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 Leido en el diario digital brasileño “O Globo”: El azul de dos mares en Tánger, Marruecos POR JOÃO SORIMA NETO

 “Marruecos y Brasil, establecieron las relaciones diplomáticas oficialmente en el año 1962, después de la independencia de Marruecos, cuando se nombró el primer embajador de brasil en rabat. la historia se refiere a que las relaciones entre los dos paises data del siglo XIX, en la era del sultán moulay solaimán, por lo que marruecos fue el primer pais que reconoción la independencia de brasil, según el convenio entre el emperador de brasil pierre ler (1798-1831) quien supervisó los preparativos del acta de la independencia de su pais de portugal en 1825. marruecos fue también el primer pais africano que establece las relaciones diplomáticas con brasil en 1884”.

     El siguiente reportage, realizado por JOÃO SORIMA NETO, y publicado en un anexo especial del diario brasileña de “o globo” (uno de los grandes medios en este pais y en emérica latina), consagrado exclusivamente a tánger (marruecos).

   Dice Neto en su reportaje sobre su visita a esta ciudad marroquí, titulado El azul de dos mares en Tánger, Marruecos”:

    Fue mirando por la ventana de la habitación que hoy tiene el número 35 del Grand Hotel Villa de France, que Henri Matisse pintó, en 1912, una de sus más bellas obras: “Ventana en Tánger”. Cuando Matisse llegó a Tánger, ciudad al norte de Marruecos, estaba deprimido con la muerte de su padre y con el rechazo a sus pinturas por parte de un rico coleccionista ruso. La ciudad fue una especie de oasis para el pintor, que recuperó el vigor y produjo otras veinte obras durante sus varios pasajes por el lugar. Matisse confesó haber sido envuelto por los colores y luces de Tánger, y los viajes se convirtieron en un gran viaje interior, convirtiéndolo en un ser humano más fuerte.

El azul del Mediterráneo y del Atlántico, el blanco de las construcciones, la brisa que sopla en la Bahía de Tánger, el bullicio de los bares y de los estrechos caminos de la medina (la ciudad antigua) que encantaron a Matisse atrajeron a otros pintores a la ciudad. Los también franceses Delacroix y Degas, además del anglo-irlandés Francis Bacon y del británico George Apperley, vieron en Tánger fuente de inspiración. Y la ciudad continúa envolviendo y atrayendo turistas de todo el mundo.

Cosmopolita y típicamente marroquí

    Como el continente europeo está a sólo 14 km de Tánger, mucha gente que tiene curiosidad por la cultura árabe suele hacer un bate-y-vuelta. Para atravesar de un continente a otro a bordo de los catamaranes que salen de Tarifa, en España, hasta el puerto Tánger- ciudad, el precio es 35 euros, y el viaje dura poco más de media hora.

  Tánger mata esa curiosidad en un día, con incontables mezquitas y sus minaretes esparcidos por la ciudad, como el té de menta o de los condimentos como el tagine spice – mix de cilantro, pimentón dulce, canela, pimienta calabresa. El mismo día, es posible conocer puntos turísticos, como las Cuevas de Hércules, un complejo de cuevas de formación calcárea, cargado de historias mitológicas, y el Cabo Spartel, punto de encuentro entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. Y aún visitar la medina, la ciudad antigua.

   A lo largo de los años, Tánger no perdió el aura de misterio ni el encanto de las construcciones mediterráneas, pero la ciudad se modernizó. Hay hoteles lujosos a lo largo de la bahía, centros comerciales en Tangier Ville – el nuevo Centro – y este año la ciudad ganará la primera línea de Tren de Alta Velocidad (TGV) de África, rumbo a Casablanca, en un viaje de 295km, debe aumentar la frecuencia de los turistas en las dos puntas. La previsión es transportar hasta 6 millones de pasajeros al año. Además, el Tánger Med, un puerto de carga a unos 40 km al este de Tánger, ganó recientemente una terminal de pasajeros, con capacidad para 7 millones de personas al año, aproximando la ciudad de varios puntos de Europa.

Cuevas de Hércules

    Dice la mitología griega que, después de haber separado a Europa de África al excavar el Estrecho de Gibraltar, para concluir uno de los doce trabajos que el rey Euristeu le encomendó, Hércules, hijo de Zeus, descansó en una cueva. Este lugar está a 15 km al sur de Tánger y es uno de los puntos turísticos más visitados de Marruecos. Sobre las Cuevas de Hércules, los ojos pierden de vista los más de 40km de playas en la costa atlántica. En el interior del complejo de cuevas, están formaciones calcáreas esculpidas no sólo por las olas y el viento, sino también por las manos de fenicios y romanos, dos pueblos que vivieron en la región.

