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Llover ha llovido: A mal (relativo) tiempo, muy buenas caras

Los rostros del tiempo

 

Resulta, cuando menos, paradójico con qué velocidad se adapta la mentalidad popular a los fenómenos naturales cuando obedecen a sus acuciantes necesidades.

Desde hace semanas, a causa del retraso en la lluvia en el Reino, la gente ha procedido a una permutación de los adjetivos calificativos del tiempo: “Buen tiempo” cundo llueven, como ayer y anteayer y mal tiempo cuando hace sol y calor, como hace unos días.

Y creo que tiene razón, porque, al fin y al cabo, el tiempo debe servirnos y no nosotros servirlo.

De tal modo, que, además de sus efectos intrínsecamente benéficos, la lluvia aporta la sonrisa y la felicidad, de no solo los agricultores, sino de todo el mundo.

Bastaba ver a la gente ayer en las calles de Rabat como no se cubría de la intensa lluvia y como por poco la bebían, circulando con paraguas cerrado con una inconfundible tranquilidad y seguridad.

Dios es Omnipotente. Y Omnisapiente.

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