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Lectura dominical, Literatura marroquí de expresión española: Testimonio ocular Said Jedidi

De: "Apuntes"

4 de octubre de 1947/7 de abril de 1956: 9 años. Pocos para poder reflexionar de manera coherente sobre el curso de los acontecimientos, pero más que suficientes para gravar y almacenar imágenes y escenas de aquellos últimos años de aquél frívolo protectorado, abierto, según, los abstractos y nunca terminados comentarios de las familias tetuaníes en voz baja, casi murmurando, a todas las audacias. Imágenes y escenas, embrión de lo que iba a ser mi opción literaria e inagotable fuente y caudal de la inspiración para mi modesta creatividad literaria. Indicios del fin de una época que se conocía por haberla vivido y el comienzo de una nueva que se ignoraba y se temía porque como todo misterio u opacidad suele ser incierta…reacciones de una intensidad difícil de definir, que, como diría Jean Monnet: “nada es posible sin los hombres, nada es duradero sin las instituciones”.

En efecto, fueron justamente las incidencias de los hombres y la complejidad de las instituciones de aquella época (para un menor como lo era yo) que forjaron irreversiblemente la trayectoria intelectual de muchos tetuaníes de aquella generación, para no cambiar nunca ni de rumbo ni de temática; aunque, eso sí, conservando una mezcla centesimal de rencor e indulgencia por el símbolo de una autoridad aborrecida. Se creía que unos (ellos) ‘protegían’ y establecían las reglas, otros (nosotros), apáticos y sobreexcitados, las acataban y padecían.

Sin embargo, independientemente de mi valoración política o moral de la época, creo que, por haber sido la más impactante en mi futuro desarrollo intelectual, resultó determinante en mis posteriores opciones literarias y, de manera general, en mi manera de expresión cultural. Tanto es asi que más de una de mis novelas ha sido catalogada como autobiográfica.

Todo estaba allí… con el menor esfuerzo de recuerdo y de análisis.

Hombres, circunstancias, instituciones y modelos de gestión y de administración. Todo un capital que se ha optimizado con vistas a dar lugar a una reflexión serena y atinada en torno a la época, al régimen y a su impacto sobre los que hemos vivido esta época o los que han leído sobre ella.

Más tarde, como muchos otros escritores o artistas de mi generación, me di cuenta de que sería anormal descuidar este caudal de material fácilmente narrable para ir buscando un nuevo y por consiguiente superfluo e incluso incierto esfuerzo de imaginación y de creatividad. Ello era la realidad. Lo demás la ficción. Esto se llamó después “literatura marroquí de expresión española”.

No nos costó mucho comprender esta inasequible realidad a través de una pertinente y apasionante lectura de la coyuntura y del contexto que nos proporcionó un sentido de expresividad propio de un pasado vivido, pero no extraño a un presente y un futuro nuestro que podía ser complementario para vivir. Una sensación interiorizada que vuelve a surgir, cada vez que decidimos escribir, bajo forma de relatos y expresiones de situaciones vividas.

De este modo, en esta óptica se enmarca el hecho de que Radio Dersa, toda una institución local, un auténtico orgullo de la ciudad de Tetuán y del norte de Marruecos, en general, haya inspirado y sigue inspirando a más de un escritor marroquí de expresión española y a muchos profesionales de la radio del norte de Marruecos, enriqueciendo el panorama cultural español en Marruecos, durante el protectorado e incluso después de la independencia. Su desaparición a finales de los años 50 había significado la pérdida de parte del patrimonio informativo-cultural de la ciudad y de la zona norte del país, permaneciendo su recuerdo, no obstante, independientemente de su finalidad política e y sus objetivos ideológicos, como una de las mejores estaciones de radio, fresca e inspirativa. Sus auditores y sus espontáneos discípulos se quedaron realmente huérfanos.

También se quedaron faltos muchos de esta época por la desaparición o la “metamorfosis” del hospital psiquiátrico de Sidi Frej y de “Mallorca” en el monte Dersa como lo recoge uno de los personajes de Grito Primal: “el Doctor Turrégano curó a medio Tetuán. Cuando estaba él, había muchísimo menos locos que ahora”.

“Cuando estaba…” o “Antes…” acaparaban las exclamaciones de muchos amantes de las letras y más exactamente las de Cervantes durante años como expresión de la añoranza de una época a pesar de que, desde el punto de vista de la identidad nacional, no se debía añorar porque, entre otras cosas, caucionar la ocupación sería, peor que un crimen… un error. No obstante, en tanto que base y referencia resultaba inevitablemente indispensable. Para algunos, porque no conocían otra, para otros porque era más cómodo, para todos porque era el pasado…una época que ha vivido Marruecos y algunos marroquíes y el pasado es algo inamovible, inalterable. Que se puede discutir o criticar, condenar o apreciar, pero nada… absolutamente nada recomienda olvidar o descuidar.

Imágenes y escenas que, para mí, hacían prescindible todo esfuerzo de imaginación de circunstancias o creación de situaciones e incluso exploración de estructuras e ideas. Todo estaba allí: historias, relatos, personajes, títulos… todo listo a ser analizado, ordenado y escrito. Con sus realidades, sus estrategias de disimulación, sus pensamientos que seguían un lento curso en sus más ínfimos detalles, el protectorado español en el norte de Marruecos fue y sigue siendo mi fuente de inspiración predilecta y mi materia de análisis y reflexión preferida.

