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Las relaciones preliminares de amistad entre el sultán Sidi Muhammad ben Abdallah y Carlos III, que culminaron con la firma del primer tratado de paz y comercio que tuvo lugar el 28 de mayo de 1767 Por: Mustafá bouloufa

Tribuna infomarruecos.ma

 

Sidi Muhammad subió al trono en 1757, dos años antes que el rey Carlos III. Antes del advenimiento de estos dos soberanos, las relaciones diplomáticas no estaban rotas del todo, pero estaban tensas y de poco entendimiento. Tampoco los intercambios comerciales y humanos fueron brillantes.

 Este hostil ambiente, se remontó a la cruel actitud política hacia los moriscos, y su expulsión del territorio español adoptada en 1610, se contestó con el corso, la alianza con los enemigos de España-Inglaterra a la cabeza- y el asedio constante a los presidios. Las principales víctimas de este bélico ambiente fueron los cautivos, tanto españoles en Marruecos como musulmanes en España.

 Los sultanes marroquíes que precedieron a Sidi Muhammad hicieron incesantes ataques sobre Melilla y otras plazas, sin embargo, el pertinaz cerco hacia Ceuta liderado por su abuelo Muley Ismael duró treinta y tres años (1694- 1727), considerado el periodo más dilatado y duro de la historia, no cesó hasta a su muerte

Al llegar al trono, Sidi Muhammad fue recibido por todo el pueblo marroquí con alegría y festejos, porque la gente estaba agotada por los treinta años de guerra civil, causada por varios hijos de Muley Ismael, nacidos de diversas mujeres, que lucharon entre sí sobre el poder. Los acontecimientos que transcurrieron durante esta guerra civil fraternal sirvieron de gran lección a Sidi Muhammad, para construir su poder sobre nuevos cimientos.

 A diferencia de su abuelo, que gobernó con mano dura y aisló Marruecos del mundo exterior, Sidi Muhammad fue un verdadero monarca ilustrado de su época; supo entender los problemas sociales de sus súbditos, y pudo abrir su país ganando el prestigio exterior realizando varios convenios y tratados con distintos países occidentales.

Con España Sidi Muhammad mantuvo una relación muy especial al resto de países, con España mantuvo vecindad, la vida diplomática, la paz y cooperación, transformándolo de un país enemigo tradicional en aliado.

  A inicios de abril de 1767 Sidi Muhammad tomó la iniciativa para acercarse a Carlos III, le escribió una carta, carta que fue el comienzo de amistad, culminada con el famoso tratado de paz y comercio de 28 de mayo de 1767.

la carta fue enviada con dos religiosos Carmelitas, esclavos del sultán, quien los regaló en prueba de afecto al soberano español, junto con leones y avestruces.

En esta carta el soberano marroquí solicitó al rey de España que diera la libertad a catorce musulmanes cautivos en la Carraca (provincia de Cádiz), trece de los cuales eran marroquíes y el último era argelino, que fueron apresados bajo la bandera marroquí.

 En la mencionada carta Sidi Muhammad solicitó también a Carlos III el intercambio reciproco y gratuito de los cautivos que estuvieron entre los dos países, le dijo que los cautivos frailes españoles que existían en sus dominios estaban bien tratados, atendidos y no estaban  forzados a trabajar, y  le pidió  que se concediera el mismo trato también a sus talbes (sacerdotes) que cayeron por azar en los penales  de España, y le explicó que los talbes gozaban de mayor respeto y consideración que los arráeces (capitanes de barcos), por lo que le pidió que les ponían en la ropa una señal distintiva, que les distinguía del resto.

Después de mandar esta carta, el sultán comunicó a los misioneros franciscanos que estuvieron en su país para  mediar ante el gobierno español de Márques de Esquilache en las negociaciones de la amistad, y les pidió también que mediaran ante el mismo para enviar a Carraca (Cádiz), u otro sitio donde hubiera cautivos marroquíes, un predicador que les asistiera espiritualmente en sus ritos y ceremonias, de la misma manera que el sultán había hecho con los religiosos franciscanos  concediéndoles entera libertad a atender a los cautivos españoles en Marruecos.  Esta solicitud fue negada por el gobierno español, escudándose en que una solicitud semejante fue denegada a los protestantes de origen inglés y holandés.

