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Los atentados terroristas y el supremacismo blanco * Ángel Álvarez Hernández

Opinion (Islam News)

 

Patrick Crusius, un lobo solitario de 21 años, eligió el Walmart de El Paso, en Texas, para cometer una horrible masacre asesinando a 24 personas e hiriendo a otras 22. Su motivación fue “una supuesta invasión hispana de Texas”.

Brenton Tarrant, asalto dos mezquitas en Nueva Zelanda asesinando a 49 personas a sangre fría Su intención fue según sus propias palabras, “cometer una barbarie para evitar otra mayor”, para “enseñar a los invasores que nuestras tierras nunca serán sus tierras, nuestra patria nunca será la suya, al menos hasta que el hombre blanco viva, y que nunca conquistarán nuestro país y nunca sustituirán a nuestra gente”.

Darren Osborne, un británico anti-musulmán, decidió por su cuenta, vengarse de los atentados terroristas del DAESH, y asesino a una persona e hirió a otras nueve cuando salían de orar de una Mezquita, situada en el barrio londinense de Finsbury Park

El criminal islamófobo Breivik, y mentor de todos los asesinos descritos anteriormente, después de asesinar a 77 personas en Noruega, (la inmensa mayoría jóvenes socialdemócratas anti-racistas), dijo:

Si tuviéramos que esperar 20, 30, 40, los noruegos étnicos y europeos serán una minoría. Por tanto, no podemos esperar más, como se mencionó anteriormente, las intenciones y motivaciones se basan en el bien y no el mal.

Todos los terroristas  supremacistas blancos que comenten delitos de odio tienen los mismos rasgos en común y una misma ideología. Todos comparten la teoría conspiranoica que describe el Plan Kalergi.

El principal difusor del Plan Kalergi fue Gerd Honsik escritor revisionista que negó la existencia del holocausto y que fue condenado en Austria por escribir “¿Absolución para Hitler?” “No hubo cámaras de gas en Dachau”. En su libro “Adiós Europa”, describe la elaboración de un plan, diseñado para la destrucción de la raza blanca y la dominación del mundo por la presunta élite judía, mediante la mezcla de sangre. La destrucción de la raza blanca sería llevada a cabo mediante la importación a Occidente, (Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda), de millones de personas del resto del mundo (inmigrantes y refugiados) que al mezclarse con los europeos crearían una raza nueva mestiza, fácilmente manipulable, inferior intelectualmente, mansa y dócil, en la que se habrían diluido las cualidades de la raza blanca y sobre la cual gobernaría la élite judía, aliada con la oligarquía occidental. Esto es descrito como el“exterminio o el genocidio blanco”. Tan siniestro Plan, según Gerd Honsik, es obra del Conde Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi, (Conde Kalergi), persona de origen judío y quien curiosamente era mestizo al ser hijo de padre austriaco y madre japonesa.

La utilización del Plan Kalergi por parte de los grupos supremacistas blancos se hace para:

  1. Demostrar la existencia de un Plan destinado al exterminio de la población blanca mediante el mestizaje.

  2. Señalar a una supuesta élite judía que domina los medios de comunicación y las organizaciones internacionales y que lo está llevando a cabo, junto con la oligarquía occidental.

  3. Poner de manifiesto la presunta existencia de diferentes razas humanas donde la raza blanca seria intelectualmente superior a otras. La raza blanca seria generadora de desarrollo económico y cultural frente a las demás razas inferiores intelectualmente.

El término ‘razas humanas’ es un concepto social, no científico, ya que los rasgos físicos externos que diferencian a los seres humanos son el 0,01% de los genes. A este respecto, José Marín González, Doctor en Antropología de la Universidad La Sorbonne de París, señala:

“Las razas no existen, ni biológicamente ni científicamente. Los hombres por su origen común, pertenecen al mismo repertorio genético. Las variaciones que podemos constatar no son el resultado de genes diferentes. Si de ‘razas’ se tratara, hay una sola ‘raza’: la humana.”

Patrick Crusius, Brenton Tarrant, Darren Osborne y Breivik, alimentaron su odio en las redes sociales donde los grupúsculos neonazis, las sectas ultras y los partidos populistas de la extrema derecha como VOX, han utilizado el Islam y la inmigración para captar votos a costa de la verdad. El terrorismo mal llamado yihadista ha sido el instrumento utilizado para justificar el gasto en armamento, seguridad e invadir países con enormes recursos económicos. Ahora el terrorismo supremacista aparece alimentando esta espiral de odio. Después de cada atentado las acciones de las empresas armamentistas han subido en la bolsa.

La prensa y los medios de comunicación de masas, en muchos casos, han estimulado esta espiral de odio con titulares sensacionalistas que ocultaban la realidad de las víctimas, los inmigrantes y los musulmanes. Los intereses de sus propietarios han estado  por encima de la verdad, incluso fabricando bulos. Solo el rechazo social y la pérdida de beneficios económicos obligaron a google twitter y facebook a cambiar su política sobre el discurso de odio.

El discurso del odio o hate speech encierra la intención deliberada de provocar un menoscabo en la dignidad de un grupo de personas a través de “expresiones hirientes, humillantes, degradantes o de menosprecio”. El Comité de Ministros del Consejo de Europaen su resolución nº 20 de 1997 expresa que “abarca todas las formas de expresión quepropaguen, inciten, promuevan o justifiquen el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo u otras las formas de odio basadas en la intolerancia, incluida la intolerancia expresada por agresivo nacionalismo y el etnocentrismo, la discriminación y la hostilidad contra las minorías, los inmigrantes y las personas de origen inmigrante”.

La Sentencia del Tribunal Constitucional 214/1991, de 11 de noviembre, ha señalado que “el odio y el desprecio a todo un pueblo o a una etnia (a cualquier pueblo o a cualquier etnia) son incompatibles con el respeto a la dignidad humana, que sólo se cumple si se atribuye por igual a todo hombre, a toda etnia, a todos los pueblos.

El artículo 510.1 a), del código penal establece que serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses, quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, en la Sentencia 360/2010, definió la ideología nazi como, “ideología que se caracteriza por el fanatismo irracional, la carencia de todo sentido de humanidad hacia quien se tiene por adversario, y el crimen”.

Habrá más víctimas inocentes si no somos capaces de entender el instinto homicida que empuja a un supremacista a cometer sus crímenes. Es necesario que se eduque en valores integradores y se deseche el identitarismo excluyente.  Un identitarismo excluyente según el cual si eres musulmán no puedes ser español o si tienes la piel oscura o negra eres rechazado. El identitarismo excluyente se alimenta de prejuicios, que eleva a razones suficientes para discriminar y cometer actos violentos. Ojala estos crímenes fueran los últimos.

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