Se trata de una labor de reciclaje cuando es imperativo y de lealtad hacia la historia para conservar toda la frescura de lo ocurrido y luego contarlo en el marco de una literatura-realidad. De curioso observador durante la infancia pasé a ser un interesado actor por mi entorno y de la prehistoria de la conciencia… la de mi época. Un pasado que, más que surgir, se fue imponiendo de manera vertiginosa en la que, sin quererlo, me encontré, junto a los recuerdos infantiles, héroe de mis propias historias. Las evidencias de mis recuerdos forjaron una certeza: el campo más fértil para mi creatividad debía situarse entre los últimos años del protectorado y comienzos de la independencia. La historia estaba allí, lista a ser relatada, por qué buscar en otro lado y de otra manera. Asi lo corrobora mi primera obra literaria, Grito primal:

“Por las estrechas callejuelas de su barrio, sólo se veían banderas rojas con una estrella verde en el centro y cuadros del Sultán Mohamed V. La gente parecía segura de sí misma y del futuro… su futuro. Los españoles que vivían en los barrios tradicionales se comportaban como indígenas. Mostraban o por lo menos aparentemente la misma alegría, la misma adhesión al advenimiento y el mismo entusiasmo por cerrar aquél paréntesis y construir una vida nueva”.

Testimonios oculares que surgen nítidamente de la infancia como paradigma de una observación lucida como lo ilustra el mismo Grito Primal: “Bien dicho, Si Abdeslam. Seamos indulgentes. Seamos pacientes. No nos enfademos con el presente. No insultemos al futuro. Los tuyos son también los míos. Los conozco. Son nobles y leales. Pero aquí, en esta ciudad, difícilmente nos podemos enfadar con los vecinos del norte”.

Alusiones demasiado transparentes para una curiosidad infatigable.

            De esta forma, mis tres primeras obras literarias, Grito Primal, Autodeterminación de Invernadero y Precintado e incluso muchos capítulos bajo forma de flash-back de Yamna o memoria íntima o 11-M: Madrid 1425 obedecen a aquél interminable episodio, aún relativamente virgen en cuanto a análisis literario objetivo con el lema: ‘El que no duda no sabe cosa alguna’. Es decir: escribir basándose en mis propios recuerdos y reminiscencias por más confusas que fueran y no limitarse a las experiencias ni de propios ni de extraños. Se trata de despejar las incógnitas de episodios de mis primeros pasos en la vida y de sacar las conclusiones pertinentes de lo que comenzaba a ser, para mí, más claro y más transparente.

Dicho con otras palabras: forjar una identidad literaria propia, basada en hechos, realidades, recuerdos y circunstantes vividos y no imaginados o creados para fines noveleros o novelescos. De tal modo que la mayoría de los nombres, circunstancias y acontecimientos en mis novelas son, coma más, punto menos, fruto exclusivamente de la realidad incrustada en mis recuerdos infantiles, siendo el objetivo principal, una simple configuración y una adaptación a los imperativos del texto y de la coyuntura socio-religiosa como es el caso de la historia de amor en Grito Primal entre la hermana Marta, una monja, y un docto musulmán, Hadj Ahmed ben Ali, en una iglesia de Río Martín o Martil.

Martín o “Martil” de los años 50 fue el escenario que anunciaba la agonía de un sistema político y geopolítico en sus últimos días otoñales. El protectorado preparaba maletas y esto se dejaba ver y prever en la marroquinización del personal de la Valenciana, autobús entre Tetuán y el balneario mediterráneo y la paulatina deserción de la colonia española de dicho balneario, antaño, ama y señora de las mejores y las más coquetas casetas al borde del mar.

Martín o “Martil”, precisamente, escenario de Grito primal resistía desesperadamente al irreversible cambio, mientras que Tatúan, la capital seguía luciendo su estatuto desde 1912.

La Plaza de España para el protectorado, Feddan para la memoria colectiva autóctona, desde donde señoreaba la inconfundible iglesia “Nuestra Señora de las Victorias”, majestuosamente construida, a pesar de una austera arquitectura colonial e incluso peninsular, constituía en esta óptica una ilustración fiel y elocuente: el Alto Comisario, el coronel Juan Beigbeder, folklóricamente ceñudo, con su impecable traje y sus zapatos exageradamente brillantes y el Jalifa del Sultán en el Norte de Marruecos, Moulay Al Hassan ben El Mehdi, que no escatimaba esfuerzo alguno para sonreír a los súbditos del soberano al que representaba en la zona española, con su chilaba y capa blancas, sus babuchas amarillas y su “chachia” roja (), encarnación de la autoridad del “majssen” e ilustración de la perennidad de la pleitesía al trono alauita y… dos categorías de espectadores de aquél dominical concierto: conjunto de la banda jalifiana y del Grupo de “Nouba” de Regulares de Tetuán N° 1.

Los pequeños tetuaníes, tanto los hijos de protectores como los de los protegidos, consumían alegre y orgullosamente sus caramelos Caparrós y sus galletas Roxi, de producción local y hasta exportada a demás ciudades del protectorado español en Marruecos y sus helados Hurtado también de producción local.

En el Ensanche se seguían repartiendo gratuitamente los prospectos de los filmes en los diferentes cines de la ciudad, entre ellos, “Cine español” y “Victoria” en el barrio Málaga y en las cafeterías y bares que proliferaban a lo largo de las principales arterias de la ciudad, la gente devoraba las crónicas deportivas del “Diario de África” o “España de Tánger”, mi primera y trascendental escuela en el periodismo y en mi futura vida profesional, junto a los suplementos del lunes de la prensa del movimiento como “Arriba” o “ Ya”.

Difícil de olvidar… imposible de negar. Evidentemente, las primeras fuentes de aprendizaje suelen ser las que más forjan la personalidad del aprendiz.

El diario recorrido de Jinui, en el casco viejo de Tetuán a Pabellones Varela, había constituido para mí uno de los mayores descubrimientos de mi vida ¿Cómo se vive allí y dónde se vive aquí? Una inagotable fuente de inspiración citada como referencia en la mayoría de mis obras literarias y hasta en algunas crónicas en torno al tema del protectorado y la independencia de Marruecos.

¡Era…otra cosa!