Los dos frailes Carmelitas que Sidi Muhammad mandó a Carlos III como prueba de afecto, salieron de Marrakech el 14 de abril de 1765 con la comitiva que conducía el regalo, llegaron a Madrid a finales de agosto del mismo año. Carlos III “dio saltos de alegría”, es la expresión que utilizaba el historiador marroquí de la época, Ahmed al Nasiri, para describir el estado de ánimo del rey de España al recibir la propuesta de amistad sugerida por el sultán marroquí.

Cordialmente el soberano español contestó a la carta de Sidi Muhammad, diciéndole que habían llegado a Madrid los dos frailes Carmelitas “a quienes magnánimo y generoso, habéis dado libertad, con leones y avestruces que me enviáis de regalo”, le agradeció por los regalos, Y le comunicó que había dado orden de que se buscara a todos los marroquíes que estaban en su dominio, y le prometió tratar también con distinción a los talbes o sacerdotes marroquíes que pudieran caer en su poder.

De los catorce esclavos musulmanes que pidió Sidi Muhammad , solo fueron hallados seis, a pesar de haberse buscado en diferentes ciudades de España, y los seis fueron remetidos a Marruecos.

Para corresponder a su regalo de leones y avestruces, Carlos III le envió algunos frutos de producción español, varias telas de diferentes colores, cientos de cajas de chocolate y tabaco. Este último fue descartado por su “poca estimación”.

También el soberano español se mostró dispuesto a establecer comercio con Marruecos, comprando trigo y otros productos, y “vender los de España que fueran necesarios en el territorio marroquí”.

 El sultán marroquí rechazó la oferta de vender el trigo a España, argumentando que no lo concedía a ningún país con quien vivía en paz, además la cosecha en estas fechas estaba mala y apenas abastecía el mercado interior. Pero, si lo concediera a alguien, Carlos III sería el favorecido.

 Pero si el sultán fue exigente en el punto de trigo, fue muy generoso en exportación a España de otros muchos productos, como harina, lentejas, garbanzos y otras legumbres, almendras, higos, aceite, mantequilla, jabón, carne, etc.

También ofreció los puertos de Marruecos a la cabeza el de Mogador a las embarcaciones españoles para que pudieran acudir a él con entera libertad, sin que las mercancías allí embarcadas hubieran de pagar derecho de salida, y también si los navíos españoles llevasen sus géneros a los puertos marroquíes, hubieran de pagar los derechos de entrada rebajados.

Inglaterra comenzó a ver con malos ojos las buenas perspectivas de las negociaciones entre España y Marruecos, temiendo por la perdida del monopolio comercial que entonces ejercía en el norte de Marruecos debido a su cercanía al peñón de Gibraltar, empezaba a mover hilos desde dentro de Marruecos, utilizando el chivatazo de los judíos como el caso de Jacobo Benider que trabajaban en diferentes oficios con el sultán, con el fin de enterarse de todo lo que pasaba entre los dos países vecinos.

Ante las maniobras de Inglaterra para obstaculizar las buenas negociaciones de amistad entre España y Marruecos, Carlos III designó para viajar a Marruecos como embajador y hombre de confianza a Fr. Bartolomé Girón de la Concepción, que años anteriores vivía en Marruecos como misionero.

Girón embarcó en un jabeque a mediados de noviembre de 1765 rumbo a Tánger con instrucciones y regalos. Fue recibido por el sultán el 2 de febrero de 1766 en audiencia solemne, pronunciando un discurso brillante, en el que abordó los puntos principales de “las instrucciones” que le habían sido encomendados por el gobierno de Marques de Grimaldi. Como el Padre carente del poder político dejó muchos temas pendientes de resolver.

Aprovechando la ocasión, el sultán solicitó al Padre Girón escribir al gobierno de España para que le enviaran tres o cuatro carpinteros y dos picapedreros con el fin de emplearlos en la construcción de un palacio que tenía en proyecto.

