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Latinoamérica se merece más atención de parte de Marruecos   Por Hassan Achahbar

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Hassan Achahbar experto marroqui en cuestiones latinoamericanas

Marruecos logró notables resultados en sus relaciones con los países de Latinoamérica y el Caribe, revertiendo una situación difícil creada durante los años de la guerra fría por Argelia y compañía a favor del separatismo saharaui.

   Lo logró a fuerza de dedicación, tiempo, esfuerzo y  perseverancia, pero falta por recorrer un gran trecho y sigue habiendo en el hemisferio países dubitativos a atraer y otros refractarios a convencer, incluidos los del “Eje del Mal” (Cuba, Nicaragua y Venezuela), quienes, atrapados en su labirinto ideológico, invocan mil razones para no cambiar.

   Recientemente, la ofensiva marroquí en la región marcó un nuevo hito, un punto a favor, luego de la renuncia del indígena Evo Morales a la presidencia de Bolivia en noviembre de 2019.

   Parecía difícil pero a mediados de enero de 2020, la presidenta interina, Jeanine Áñez, optó por cortar por lo sano congelando todas las relaciones con la virtual “República saharaui” para así inaugurar una nueva era en la cooperación con Marruecos.

   Dicho esto, hay que enfatizar en que pese a su buen desempeño, la diplomacia marroquí padeció y padece la falta de seguimiento de los resultados alcanzados y a menudo rehúye las discrepancias para evitar la confrontación.

   Hace un año, el canciller Nasser Bourita realizó una gira por cuatro países en la región. Primera y última desde su instalación en 2017, la gira culminó en San Salvador donde el presidente Nayib Bukele le obsequió con el congelamiento inmediato de las relaciones entre El Salvador y la virtual RASD.

   Entiendo que la agenda del ministro está a tope y que asuntos bien relevantes retienen su atención y requieren su total dedicación. Sin embargo, esto no significa que su departamento deba descuidar otros asuntos de igual importancia como son las relaciones con el subcontinente americano.

   Respecto a El Salvador, por ejemplo, llama la atención el hecho de que un año después de la importante decisión del presidente Bukele, Marruecos aún no se decide a abrir una representación residente en San Salvador conforme se convino entre las partes.

En cambio, El Salvador, anunció por boca de su canciller, Alexandra Hill Tinoco, durante su visita en diciembre de 2019 a Marruecos, el nombramiento próximo de un jefe de misión y, al parecer, la promesa de la ministra se cumplirá en breve, en todo caso antes de finales del presente año,  con el nombramiento de un embajador plenipotenciario en Rabat.

   Vale observar aquí una breve pausa para retrotraer a la memoria un asunto escabroso, bastante incómodo para la diplomacia marroquí. Se trata del lamentable caso de Panamá, un país que le retiró el reconocimiento a la virtual RASD en 2013, pero que se tuvo que retractar en enero de 2016.

   Ni que hablar del impresentable papelón que la honorable ministra de relaciones exteriores, Isabel de Saint Malo, le regaló el 11 de enero de 2016, a su par marroquí, Salaheddine Mezour, en visita a Panamá-City para anunciar la abertura de una embajada residente en el país istmeño.

   Es probable que el de Panamá no sea el modelo de diplomacia ejemplar, acorde con las realidades del nuevo siglo y como reflejo de la dimensión de un país emergente. Pero Marruecos tampoco demostró tener herramientas necesarias para  dar respuestas concretas al amateurismo panameño.

   La indelicadeza de la excanciller De Saint Malo no tiene parangón en la historia diplomática regional con respecto a un huésped de un país amigo. Si bien hubo otros ejemplos bastante espinados, como los protagonizados, diez años atrás por los gobiernos de Ecuador y Venezuela.

   En 2004, el presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez retiró el reconocimiento a la “RASD” y al ser  destituido por el parlamento el 20 de abril de 2005, su reemplazante, Alfredo Palacio, presionado por los movimientos de izquierda,  reanudó con los separatistas en febrero de 2006.

   Vale  destacar en ese sentido que, luego del cambio de régimen en Quito, el 24 de mayo de 2017, Marruecos tuvo una gran oportunidad para reponer las cosas en su sitio. No aprovechó el relevo presidencial y ahora tendrá que esperar el resultado de las elecciones del próximo año.

    El caso del Uruguay quizás sea el más ilustrativo  de esa inexplicable inhibición de la diplomacia marroquí a la hora de actuar para buscar respuestas oportunas y contundentes a nuevos desafíos que se le plantean en  la región.

   El primer gobierno del Frente Amplio, instalado en marzo de 2005 y movido por motivos puramente ideológicos, cometió un incalificable  error al otorgar su reconocimiento a un ente inexistente el 25 de diciembre del mismo año.

   En noviembre de 2008, una delegación marroquí viajó a Montevideo y pudo constatar in situ una realidad distinta a la defendida por el excanciller Reinaldo Garano. Sus interlocutores, la mayoría altos cargos en el gobierno, lamentaron la “equivocación” pero pidieron tiempo para enmendar el error. No hubo seguimiento.

   El pasado 1 de marzo, el Frente Amplio entregó el poder a la Coalición Multicolor integrada por cinco partidos de derecha que apoya el presidente Luis Lacalle Pou. El nuevo gobierno uruguayo dio señales claras de que su Norte no será la ideología sino el comercio y la economía. La diplomacia marroquí no debe esperar más tiempo para mover sus fichas.

 

Fuente: notilamar.com

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