Un cine hispanohablante. Fútbol español y en español una termología española en todos los dominios y en todas las áreas e instituciones de la enseñanza primaria y secundaria, algunas de ellas erigidas al rango de instituciones educativas tetuaníes como Nuestra Señora del Pilar o el Jacinto Benavente como anti-cuerpos a aquella indómita y, para muchos, indeseable invasión cultural francesa de los comienzos de la independencia y años posteriores. A todas luces, crecíamos, sin darnos cuenta, en un tejido abonado a parte del árabe, exclusivamente de castellano y sus dimensiones humano-culturales, alérgicos a toda otra cultura “foránea”. Durante lustros, prácticamente hasta los años 70, la mayoría de esta generación conocía de memoria los nombres de los suplentes de los extremos del real Madrid o del Barcelona, pero pocos se acordaban de cómo se llamaban los primeros ministros nacionales.

Más que preferencia por un tipo de colonialismo cultural se trataba de un espontáneo rechazo de la aceptación de otro adicional: el francés que emergió en nuestros estudios y en nuestras vidas.

Más de medio siglo después, el escritor y crítico larachense Sergio Barce lo calificaba atinadamente: “Como dice siempre nuestro amigo común, el poeta también tetuaní Abderramán el Fathi: ‘No sé si soy un marroquí en el cuerpo de un español, o un español en el cuerpo de un marroquí’. Quizá sea la definición que Said Jedidi podría haber utilizado para resumir ese aspecto de su novela”. Ni tanto ni tan poco, siempre fui un marroquí en el cuerpo de un marroquí decidido a refugiarse en un futuro cultural bilingüe y bifocal, oponiéndose, eso sí, a cualquier tercer intruso impuesto.

Para los que no han vivido aquella interesante época, “El Atlético de Tetuán”, de Francisco Parra,  les recordó minuciosamente lo que era: una ciudad a dos dedos de ser europea pero conservando total y religiosamente sus especificidades religioso-culturales. Lustros después, los tetuaníes seguían recordando con cariño y simpatía a los dentistas hermanos Martines, al fotógrafo Florido, a García Cortés a Parra al Dr. Duaso y a muchos otros hombres y mujeres que forjaron la envergadura y la dimensión de Tetuán.

Asi traté de describirlo en mi Autodeterminación de invernadero: “A dos dedos de Europa, incrustado entre dos realidades, dos contrastes y dos anacronismos, erigido en una especie de platillo volante, donde la impotencia de unos contrasta con el desamparo de otros…”

El protectorado dejó intactos los usos, las costumbres y el modelo de vida de los autóctonos. Si no era suficiente, por lo menos no era deshonroso.

Imágenes que sobrevivieron en el subconsciente. Imágenes que condicionaron la posterior creación y creatividad literarias… imágenes de las cuales se elaboraron historias y relatos medio ficción, medio reminiscencias infantiles adoptadas, por un lado, a los imperativos del momento y celosamente cuidadas con vistas a una literatura-realidad, vivida y no total ni parcialmente imaginada.

Con sus escritores, sus poetas y sus universitarios, Tetuán era otra cosa, tuvo/tiene su propio hispanismo. Ciertamente cedió y retrocedió ante tan mortal indiferencia ‘propia’ e insoportable presión ‘ajena’, pero no desapareció nunca, convirtiéndose, de cierto modo, en una auténtica psicosis. De donde, pese al mortal indiferentismo de las autoridades culturales españolas, 57 años después de la independencia del país, sigue existiendo, gracias a nadie, una auténtica literatura marroquí de expresión española, objeto de polémicas y de controversias, sin duda, pero literatura específicamente marroquí al fin y literatura propia e independiente al cabo. Francotiradores de las letras españolas que, a duras penas, logran editar sus obras, exponiéndose a mil y un peligros de toda índole para difundir a través de medios rudimentarios y muy a menudo con esfuerzos “heroicamente” personales sus frutos literarios. La mayoría de los autores, entre ellos servidor, escribieron/escriben siempre única y exclusivamente en español a pesar de su respetable bagaje literario y lingüístico árabe.

¿Emergencia de un atavismo cultural?

En efecto, si el acuerdo hispano-marroquí del 7 de abril de 1957 ponía fin…políticamente al protectorado español de la zona norte de Marruecos, el protectorado cultural o idiosincrático siguió durante más de un lustro: los tetuaníes seguían prefiriendo todas las mañanas el “Diario de África” y los tangerinos “España de Tánger”. De Castillejos hasta Al Kazar Kebir se seguía tratando con la peseta, las Librerías, Escolar y Alcaraz agotaban prematuramente todas las ediciones de “El Pueblo” de Emilio Romero, “Informaciones” de Jesús De la Serna y hasta “Arriba” y “Alcázar” que llegaban a Tetuán, procedentes del enclave de Ceuta mucho antes de llegar “Al Alam” o “L’Opinion”; órganos de expresión árabe y francesa, respectivamente del Partido nacionalista Al Istiqlal con bastantes lectores afines a la ideología del Istiqlal o “Al Anbaa”, rotativo oficioso en Rabat. Los suplementos deportivos de los lunes acaparaban todas las atenciones y los norteños vivían con la mirada convergida los domingos hacia el “Chamartín” o hacia el “Camp Nou”. Hasta los años 70 con la nacionalización del sector de prensa en Marruecos y mucho después, ‘importándolos’ de la vecina Ceuta, los tetuaníes éramos asiduos lectores de los diferentes títulos españoles. Los había quienes presumían de sacar malas notas en el francés como una reacción espontánea, aunque indirecta a la emergencia de otro colonialismo en el norte de Marruecos, más discreto y más sutil: el colonialismo cultural francés. De la incredulidad de un pasado aún fresco se ha pasado al pánico del presente y del futuro. “En Rabat mandan los francófonos y los norteños ni lo somos ni pensamos serlo, seguimos tan insignificantes como durante la época del protectorado o más…” Comentario de un amigo tetuaní fallecido, célebre en la ciudad de la paloma blanca por su feroz oposición a lo que llamaba ‘invasión cultural francesa en el norte del país’ y cuyo nombre estimamos conveniente omitir.

Más que una dialéctica perversa se trata de una ilusión lírica.