 El regalo que había traído el Padre Girón había gustado mucho al sultán y había llegado en buenas condiciones, y lo que admiró más el Padre son las expresiones de aprecio del sultán hacia Carlos III. Estas expresiones, según el misionero, han sido pronunciadas en público delante de los representantes de otros países extranjeros. 

Para corresponder al regalo de Carlos III, el sultán marroquí decidió enviarle otro, compuesto por seis camellos, cuatro caballos y un furioso león.

El sultán encargó a su secretario Ahmed al Gazzal a conducir el regalo a Carlos III y le nombró embajador, le entregó una carta, en la cual el sultán dijo a Carlos III entre otros temas, que había liberado noventa y ocho cautivos españoles y napolitanos. Carlos III fue llamado a ocupar el trono español cuando murió su hermano Fernando VI sin hijos, en 1759. Carlos III o di Borboni era por entonces rey de las Dos Sicilias o Nápoles, que hubo de dejar el reino de Nápoles a su tercer hijo varón, Fernando, que reino en Nápoles como Fernando IV hasta 1825.

En su viaje a España,  Ahmed al Gazzal llegó a Tánger el 30 de abril de 1766, de ahí se dirigió por mar a Ceuta, donde permaneció desde el 22 hasta el 29 de mayo, y yn estas fechas pasó a Algeciras, acompañado de una comitiva compuesta por los parientes del sultán, por supuesto, iba con él el misionero P. Girón de vuelta a España. 

Tanto Al-Gazzal como su séquito desde que desembarcaron en Algeciras hasta su llegada a Madrid fueron obsequiados y cortejados y tratados con los debidos honores.  El 21 de julio fue recibido por Carlos III, que en estas fechas murió su madre Isabel Farnesio, estaba de luto, pero no dejó de tratar espléndidamente al embajador marroquí.

Después de tratar diferentes puntos de negociaciones sobre la paz en Madrid con el primer ministro M. de Grimaldi, y después de intentar convencer a la corte de España de firmar la paz con Argel y Trípoli, propuesta que fue rechazada por el monarca español debido a su desconfianza hacia aquellas, Al-Gazzal viajó a Cartagena 21 de noviembre de 1766, ahí permaneció hasta el 6 de diciembre, día en que se inició su marcha hacia Granada y de allí a Cádiz.

 En su vista a los penales de Escorial y Cartagena, Al-Gazzal relataba en su diario de viaje “kitab natiyat al ijtihad fil muhadana wa jihad  (consecuencia del esfuerzo en la paz y en la guerra), el encuentro con los cautivos musulmanes, que fueron puestos libres en sus manos unos trecientos esclavos musulmanes.  También le fueron devueltos los libros arábigos capturados por España en los tiempos anteriores, pedidos por el sultán marroquí.

Para corresponder a la embajada de Ahmed al- Gazzal, Carlos III decidió enviar un embajador al sultán, recayendo la elección en el jefe de Escuadra de Real Armada, Jorge Juan.

Los dos embajadores, Jorge Juan y Ahmed al-Gazzal, de Cádiz se dirigieron a Tetuán, a donde llegaron el 20 de febrero de 1767, emprendieron luego un viaje por tierras de Marruecos que les llevaron a Marrakech. El 16 de mayo, siempre en compaña de Al-Gazzal, Jorge Juan fue recibido por el sultán con mayor distinción. El embajador español se esforzó ante éste a defender los puntos que su gobierno quería que fueran aceptados por Marruecos antes de llegar a un verdadero tratado de paz y comercio.

 El embajador español, Jorge Juan, dio al sultán un regalo muy variado, del mismo regalo formaban parte un anillo y varios animales: dos ositos mansos, algunos pájaros (loros, guacamole), y perros de presa. Estos regalos el sultán los había repartido entre sus hijos y su primo Mulay Dris.

El embajador español regaló también al sultán marroquí tres tiendas de campaña, procedentes de Barcelona y que fueron montadas por un tal don Carlos costa, que vino a Marruecos con la misma embajada de Jorge Juan.

El sultán agradeció en una carta a Carlos III por los regalos, y ensalzó a Jorge juan “ por su inteligencia, su distinción y las cualidades que posee de justicia y cultura, conveniente para entrevistarse con los reyes”.

