Said Jedidi es embajador de la paz por el Circulo Universal de embajadores de la paz, periodista y escritor
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El autoproclamado mariscal Jalifafa Haftar con la ayuda de otros, como él criminales de guerra, comienza a alucinar y a soñar con la captura de la capital Trípoli para ofrecerla con el petróleo del país a quien le ha ayudado para masacrar a los inocentes libios.
Con su ensangrentada historia de conspiraciones y servidumbres al diablo, el autoproclamado mariscal, formado (o reciclado) en los campamentos de entrenamientos de la CIA en MIAMI no parece tener ambiciones, salvo la de responder en tato que voz de su amo, a la recompensa a los que han contribuido a su criminal campana contra la legalidad en un país, objeto de mil codicias, de mil puñaladas, de mil intervenciones extranjeras y de mil traiciones.
Libia, un capitulo magrebí más, frustrado y decepcionate, no necesita a Haftar ni a sus mentores. Libia necesita la paz, la concordia, la reconciliación y la… legalidad… exactamente lo que el manipulado mariscal ignora.
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