Por obvias razones de los imperativos del momento socio-político del país, la mayoría de los que habían descubierto, en un momento u otro, de una u otra forma y en una u otra circunstancia, las letras españolas esperaban el milagro o la esperanza de no cesar nunca de seguir lo que eran, conscientes de que, sin apoyo o por lo menos interés de los propios protagonistas que al final brillaron por su ausencia, todos los minutos del mundo serían insuficientes para realizar esta anhelada esperanza.

Sin embargo, Tetuán y el resto de la zona del ex protectorado español en Marruecos, hablaban español y siguieron hablando, a trancas y barrancas el español durante lustros.

Durante el periodo del protectorado hispano-francés en Marruecos (1912-1956) las publicaciones en español alcanzaron 162 títulos, incluidos los de Ceuta y Melilla, en un país de menos de cinco millones de habitantes. Los franceses no superaban los dedos de una sola mano y no podía ser de otro modo.

El difunto rey Hassan II solía afirmar que “Se puede cambiar todo…todo menos la geografía”

¿Atavismo?

Cualquier respuesta sería inaudible. O lo que es igual: ni tanto ni tan poco. Los que hemos vivido y…comenzado a aprender bajo el protectorado español, sin medios y sin apoyos, hemos combatido durante lustros, aunque de manera rudimentaria, a las intrusas cultura y educación francesa en nuestra idiosincrasia. “No se trataba de una desaceleración en la velocidad de adaptación, sino una alternativa que brillaba por su ausencia”, subrayó un día el gran y difunto poeta hispanista larachense, Momata.

Ante una total indiferencia de las autoridades españolas para con el futuro de su patrimonio cultural en la zona ex española de Marruecos, este ‘espontáneo’ apego al español, a los usos y costumbres españoles no disminuyó durante años. Al término de sus estudios secundarios, los norteños no lo pensaban dos veces. Destino: España. Medicina en Cádiz, Granada y en Madrid, ingeniería agrónoma en Valencia y muchas otras disciplinas en otras ciudades españolas como Zaragoza, Málaga o incluso Barcelona.

Con el advenimiento del fenómeno migratorio los menos favorecidos optaban casi siempre por las afinidades y por la cercanía.

En una entrevista el 14 de enero de 1983, en la que serví de intérprete, el difunto soberano marroquí, Hassan II, le dijo, pesando cada sílaba, al entonces director del diario El País, Joaquín Estefanía:

“Nunca suelo trabajar con gente que no habla español. Además. ¿Sabe usted cuantas escuelas españolas había sólo en Tetuán? Se lo diré yo: más de 60 ¿Y ahora? Menos de tres. ¿Quién tiene la culpa? Nosotros, no, porque yo siempre aposté por la cultura como medio de afianzar las relaciones con España”

Sin embargo… La vecindad suele ser, a menudo, caprichosa, pero determinante. Se puede elegir muchas cosas… muchas, menos la vecindad y su impacto o influencia culturales.

Imágenes y sonidos que, por la falta de una cultura de conflicto y su carácter literalmente surrealista nunca pude olvidar. Escenas que emergen del pasado menos visibles, pero más sutiles: la comunión era paradójicamente recíproca.

En mi paso por Radio Nacional de España, recién contratado por Radio Nacional Marroquí, me fui a Madrid a reforzar mi formación en tanto que periodista y reportero, ejerciendo en “24 Horas”. Era el 3 de noviembre de 1973, todo el mundo me envidiaba por el afecto, cariño y la importante ayuda que me proporcionaba el redactor jefe de “24 Horas”, Abel Hernández. Resulta que su esposa nació y creció en Tetuán y se sentía más tetuaní que madrileña.

En esta misma óptica, durante un reportaje en Tetuán sobre la visita de una delegación de la Asociación La Medina de los antiguos españoles residentes en Marruecos, nos quedamos perplejos al ver a la mayoría de sus miembros, muchos de los cuales superaban los setenta y ochenta años y provenían de Estados Unidos, de América latina y hasta de Australia, no cesaban de llorar al ver algún lugar que les recordaba un hecho o una circunstancia que no eran ni pocos ni abstractos.

Era evidente que, sin desear hacer el destape histórico, todos o casi todos querían un montón esta ciudad que consideraban tan suya como las ciudades españolas o de otros puntos del planeta de donde procedían.

Un colonialismo sin querer y unos colonialistas que, al abandonar Marruecos en 1956, no se fueron muy lejos… ni siquiera atravesaron el Estrecho de Gibraltar, conservando de esta forma, sin intención, sin agentes incrustados en los barrios más populares y más pobres y sin Delegación de Asuntos Indígenas en la zona que administraban antaño, un vínculo cultural con el ex protectorado que nunca se apagó.

Dejaron también víctimas a los que otros calificaban de victimarios como relatado en Grito Primal:

“En torno a la legendaria plaza tetuaní, proliferaban pequeños grupos de antiguos combatientes franquistas que olvidando su miseria, la indiferencia de la administración del Caudillo, las incumplidas promesas de Quepo de Llano y sus eternas reivindicaciones de cobrar sus insignificantes jubilaciones que, además, nunca llegaban a tiempo, pasaban el día y la vida contando odiseas guerreras que sólo sus fértiles y perturbadas imaginaciones y la sed de sus auditorios de matar el tiempo escuchando lo que sea, eran capaces de tejer.

Desde lejos oía sus relatos de epopeyas contra los rojos, ateos y enemigos de Dios y de la Patria.

Me pregunté mil veces y volví a preguntarme otras mil veces por qué aquella gente vivió y sufrió agarrada a un subconsciente español: sólo sus íntimos sabían que Ibrahim nunca ocultaba el odio hacia lo que solía llamar “clérigo nacionalista”. A todas luces, el hombre había jurado padecer la derrota de otros, acostumbrándose a vivir con el recuerdo de dos Españas”.

Gracias a la terminología futbolística, cinematográfica y otros ocios, durante lustros, el vocabulario darija o árabe dialectal seguía conteniendo más del 10% de palabras españolas o derivadas.

Nadie tenía ganas de cambiar, menos aun bruscamente.