    La manera más rápida de llegar a las grutas de Hércules, para quien tiene sólo un día de visita a Tánger, es en coche. Un taxi de Tangier Ville – el centro nuevo de la ciudad – hasta allí sale por cerca de 100 dírhams marroquíes (MAD) por pasajero, o cerca de US $ 11 (MAD $ 10 valen cerca de US $ 1). El valor es cobrado por persona, pero se puede negociar. En la conversación con el taxista, dos personas pueden conseguir por MAD $ 150. Atención: en Tánger hay taxis compartidos. Si el conductor cobra un valor muy bajo por pasajero (algo como MAD $ 20) seguramente va a poner más gente en el coche. También hay autobuses, con billete a MAD 2, que salen del centro a las grutas, pero se detienen lejos, y hay que caminar hasta la entrada.

   El viaje es hecho por la Ruta de las Cuevas de Hércules, y una de las curiosidades es que, en determinado punto de la carretera, se ven muchos militares guardando un palacio de muros blancos. Se trata de la casa de verano del rey Salman de Arabia Saudita, que nombró a su hijo Mohamed como príncipe heredero. Dice los lugares que el rey Salman suele pasar largas temporadas en su palacio de Tánger, con vistas deslumbrante al Atlántico, para aprovechar la brisa marítima. Y quiere mudarse allí en el futuro. Si el taxista es paciente, vale pedir una parada para matar la curiosidad, pero sin acercarse mucho.

    Las cuevas de Hércules fueron descubiertas durante excavaciones arqueológicas hechas en el siglo XIX. Se trata de un complejo de cuevas naturales moldeadas por las aguas del mar. La acción del viento también esculpió la roca. En la región, se encontraron restos de la presencia humana, como cerámicas, herramientas y estatuas, que datan del siglo V aC, período que coincide con la fundación de Tánger. La historia que se cuenta es que grandes piedras fueron retiradas de las cuevas por los romanos y luego cortadas y esculpidas para hacer molinos. En la vecindad hay otras cuevas con la misma formación geológica, pero la de Hércules es especial por la vista del mar.

    La cueva tiene una abertura hacia el Océano Atlántico que se asemeja a la forma del mapa de África. Se cuenta que esa apertura fue hecha por los fenicios. En días soleados, la vista al océano es espectacular, y el azul del cielo y del mar se confunden. Si la visita es en la puesta del sol, se trata de otro espectáculo aparte.

ALMUERZO CON VISTA AL ATLÁNTICO

    Para bajar en la cueva de donde se ve el Atlántico no se paga nada. Pero quien quiera saber un poco más de la historia de la gruta tendrá que desembolsar algunos dírhams a las guías locales, que están por todas partes. Hay venta de souvenirs dentro de la gruta y en la plaza por donde se entra en la cueva, rodeada de columnas blancas. Pero lo mejor es reservar los dírhams y almorzar en el Le Mirage, un restaurante que se encuentra en la rotonda que da acceso a las grutas de Hércules, para disfrutar de la vista al Atlántico y sentir el viento golpeando la cara. Los platos cuestan entre 40 y 50 dólares y se pueden degustar en una amplia terraza al aire libre.

    Quien va a Le Mirage los viernes tiene en el menú el tradicional cuscús marroquí, que en Tánger es servido con una salsa bastante apimentada. 

     Las guías de turismo locales cuentan que el propio rey de Marruecos, Mohammed VI, también tiene una casa que está por debajo del Le Mirage, para aprovechar la magnífica vista del Atlántico, como hace su colega saudita. Pero, oficialmente, nadie confirma esa información, que acabó convirtiéndose en una leyenda de la región.

     De las Cuevas de Hércules al Cabo Spartel están a unos 5 km de distancia. Es en ese punto que las aguas agitadas del Atlántico se encuentran con el más tranquilo Mar Mediterráneo. En el Cabo Spartel hay un faro que los navegantes logran ver hasta 40 kilómetros de distancia. Para el turista, el cabo es un local con senderos desde donde se pueden observar los acantilados, con altura de 110 metros.

La “CIUDAD INTERNACIONAL”

     En unos dos atracciones vale la pena pasar por distrito internacional de Tánger, donde vivía la gente de diferentes nacionalidades, como el italiano, americanos, británicos (con la iglesia protestante), español, portugués y francés. Es ese lugar, no muy lejos del Cabo Spartel, que explica un poco del eclecticismo de Tánger, tanto en las costumbres que mezclan las culturas árabe y europea, como en los idiomas que se oyen por la ciudad, especialmente el español.

