Lo menos expresado y más expresivo  El 8 de marzo: Entre la realidad y la ficción

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Mokhtar Gharbi redaccion de infomarruecos.ma-Tànger

 

 El asunto de la mujer no es un nuevo tema que se revive con el 8 de marzo, además es un problema general.

   Echemos un vistazo al asunto femenino en Marruecos, específicamente a través de la siguiente  pregunta: ¿Cuáles son las reales reivindicaciones de las mujeres marroquíes?, y antes cabe preguntar: ¿Quién es esta mujer marroquí?
     La escena femenina en Marruecos nos hace  identificar al menos dos tipos de mujeres marroquíes:
    La mujer marroquí elitista francófona, destacada en las tribunas, los salones y las listas electorales, y que no cree en la igualdad sin pisotear los valores religiosos y las creencias en las que los marroquíes creen y santifican tal como están en la religión islámica.
   La otra mujer es la que lucha en condiciones difíciles,  lejos de las cámaras, del lenguaje exótico y de los salones de lujo. O sea, la mujer trabajadora en las fábricas, en los mercados, en las casas, en las tiendas y en la administración. Estos son los terrenos de su verdadera lucha para vencer las dificultades  y  la crueldad de la vida.
   Aquí donde se impone la realidad de la comparación entre los dos tipos de mujeres, porque la primera no le importa lo que pasa a la segunda. Y aquí la igualdad entre el hombre y la mujer se determina precisamente por la pobreza y la necesidad, lo que explica el discurso monopólico de la representación sobre la  igualdad, donde una clase de mujeres pretende dominar el asunto femenino sin consultar y cooperar  con las que les interesa verdaderamente, las que viven la pobreza y la opresión.
    Los intentos no cesan en este sentido de monopolizar los asuntos de la mujer, sin pensar en las que constituyen verdaderamente la gran  masa femenina en Marruecos. Precisamente eso lo que la (élite femenina) no quiere que sea un asunto público para que la mujer elija su destino sin la tutela de un número limitado de mujeres con poderes obstinados.
   No se trata de la igualdad y de la herencia, sino de  un asunto social que algunos pretenden someterlo en nombre de la mujer y la reforma a través de  discursos preconcebidos,  mientras el verdadero problema se reside en la distribución injusta de riqueza y de la dignidad.