancas a franquear la valla de Melilia, sería realmente interesante, casi aleatorio imaginar, aunque por un solo segundo, la actitud de los que desaprueban hoy la actitud de Marruecos y la reacción del Presidente del Gobierno de España a aquella agresión caracterizada contra la cortesía y la hospitalidad del país huésped y contra la integridad territorial de su vecino español.

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