Entre estos tetuaníes el escritor Ahmed M’gara escribía recientemente a este respecto:

“Desde mi humilde punto de ver estas cosas, pienso que la verdadera acción cultural de España en Marruecos siguió durante las décadas posteriores a la independencia. España sembró, y mucho, para que pudiésemos recoger esos frutos. Lo malo fue que nuestros irresponsables responsables de la cultura, se desmadraron y le abrieron el portal a ‘esas bombas culturales de los fanfarrones’, al desmadre francés. Y no supieron valorar ese gran bagaje cultural que no se poseía  en muchas ciudades españolas, incluso”.

Comparación no es razón. Algunas instituciones coloniales, auténtico patrimonio de la ciudad se convirtieron en un desastre. La junta de Andalucía y algunas asociaciones de la sociedad civil andaluzas han hecho/hacen lo que pueden. Entre estas instituciones, el hospital de Saniat R’mel, antes orgullo de la ciudad y sus realizaciones en el ámbito sanitario y, hoy, un auténtico cuadro abstracto de Picasso como lo escribí en mi “Adulterio biológico”: “Conocía de memoria los pasillos de aquél hospital de Saniat R’mel del que se salía peor que cuando se entraba y que da la impresión de una conspiración de los sanos contra los enfermos”.

O más explícitamente: “Cuando se le preguntaba su opinión sobre los partidos políticos nacionales y su papel en el desarrollo del Norte de Marruecos solía responder parafraseando a Teodoro Fontani, ¡cuántos gallos creen que el sol sale gracias a sus cacareos!”.

Lenta e irrmediablemente descubría pues con mi intuición, aún en estado embrionario, la existencia de dos mundos: el nuestro y el “suyo” con intrusos que se auto catalogaban como ilustres personalidades y que los demás se les consideraba como “colaboradores”. Los que vivían en el casco viejo eran nuestros, los demás, aunque con sangre y rasgos indígenas, eran socialmente andróginos, con un bagaje avaro en certezas pese a la posición social privilegiada que les proporcionaba el ocupante español. Muchos años después y en otra obra, “Precintado” lo describí de otra manera: “Tenía seis años cuando descubrió la primera de lo que iba a ser, a lo largo de su existencia, una serie de lógicas compasivas. En su elocuencia infantil no cabía aún la tolerancia de la injusticia

-Mira Omar, hijo mío, le respondió, medio impotente, medio consternado             su padre cuando un día, llorando, vino a quejarse por la soberana paliza que le acababa de propinar Si Yussef, padre de la pequeña Rime y uno de los ilustres, próximos a la Alta Comisaria en Marruecos, yo no soy más que un pobre conserje y él todo un consejero. Para evitar estos quebraderos de cabeza, desde ahora en adelante sólo jugarás con los tuyos, le advirtió en forma de ultimátum.

¿Los míos? ¿Pero… qué significa esto? Desde entonces, siempre pensó en sentido figurado y soñó en metáforas”.

Un duelo imprecatorio, a la vez inconfesado y desproporcional en el que se mezclaban y se perdían las nociones como honor, pudor, interés o conciencia. Una presión que no producía la lógica explosión ni la natural reivindicación o de manera muy relativa.

En el casco viejo se celebraban Aid Al Adha o Fiesta del Sacrificio y la Fiesta de la ruptura de ayuno. En los barrios llamados católicos o modernos, noche vieja y noche buena… respeto mutuo… casi resignación y esto repercutió en la mayoría de mis novelas.

En mi barrio, la callejuela Al Khadem en pleno corazón del casco viejo de Tetuán, era una auténtica caricatura de Naciones Unidas…religiosa en la que convivían y cohabitaban, en una aunque extraña, perfecta armonía, musulmanes, cristianos y judíos. Es decir: marroquíes, españoles “de a pie” y judíos marroquíes, pero muchos de ellos nacionalizados españoles. Curiosamente las discrepancias surgían única y exclusivamente entre los miembros del mismo grupo social o el mismo clan y nunca entre grupos diferentes como si se tratara de una ley no escrita por la potencia colonial, pero acatada por los protegidos y por los demás.

A nadie se le ocurría preguntar por este, cuando menos, enigmático conglomerado y esta incongruencia socio-étnica, impuesta por la coyuntura y las condiciones que regían Marruecos bajo el protectorado franco-español.

Pero tampoco podían dejar indiferente a un observador.

En todas las escuelas de la ciudad y de la zona había dos directores: uno español, efectivo y con una sospecha de desprecio en sus grandes y apagados ojos azules, con un retrato del general Franco colgado en su despacho y, el otro marroquí, accesorio con retrato del Jalifa Moulay Al Hassan Belmehdi. Olía a perfume de tutela. Una cuestión de estilo…una patología singular de subordinación. Dos mundos delimitados por la aceptación fascinada del destino, donde la xenofobia no tenía carácter oficial sino popular y paradójicamente inverso: el tutor se mostraba xenófobo para con el autóctono y no viceversa. Así, fueron las cosas, muchos creían que  “os permitieron estudiar única y exclusivamente para comprender lo suficientemente sus órdenes”.

¡Ni hablar! en la escuela primaria, Sidi Ali Baraka y poco después en Sidi Mandri, sobre todo esta última con un gran maestro, Antonio Nogales, absorto exclusivamente en sus tareas educativas, generoso en su esfuerzo de inculcar, invadido literalmente por el amor a la enseñanza, nos mostró lo que nos marcó para siempre, figurando, como su anécdota “a Zaragoza o al charco…” en algunas de mis obras literarias.

“La zona del protectorado español en Marruecos no era enteramente marroquí ni enteramente española debía ser enteramente sometida” (Parafraseando a Gandhi: “La India ni es enteramente hindú ni enteramente musulmana, debe ser enteramente tolerante”).

Altos cargos militares de la administración franquista, como el general Emilio Mola que decía y lo escribió en voz alta y en mayúscula:

“Afortunadamente en nuestro protectorado en Marruecos apenas se sintió la influencia de tal “Asociación científica”, aunque no faltaron en Tetuán algunos seudointelectuales que trataron de erigirse en propugnadores del pan-islamismo, que fueron precisamente los que organizaron la misión que, a poco de instaurarse la república, vino a Madrid por su cuenta.”

