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Los errores sobre el juicio de Gdeim Izik en “EL MUNDO” Letrado Lorenzo Peñas Roldan

El Mundo: Entre la ética y el cachondeo

La publicación en dicho diario de un artículo en junio con afirmaciones inexactas o inciertas ha motivado el presente artículo de opinión.

 El pasado 11 de junio de 2019, en las páginas de internacional de el diario El Mundo, escribía la periodista Rosa Meneses un artículo titulado “Cárcel, torturas y palizas: Marruecos impone la ley del silencio en el Sáhara”.

Juicio Gdim Izik: “Justo ” y “Equitativo”

 Mi análisis – no coincido con su autora en la inmensa mayoría de las aseveraciones vertidas en el mismo – se centra exclusivamente en rebatir uno de los párrafos contenidos en dicha publicación. En concreto es el siguiente.: “En estos momentos, seis periodistas saharauis se encuentran en las mazmorras marroquíes por el simple hecho de hacer su trabajo: informar. De ellos, cuatro están condenados a severas penas de cárcel. Se trata de Bachir Khadda, de Equipe Média, condenado a 20 años; Hassan Dah, de RASD TV, que cumple una sentencia de 25 años; Abdelahi Lakhfawni, periodista ciudadano de Equipe Média, que fue condenado a cadena perpetua, y de Mohamed Lamin Haddi, colaborador de la radio del Polisario en los territorios, sentenciado a 25 años de prisión. Todos fueron detenidos tras el violento desmantelamiento del campamento de protesta de Gdeim Izik, que en el otoño de 2010 reunió a unas 20.000 personas a las afueras de El Aaiún para protestar por las míseras condiciones económicas en las que vive la población local. Juzgados por un tribunal militar de Rabat en un macro juicio que no reunió las garantías de un proceso justo, fueron condenados tomando como base únicamente sus testimonios, extraídos bajo tortura”.

No hay peor ciego y sordo que El Mundo

No soy periodista, ni pretendo serlo, pero siempre entendí que cualquier profesión, especialmente la del informador, la del periodista, ha de estar presidida por el rigor y la información contrastada. Pues bien, el párrafo en cuestión es un claro ejemplo de todo lo contrario.

Ejercí, como Letrado, la acción civil en el denominado proceso de Gdeim Izik dónde diez agentes de las fuerzas auxiliares y policías, así como un miembro de protección civil fueron asesinados en el paraje de dicho nombre, muy cerca de El Aaiun. Dichos servidores del Estado marroquí fueron asesinados, degollados y alguno de ellos orinado por unos crueles asesinos sin que importe ni su origen, ni su vecindad ni su profesión ni las ideas que pretenden enarbolar como justificativas de una acción atroz, deleznable e injustificable en cualquier Estado social, democrático y de Derecho.

 Por tanto, el primer injustificable y grave error es pretender enmascarar a un asesino destacando su profesión. Del artículo se colige el encarcelamiento de periodistas por el hecho de serlo como un gravísimo atentado a quienes representan la libertad de expresión como esencia de un Estado con una democracia plural y libre. Sano, en definitiva. Se obvia no obstante que las condenas falladas en el juicio de Gdeim Izik nada tuvieron que ver con la profesión de cada uno de los procesados entre los que había funcionarios, maestros, conductores de autobús, etc, etc… Las condenas lo fueron a asesinos, nunca jamás a periodistas. Ni siquiera los hechos que se les imputaban tenían nada que ver con una labor informativa o colaborativa sino con portar armas, lanzarse duna a bajo disparando y atropellando en vehículos cuatro por cuatro a agentes desarmados que procedían a evacuar un campamento de forma pacífica. Por eso, entre otras cosas, iban desarmados porque se trataba de un desalojo sabido, aceptado y con todas las garantías de un desmantelamiento dialogado. El artículo insiste en su encarcelamiento y condena por informar cuando lo cierto es que en las actas y en las sesiones del juicio jamás se habló siquiera de su profesión sino de hechos probados consistentes en el asesinado de agentes desarmados y sin posibilidad de defensa.

Los inadmisibles y tendenciosas noticias sobre gdeim izik

El segundo error, llamativo error, es obviar que los cuatro condenados a los que se refiere el artículo confesaron su crimen y lo hicieron, no en sede policial, sino en sede judicial con todas las garantías, tantas como que estuvieron siempre presentes sus letrados, aquellos que luego los defendieron en Juicio. Y no sólo eso, se olvida al tiempo que existen videos, testigos y peritos que avalan lo reconocido por los después condenados incluida la pericia que avoca a concluir sin duda alguna que jamás existió tortura alguna en la obtención de dicho testimonio, insisto siempre en presencia de sus letrados – huelga destacar que ninguno de estos insignes compañeros jamás denunció entonces tortura o forzamiento alguno-, libremente elegidos y de nacionalidad no únicamente marroquí. El elenco de letrados franceses de la defensa era significativo.

Igualmente injusto es hablar de un proceso sin garantías cuando en el mismo existieron observadores internacionales, letrados de diversas nacionalidades tanto en el ejercicio de la defensa como en el de la acción civil y una normativa penal y procesal digna de cualquier País de nuestro entorno cultural pero claro si evitamos hablar de un juicio militar que se anuló y hubo que celebrar en el orden civil, damos una información sesgada y del todo injusta generando un pensamiento alejado radicalmente de la realidad. No es admisible aceptar un artículo en el que sin el más mínimo rigor se hable sólo de un juicio militar nulo de pleno derecho por mandato del nuevo texto constitucional marroquí. Efectivamente el 27 de julio de 2016 el Tribunal de Casación de Rabat revocó la sentencia que sobre estos hechos había fallado el Tribunal Permanente de las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos, de fecha 17 de febrero de 2013 y ello por cuanto la nueva Ley sobre Jurisdicción Militar de fecha 1 de julio de 2015 ponía fin al enjuiciamiento de civiles en la jurisdicción militar y ello por cuanto la nueva Constitución marroquí de 2011 así lo prohibía. De ahí el nuevo enjuiciamiento en la jurisdicción civil, en concreto en la Corte de Apelación de Rabat que fue la que finalmente juzgó, sentenció y condenó a algunos de los procesados. Otros quedaron libres y otros vieron resolver su situación procesal de forma bien distinta a como en su día lo hiciera la jurisdicción militar.

Utilizar la expresión mazmorra – recuerden que es prisión subterránea según la RAE – para referirse a los centros privativos de libertad marroquíes ya es suficientemente elocuente respecto a la tendenciosidad del artículo; referir que el juicio de Gdeim Izik – en junio de 2019 – fue fallado por un Tribunal Militar es algo más. En definitiva, entiendo, dicho sea, con el mayor de los respetos, que la Sra. Meneses no es sólo parcial sino acreditamente inexacta en unas afirmaciones que desde luego en nada contribuyen a formar una opinión fundada y justa. Se puede criticar hasta el hastío un elenco de penas que desde la perspectiva de un ciudadano español puede sonrojar, pero no menos que cuando esa misma visión se dirige a una nación como la norteamericana dónde ese mismo elenco es una indeseable realidad. Contrariar la pena de muerte, las condenas a perpetuidad es algo más que respetable, se defienda o no, pero obviar datos objetivos como un fallo de un Tribunal civil obedece a otro tipo de intereses y lo que entiendo necesitan las relaciones con el país vecino es menos ira y más objetividad.

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