    La ciudad fue gobernada conjuntamente por varios países, entre ellos Francia, Gran Bretaña, España, Portugal, Italia, Bélgica, Países Bajos, Suecia, Estados Unidos e incluso la Unión Soviética, una experiencia única que duró del 18 de diciembre de 1923 al 20 de octubre de 1956. En ese período, Tánger tenía estatuto de “ciudad internacional” y, protegida por un acuerdo político, era refugio para quien quería escapar de conflictos como la Guerra Civil Española (1936/1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939 / 1945). En 1956, Tánger fue incorporada al Reino de Marruecos, que se independizaba. Recordando que Marruecos es un reino, y la foto del rey Mohammed VI está extendida por toda la ciudad.

Medinas entre el mar y la montaña

   Las medinas (palabra que en árabe significa ciudad antigua) alberga la parte histórica de diversos municipios. Esa especie de centro urbano antiguo era regida por los árabes desde el siglo IX, actualmente, alberga palacios, minaretes e mezquitas, y otros patrimonios de la humanidad.

    Para quien planea quedarse sólo en Tánger, la medina de la ciudad ofrece todos estos ingredientes, además de una vista imperdible del puerto y de la bahía, además de España y del Estrecho de Gibraltar, más lejos. Si la visita es al final de la tarde, vale la pena esperar la puesta del sol.

   Sin duda, el lugar más frecuentado de la medina es el Grand Souk (gran mercado o feria, en árabe), una especie de plaza, con bares y comercio, donde se venden tejidos, alimentos y especias (azafrán, en particular). Ambulantes ofrecen frutas, hortalizas y baratijas. El negociar es imperativo: los descuentos varían de producto a producto, pero pueden llegar hasta el 50% del precio inicial.

CINEMATECA Y TÉ DE MENTA

     Es allí donde está la cinemateca de Tánger, instalada en el Cine Rif, construido en la década de 1930, y que exhibe películas locales. Tomar té de menta en uno de los bares es parte del programa. De la Casbá, el punto más alto de la medina, se tiene la mejor vista.

     En la Plaza de la Casbá está el Palacio del Sultán (en árabe, Dar El Makhzen). Era en ese edificio histórico que los sultanes de Marruecos se hospedaban cuando estaban en la ciudad, y las instalaciones albergan hoy dos museos: el de Artes Marroquíes y el de antigüedades y arqueología, al lado, en el palacio Dar Chorfa.

    Otra curiosidad de la medina indicada por los guías es visitar la tumba de Ibn Batouta, viajero y explorador que nació en Tánger en 1304 y partió en peregrinación a La Meca a los 22 años. Más un punto turístico está en la Rue Anoual: es el Gran Teatro Cervantes, con su fachada art déco. Inaugurado en 1913, fue considerado el más importante teatro del Norte de África.

    Para finalizar, un icono de Tánger: el café Hafa. Construido casi un siglo atrás, tiene muchos balcones sobre una ladera. Saborear un té de menta (MAD $ 7) mirando el mar es un fin de paseo perfecto.

INFLUENCIAS DE ANDALUCIA

     Quien tiene más tiempo puede visitar también la medina de Tetuán, ciudad a 60km de Tánger, situada entre el mar y la montaña. En autobús, el viaje tarda una hora, y el pasaje sale por MAD $ 20 (US $ 2). La medina es una de las más conservadas de Marruecos. Por eso, es patrimonio de la Unesco desde 1997.

    La primera providencia es tener una guía local. Sin ellos se corre el riesgo de entrar en esta maraña de callejuelas y tomar horas para salir o encontrar los puntos principales. Los guías están a disposición en la entrada de la medina y suelen ser insistentes. Si no desea el servicio, simplemente no se detenga y continúe caminando. Pero si opta por la compañía de uno de ellos, el idioma no es problema: se habla de español a inglés, con opciones en francés y árabe. Cerrado el negocio (algo como MAD $ 100 o MAD $ 150, para un paseo de hasta dos horas), prepárese para subir y bajar laderas a pie.

    En la medina de Tetuán, además de las pequeñas tiendas, hay talleres de diferentes artesanos. Están agrupados en áreas específicas: curtidos, carpinteros, joyeros, tejedores. Es indispensable ver de lejos el Palacio Real (con guardias en la entrada, es aislado de los turistas) y pasar por la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, la iglesia española de Tetuán. La ciudad tiene influencias de Andalucía porque abrigó a muchos judíos expulsados ​​del sur de España durante la Reconquista. Quien ya visitó Andalucía, al pasar por la bien cuidada plaza Hassan II, en el centro de Tetuán, va a reparar: fuentes, quioscos y flores en las calles hicieron ese pedazo de Marruecos muy parecido a la región española. Es como visitar dos ciudades al mismo tiempo.

 

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Mokhtar Gharbi

Mokhtar Gharbi المختـــار الغربـــي Periodista صحافـــــــــي Tánger طنجــــــة Tel. mobil 00212 676743345 الهاتف Tel fijo 00212 539308362 www.infomarruecos.ma

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