El jefe superior del ejército de España en África, en 1937, se refería al Movimiento nacionalista marroquí, liderado por Abdelkhalak Torres.

Casi medio siglo después esto me sirvió para resolver este crucigrama en mi Grito Primal y, años después, en Precintado. Reminiscencias que cobraron cuerpo y dimensión socio-política y su impacto sobre la constitución de mi identidad cultural y la línea literaria que marcarían para siempre mis obras literarias.

Imágenes como la descrita en Grito Primal volvían con fuerza de un recuerdo eternamente fresco en Río Martín, marroquinizado en 1956, sustituyendo la N por L para adoptarlo al entusiasmo nacionalista de la época -Río Martil-, bar Playa era la ilustración fiel y elocuente de estos dos mundos. Resultaba casi imposible imaginar donde había tanta opulencia prevalecía una pobreza extrema o casi. En         su pista al compás y al ritmo de “Dame un poquito nada más… y otras canciones de moda de la época, bailaban desenfrenadamente y se divertían los españoles y unos pocos ya rarísimos autóctonos privilegiados hasta altas horas de la noche. A pocos metros, las familias tetuaníes se amontonaban en la arena en grupos con sus pastelitos caseros, sus teteras y sus lebdas (Especie de pequeña alfombra de producción local que sirve para la oración) apreciando aquél modo de vida tan alegre y, para la mayoría de ellos, tan atrevido. En Grito primal recojo uno de sus recuerdos:

“Un día, al acercarme demasiado a la pequeña muralla que rodeaba la discoteca un celador me paró brusca y violentamente.

-¿A dónde vas? ¿Dónde crees que estás?

Con el lógico miedo de un niño a las autoridades, le contesté casi suplicando

-Quería verlo de más cerca.

-Pero no ves que estás atrayendo moscas…”

Para algunos, los moros atraíamos moscas y sólo Dios sabe qué.

Sin embargo, este tipo de situaciones o metáforas no han tenido absolutamente ningún impacto sobre la inmensa mayoría de los escritores o poetas marroquíes de expresión española, en el momento de elegir el lenguaje de su expresión.

Tanto es asi que, en los años 80, durante más de diez años “Opinión Semanal”, el suplemento español del diario marroquí, “L’opinion”, dirigido por el autor de 1980 a 1992 era, contra todo pronóstico, el segundo más importante de esta publicación debido al número de cartas y mensajes recibidos, imponiéndose como inevitables escritores, poetas y cronistas hombres, que desde hacía años escribían, pero no encontraban donde publicar sus actividades creativas. Nombres como Fadel Al Achhab o Momata, el Dr. Buessef Rekab, Ahmed M’gara o incluso el difunto Abdekdaer Weriachi, entre muchos otros, encontraron en este suplemento la tribuna ideal para dar un gran impulso al hispanismo marroquí, sirviéndose como una palanca de la cultura española durante años existente, pero inerte. En la crónica “Hispanistas en ciernes” imaginada por el Dr. Mohamed Buessef Rekab, se recibían semanalmente centenares de poemas, artículos y ensayos literarios muchos de los cuales se corregían y se publicaban, lo que suscitó un gran interés entre los que aspiraban en Marruecos a escribir en español y que ni eran pocos ni indecisos.

Antes, otras publicaciones como “Marruecos” que dirigía Mohamed Chakor, con una temática netamente político-informativa, creaba las condiciones de la rehabilitación de la cultura española en Marruecos.

Con una evidente ausencia de espontaneidad o modelo de referencia o de concepción, sin sentido ni visión ni respuestas a las preguntas esenciales o, por lo menos, a las más pertinentes de la coyuntura, muchos nos preguntamos por qué el presente estaba tan orgánicamente dependiente del pasado. Todos recordamos durante muchos años aquél legendario Atlético de Tetuán, aquel apoteósico festival anual para clausurar el curso escolar en el estadio “la Hípica” organizado por una España, pobre, casi hambrienta, aislada y casi unánimemente condenada, pero que se esforzaba en dar a la enseñanza, todas las  enseñanzas, un valor añadido que nunca desapareció de la mente y de las futuras autoridades locales en la materia, o aquél enigmático “trole” en el que se pagaba para estar seguro de no llegar nunca a ningún lugar a tiempo.

Se fueron no siendo nunca remplazados… Algunos pensaban incluso que Rabat en aquella incertidumbre pos-colonial tenía potro orden de prioridades. Ni se podía reivindicar una cultura foránea ni se tenía derecho a agarrarse a lo que todos consideraban como pasado. Otra cosa seria el recuerdo y la importancia histórica que se debía dar a este pasado.

Luego… desaparecieron “in facto” para siempre, permaneciendo como verdaderas instituciones tetuaníes y fuente de inspiración para muchos futuros escritores en castellano, unos más que otros, sobre todo los contemporáneos de la era colonial española en Marruecos como Mohamed Sibari, escritor, poeta y conferenciante hispanista de Larache con más de 20 obras entre novelas, colecciones de cuentos, poemarios y ensayos publicados en español, el difunto Abdelkader Wariachi, auténtica enciclopedia marroquí de la época del protectorado o Fadel Al Acha-ab gran conocedor de la administración y de las políticas del protectorado en el norte de Marruecos y en Sidi Ifni y el Sahara Occidental del que Tetuán era capital.