Tal como se esperaba, la gestión llevada por las embajadas de ambos países, no podía menos que culminar con la firma del primer tratado de amistad y de comercio entre España y Marruecos, que tuvo lugar el 28 de mayo de 1767.

En este tratado en cuyas negociaciones intervinieron Ahmed al-Gazzal y Jorge Juan, figuraban 19 artículos. El texto árabe de este tratado fue publicado por el profesor Muhammad Aziman en su artículo “El texto árabe original del tratado de paz y comercio entre España y Marruecos, conocido por el tratado de 1767”, publicado en árabe en la revista Tamuda en 1956. Y el texto español fue publicado por Alejandro del Cantillo en su colección de “tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio”, Madrid, 1843.

 Si exceptuamos el artículo dieciocho de este tratado que originaba polémica hasta nuestros días sobre los dominios del sultán que no llegaban hasta el sur de Marruecos, según la versión española, todos los otros artículos desembocaron en el mayor entendimiento diplomático y comercial mutuo entre los dos países vecinos.

El tratado de 1767 fue un tratado de paz, amistad y de comercio, realizado en el contexto de unas relaciones amistosas. A diferencia de otros, el de 1767 no fue sometido a obstáculos de guerra como el de 1860 u otros parecidos.

Tras la firma de este tratado, España dejó instalados en Marruecos, la primera vez de forma oficial en la historia, un cónsul general, en la persona de Tomas Bremond, que fijó su residencia en Larache, y tres Vicecónsules: Jorge Pattisiati, en Tetuán. Francisco Pacheco, en Tánger. Pedro Suchita, en Mogador. Así que las relaciones hispano marroquíes marcaron un antes y un después durante la época de estos dos reyes, se cerró una página de hostilidad y se abrió otra de paz, amistad y comercio mutuo.

Referencias:

Palacio Atard, Vicente: “Primeras negociaciones entre España y Marruecos en 1765”, en revista Hispania, Tomo XI, número XLV, Madrid 1951, pp. 658-659.

 Arribas Palau, Mariano: “La estancia del Padre Girón en Mequinez (1766)”, en revista Awraq, número 5-6, Madrid, 1982-83 Arribas Palau, Mariano: “La correspondencia inicial entre Carlos III y el sultán de Marruecos (1765-67), en revista Al-Qantara, Volumen II, Madrid 1981.

Arribas Palau, Mariano: “Los perros que llevó Jorge Juan de regalo a Marruecos”, en revista Africa, 1975.

 Arribas Palau, Mariano: Un montador de tiendas de Barcelona en la comitiva de Jorge Juan (1767)”, en revista Tamuda, semestre II, Tetuán, 1953.

Lourido Díaz, Ramón: “Los misioneros franciscanos y su participación en el tratado de Paz Hispano-marroquí de 1767”, Archivo Ibero-Americano, numero133, año XXXIV, Madrid, 1974.

 Lourido Díaz, Ramón “Marruecos y el mundo exterior en la segunda mitad del siglo XVIII”, Madrid, 1989.

 Lourido Díaz, Ramón: “Marruecos en la segunda mitad del siglo XVIII, vida interna: política social y religiosa durante el sultanato de Sidi Muhammad B. Abdallah, 1757-1790.

 Jalid al-Nasiri al-Salawi, Ahmed: “Kitab al-Istisqa li ajbar duwal al Maghreb al aqsa”, Casablanca, 1959.

 Carmona Portillo, Antonio: “Los años de penuria. El cerco a Ceuta de Muley Ismael (1696-1727)”, Conferencia pronunciada en la Casa de Ceuta en Cádiz el 23 de octubre de 2013.

Laroui, Abdallah: “Historia de Marruecos”, Madrid, 1994.

Rodríguez Casado: “Política marroquí de Carlos III”, Madrid, 1946.

Larbi Messari, Mohammed: “Las relaciones difíciles. Marruecos y España”, Almuzara, España, 2009                                                                                                             

           Eddahbi Tarik, investigador doctorando en las relaciones hispano-marroquíes durante la segunda mitad del siglo XVIII

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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