Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.
En su discurso del Trono de anoche, el Rey Mohamed VI de Marruecos acaba de colmar la materia pendiente en las relaciones inter-magrebíes: la distensión o como la califica el soberano marroquí: la lógica de la sensatez.
Con ello, cabe preguntarse si es productivo seguir insistiendo en una banda cuya filosofía es la violencia y el separatismo y cuya cuna fue la guerra fría.
La propuesta marroquí de una amplia autonomía debió seducir a los más belicistas, pero el Polisario tiene otros, proyectos, otras empresas que sus rehenes en los campamentos de Tinduf a los que, en 46 años su autosugestión mafiosa, ha hecho sufrir antes de cualquier otro actor en el prefabricado conflicto del Sahara, arrastrando al Magreb y a sus cinco miembros a una lógica de confrontación, en vez de complementariedad e inter-ayuda.
Problema y solución, solución y problema. Los
Los propios sahrauies, fuera y dentro, incluso del gulag de Tinduf, van tomando conciencia de la envergadura del crimen de las milicias del Polisario que se ha acomodado en sus ingresos, en su malversación de la ayuda humanitaria internacional y en sus diferentes tráficos en la zona subsahariana.
La paz, no la guerra, la concordia, no el odio, la reunificación, no el separatismo salvaje y despreciativo. O lo que es igual: El Movimiento saharaui por la Paz que se impone como alternativa a la contraproducente metodología polpotista del Polisario para zanjar un problema que nunca debió existir y que condena a miles de inocentes a vegetar durante lustros a pesar de su derecho a una vida decente y a un presente y futuro mejor.
El problema, el Polisario, el MSP, la solución.
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