Sin embargo, y es lo que, en mi modesta opinión, infundió considerablemente en mi manera de escribir o de dar vida a grabaciones de la infancia, creíamos errónea o atinadamente que en el mismo país, el sur estaba en estado de hecho mientras que nosotros en el norte relativamente en estado de derecho. Casi dos países, con dos pueblos y un mismo legado común, la misma historia, la misma religión, la misma  lengua y el mismo destino. Tanto es así que, para su propia seguridad, hasta los republicanos españoles preferían instalarse en Rabat, Casablanca, Kenitra o en otras ciudades del Marruecos “francés”. O sea: que en, su tentativa de dividir y de desmembrar el mismo país, el protectorado toleraba la instalación de una España republicana en el sur y otra nacionalista en el norte. Tan distintos y menos distantes. En mi primera obra literaria, Grito Primal, traté de plasmar el recuerdo del paradójico comportamiento de los españoles del Tetuán profundo que compartían con nosotros el regocijo de aquella nueva era:

“Por las estrechas callejuelas de su barrio, sólo se veían banderas            rojas con una estrella verde en el centro y cuadros del Sultán Mohamed V. La gente parecía segura de sí misma y del futuro… su futuro. Los españoles que vivían en los barrios tradicionales se comportaban como indígenas. Mostraban la misma alegría y el mismo entusiasmo por construir una vida nueva”

Probablemente éramos/somos simplistas o mal documentados. Lo cierto es que para no descuidar una teología nacional/nacionalista primaria, reflejo de comentarios de prensa poco…muy poco comprendidos o de una línea editorial de una “Radio Dersa” que hizo apología en la demagogia y en las contradicciones de los intereses colonialistas en Marruecos, la inmensa mayoría de los intelectuales de mi generación han tenido que descuidar más de una realidad y ponerse al compás de la avalancha liberadora.

Todos o por lo menos la mayoría, compartía este lamentable privilegio: eran alérgicos al cambio…cualquier cambio e impermeables a las convulsiones.

Así lo plasmé espontáneamente en la misma obra

            “-Es la situación política y la psicosis de los primeros años de la independencia. Hay miedo. Cunde el pánico. La gente no está segura de nada. No olvides que la abrumadora mayoría de nosotros nunca fue independiente. Nacimos y crecimos colonizados. Que no sabemos exactamente qué pinta tiene todo esto. Los dos gobiernos negocian las modalidades de estancia y del estatuto de estos españoles que, como tú sabes Si Abdeslam, no son marroquíes y no tienen por qué serlo             ahora para poder seguir con sus negocios y sus trabajos.

-Sí, sí, sí…

-Sí, ¿qué? –cortó Hach.

-Si todos respetamos al prójimo. ¿Has escuchado tú, Hach, algún incidente?

-No, Hasta ahora.

-Ni nunca. Créeme. Yo conozco a los míos. Son nobles y saben que a la geografía nadie, afortunadamente, la puede cambiar.

-Bien dicho, Si Abdeslam. Seamos indulgentes. Seamos pacientes. No nos enfademos con el presente. No insultemos al futuro. Los tuyos son también los           míos. Los conozco. Son nobles y leales. Pero aquí, en esta ciudad, difícilmente nos podemos enfadar con los vecinos del norte.

-Vecinos ahora, antes ocupantes.

-Sí, antes ocupantes. Pero yo hablo del presente”.

Para mí, era difícil de olvidar que antes de llegar hasta la escuela, al otro lado del casco viejo de la ciudad donde vivía, pasaba por un mundo de impresionantes contradicciones: Plaza Primo de Rivera, Ensanche, Plaza de España… Dos mundos, dos entornos, dos tipos de hombres y dos tipos de instituciones. Dos realidades que no resistían a la sed de “explorar” de un niño indígena incapaz de comprender las filigranas y las acrobacias de términos como protectorado, colonialismo, tutela, con derecho de paso entre las dos. Realidades ricas en diversidades y probablemente en consecuencias que, para un pequeño autóctono y su conciencia de precariedad pese a la casi abstracta falta de emociones o sobresaltos, debía ilustrar el epitafio de una época y, de paso, saciar su irresistible y abrasadora tentación de reclamar que era tiempo de cerrar aquel paréntesis.

Nadie desplegaba esfuerzo alguno para “descubrir” que la diferencia entre el norte y el sur del país, es que el primero estaba ocupado por una potencia soberana, mientras que el segundo estaba colonizado por una Francia a su vez colonizada… un sub-colonialismo.

Más del 70% de los autóctonos hablaban o “chapurreaban” el español, lo que constituye un signo precursor de la ínfima diferencia en la relación entre el ocupante y el ocupado. Pero, por otra parte, constituye como lo reconoce Aziza Mimoun en un artículo titulado “El protectorado español en Marruecos entre ‘fraternalismo’ y colonialismo” en el que puntualiza: “A nivel cultural, España ha logrado implantarse mucho mejor que   Francia. A título de ejemplo, la lengua española se hablaba en los puntos más recónditos del Rif”.

Sin darme cuenta, mis amigos españoles de la infancia en la calle general José Sanjurjo, Uadi Al Majasen después, impactaron de modo determinante en mi forma de ser y manera de actuar, literariamente hablando, la diversidad de su procedencia social y el punto común de la precariedad me hacían sentir como un punto de enlace entre dos civilizaciones o, por lo menos, dos realidades.

Eran amigos que, mucho después, descubrí que pertenecían a categorías sociales desfavorecidas y que encontraban más afinidades con los marroquíes que con los demás amigos del colegio o de la escuela.

En todas mis obras, nombres como Antonio Gutiérrez, José Pinto o Leopoldo Manzano protagonizan hechos y circunstancias. Los recuerdos de algunas causas y algunas inflexiones, objeto de una psicología de rumor al día siguiente de la independencia de Marruecos, como su repatriación o su expulsión, figuran de manera destacada en la totalidad de mis obras literarias.

De hecho, en más de una ocasión, desplegué enormes esfuerzos para situar los acontecimientos de mis novelas o de mis reflexiones históricas en otras fechas y en otras épocas, resultando infructuosos mis intentos o cuando más, deficientes. Por ser reales y verdaderos los años del protectorado y los diez o quince siguientes eran/son mas inspirativos y más apetecibles. De/sobre ellos escribo con más facilidad, más comodidad y más convicción. El resto sería una pura ficción literaria.

