Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Lo que cuesta el Polisario: “Argelia: hogra y haraga”

                       

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de argelinos de Tinduf y víctima de laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

 “Dos palabras del léxico local resumen el malestar de Argelia: hogra y haraga”, escribe la prestigiosa revista británica The Economist, que dibuja un sombrío panorama de la situación económica y social, política y de derechos humanos en un país sometido a un régimen político-militar opaco”.

¡Tanto…! Quien lo describe así es un prestigioso semanario británico de reputación mundial. De tal modo que no sería fácil defender a capa y espada la “legitimidad” de una milicia cuando la imagen y el perfil propios están en tela de juicio.

The Economist y todo el mundo son conscientes de que el régimen argelino puede hacer/ser mejor… mucho mejor, pero sin ir por el mundo dilapidando los fondos de sus contribuyentes vendiendo el espejismo separatista y una empresa desestabilizadora que no puede encontrar buen comprador.

Así las cosas, no sería surrealista afirmar que ya va siendo tiempo de evaluar en su justo valor las cosas y optar, nunca es tarde, por el sentido común. La ruptura de las relaciones con un vecino, el cierre del espacio aéreo para él y una contienda que dura 47 años contra su soberanía y su integridad territorial.

No. No son tiempos de locuras y de “lógicas de insensatez”. No dan resultado. No pueden dar resultado. Son tiempos, en cambio, de la mano tendida y de la “lógica de sensatez”.

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