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Los milicos de Argelia y su complejo marroquí Por Hassan Achahbar

   El destino de Argelia, lo quieran o no sus milicos, está ligado al de Marruecos.

 

  

Hassan Achahbar experto marroqui en cuestiones latinoamericanas

El destino de Argelia, lo quieran o no sus milicos, está ligado al de Marruecos. El hermano mayor hasta le da sentido y legitimidad a su existencia como Estado nuevo. Sin pasado glorioso, aunque convertida por la gracia de Francia en el país geográficamente más extenso de África, Argelia se sigue inventando una historia y para ello, Marruecos es su referencia.

La pesadilla de la ex-primera colonia francesa en África es cómo deshacerse de un pasado doloroso para dotarse de una nueva etiqueta, de una identidad más glamorosa. Por ello, sus alianzas, sus planes y absolutamente toda su estrategia, están pensados en función de lo que hace o deja de hacer Marruecos. Mientras, sobre la marcha, los milicos sobreactúan en busca del sueño imposible: superar su complejo marroquí.

   En el fondo, el drama de Argelia son sus “generales bonitos”. El difunto rey de Marruecos Hassan II solía repetir que “le style, c’est l’homme”. Es precisamente ese “estilo que hace al hombre” que les falta a los descerebrados jefes militares que mandan en Argelia desde su primera comunión como Estado independiente en 1962.

  Hace seis décadas pues, que estos generales de salón hipotecan el destino del país ensayando con títeres y jugando a la ruleta rusa con los sueños del pueblo argelino. Seis décadas exprimiendo las riquezas, despilfarrando e invirtiendo en empresas fallidas y en compras compulsivas de juguetes de guerra, con el único objetivo de medirse y superar a Marruecos.

Durante seis décadas, la suerte y el destino de la “República Democrática y Popular” están íntimamente atados a la de esos milicos que continúan armándose, si bien saben que se necesita algo más que unos gadgets de guerra de última generación para impresionar y disuadir al país vecino.

Eso que, en nuestros días, las aventuras militares son actos de suicidio. Entre los ejemplos más recientes, el de las Malvinas, en 1982. Argentina lo tenía todo a favor para sacar a los ingleses de sus islas del Sur. Pero la dictadura militar lo echó todo a perder.

  Un ejemplo más, el del libio Muammar Gaddafi. También militar e igual de terco, bruto y fanfarrón que los milicos argelinos.  Se había armado hasta los dientes para luchar contra los molinos de viento. A final de cuenta, perdió su primera y única batalla en 1986. Siquiera supo a qué servía su enorme arsenal engullido por el desierto.

   Cuando atacado y sus Jaimas incendiadas por un misil enemigo, perdiendo seres queridos en la agresión, se paralizó y ni a modo de ensayo reaccionó. Ninguno de sus aviones despegó. Un solo misil sepultó sus sueños de grandeza y él, se tragó su orgullo.

Los milicos argelinos poseen armas sofisticadas y en cantidades como para declararles la guerra a todos sus seis vecinos africanos. Lo que no tienen es el cerebro. Ayer, se exhibieron en ejercicios tácticos “con munición real” muy cerca de la frontera con Marruecos. ¿Para intimidar o para impresionar? Historia de la oveja que quiso espantar al lobo echando gases.

 

Fuente: notilamar.com 

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