Mucho después, comprendí que en esta parte del mundo debía haber, aunque unos y otros lo negaran a capa y espada, una especie de parentesco, de semejanza o de afinidad orgánica entre el “protector” y el “protegido” que ni siquiera las racistas ilustraciones graficas de los manuales escolares de Valderrama en las que el ladrón llevaba una gorra y un hábito “moros” y el caballero un traje europeo lograban tergiversar. Pero, de esto se hablaba siempre en pasado. El propio general Mola lo ilustra de manera cabal y fehaciente al describir sus sentimientos respecto al viaje de una delegación de personalidades nacionalistas marroquíes a España en busca de apoyo para la causa de la independencia:

“(…) que, a poco de instaurarse la República, vino a Madrid por su cuenta y fue recibida con bombo y platillo por algún sector de la prensa izquierdista, que claro está, poco informados en sus redacciones de la idiosincrasia musulmana, ignoraban que son poco de fiar los indígenas marroquíes que en vez de babuchas calzan zapatos bajos y usan calcetines sujetos con ligas”.

El humillante humillado: Robert Ricard describía así la ocupación española del norte de Marruecos: “El tratado franco-español que atribuía a nuestros vecinos una zona de en Marruecos remonta al 27 de noviembre de 1912. Se ha necesitado, pues, quince años para someter un territorio cuya superficie, nos gustaría recordarlo, no supera la de Badajoz”.

Estaba acostumbrado a la gente que se comportaba con poca cortesía y me perdía en sensaciones fugaces entre la violencia de la insinuación y la fragilidad del argumento. Todos nos atábamos al menor estado de gracia, planteando más preguntas que respuestas que se podían obtener. Todos los instantes eran de emociones, de incomprensiones, de observaciones. Nombres como Azorín, Ortega o Américo Castro estaban a flor de boca… “gente clarividente” … “nuestros abogados” … “los mejores” … “los pocos que se atreven”… Sin embargo, no fue hasta años después, cuando decidimos leer Imán de Ramón José Sender Gacés y lustros cuando sentimos la tentación de “explorar” Episodios nacionales y Aita tettauen a pesar de haber sido publicados en 1905 y, pese a que debía constituir, para nosotros, por haber sido considerada por su autor, Benito Pérez Galdós, como la génesis de la historia contemporánea de la zona norte de Marruecos o contrapunto a la derrota de 1898, un auténtico motivo de, cuando menos, de curiosidad científica o histórica.

Viajes por Marruecos de Domingo Badía o (Alí Bey), ilustraba para los de mi generación la imperiosa necesidad de volver a escribir la historia del protectorado español en el norte de Marruecos y sus etapas previas porque, como diría el escritor y periodista marroquí Mohamed Larbi Messari en una entrevista de Mohtar Gharbi de Tánger, publicada en su crónica en la revista “Tánger”, el 17 de junio de 2010 “Todo esto me parece como una tentativa de regenerar un africanismo renovado. El objetivo es el mismo, pero con nuevos ingredientes”.

Pocas voces, poquísimas, se han lanzado a explicar las cosas como son quizás porque vivieron, actuaron y se fueron con la enigmática idea de que Tetuán y el norte era, más que materia pendiente, su ejercicio obligatorio.

Sin embargo, la cercanía geográfica y mil y una afinidades, además de legados comunes se encargaron de dejar, aunque agonizante, viva una lengua y una cultura que muchos consideran, después del árabe, como legítimamente su segunda lengua, de ahí que los autores marroquíes de expresión española y periodistas marroquíes que ejercen exclusivamente en español  se organizaron  unos, se reorganizaron otros, vegetando ambos, sin absolutamente ninguna ayuda o interés de España o de Marruecos existiendo o sobreviviendo en tanto que francotiradores de las letras….españolas a pesar de la total ausencia de contribuciones en materia de edición y de distribución.

Pese a ello, durante años, no pocos tetuaníes seguían parafraseando a los granadinos, diciendo: “¡Dale limosna mujer, que no hay nada peor que ser ciego en Tetuán…!”

Referencias bibliográficas

BARCE, Sergio, “Otros libros: GRITO PRIMAL y 11-M, MADRID 1425 de SAID JEDIDI”, Sergio Barce/Blog personal, 25 de mayo de 2011, <http://sergiobarce.wordpress.com/2011/05/25/otros-libros-grito-primal-y-11-m-madrid-1425-de-said-jedidi/>, [12 de enero de 2013].

BENCHEIKH, M., “tesis para la obtención de máster UCA”, en BUTRÓN PRIDA, G. (director de la tesis): Literatura e historia: aspectos marroquíes en la obra de badía, galdós y sender, Universidad de Cádiz.

JEDIDI, S., Autodeterminación de invernadero, Tetuán, Ediciones Asociación Tetuán Asmir, 2002.

─, “Madrid 11-M: los otros escombros o adulterio biológico”, Identidad Andaluza, 26 de diciembre de 2007, <http://identidadandaluza.wordpress.com/2007/12/26/madrid-11-m-los-otros-escombros-o-adulterio-biologico/>,  [11 de enero de 2013].

─, Precintado, Tetuán, Ediciones Asociación Tetuán Asmir, 2002.

─, Grito Primal, Tetuán, Ediciones Asociación Tetuán Asmir, 2001.

─, Yamna o memoria íntima, Tánger, Ed. AEMLE (Asociación de escritores marroquíes en lengua española y AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) 2006.

MGARA, Ahmed, “Acción cultural de España en Marruecos”, Mis ocurrencias, 19 de noviembre de 2012, <http://elhispanismo.blogspot.com/search?updated-min=2012-01-01T00:00:00Z&updated-max=2013-01-01T00:00:00Z&max-results=9>, [11 de enero de 2013].

MIMOUN, Aziza, “El protectorado español en Marruecos entre ‛fraternalismo’ y colonialismo”, Boletín político sindical y cultural, domingo, 14 de diciembre de 2008

MOLA VIDAL, E., Memorias, Madrid, Ed. Planeta, 1977.

RICARD, Robert, « La zone espagnole du Maroc », Bulletin hispanique, Vol. 36, Núm. 36-3, 1934, p. 341.

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