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“LOS NIÑOS WICHÍS” – NIÑOS DESNUTRIDOS II – Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

Compartí con ellos 10 años siendo maestra en los montes de FormosaLos vi correr, jugar con bodoques (bolitas de barro), bañarse en el río, caminar la tierra camino a la escuela con sus pies descalzos, jugar a la pelota en canchas sin arcos, como todo niño, unos lentamente y otros a los saltos, a esa edad no saben que hay leyes escritas para guiar sus pasos, son pájaros libres en medio del monte, no dibujan grietas ni encierran espacios. Los que sacian su sed con una naranja arrancada de un árbol o aplacan su hambre comiendo mandioca que remplaza al pan, arrancando su fruto en medio del patio. Los que ven el postre colgado en los cachos de los bananales sin poder tocarlos. Sus padres le dan el derecho más noble y sagrado, hablar en su idioma, contar las mismas leyendas que el anciano abuelo les fue relatando, saboreando lento pasado y futuro que su raza pura fuera resguardando. Juegan otros juegos, cantan otros cantos, pero son iguales la risa y el llanto de todos los niños que habitan el mundo que arruinamos tanto. Nada nos detuvo ni leyes escritas ni palabreríos reconciliatorios que silenciosamente se fueron borrando. Él día del niño, no es justo ni humano, ¿Nunca lo pensaron quienes lo decretaron, que encendían una luz y pintaban una sombra? Habrá besos, abrazos regalos y mimos para unos, ese día estará lleno de luz para ellos. Para otros habrá ausencias amadas, sueños imposibles de cumplir, besos borrados, para ellos será un día de sombra. En vez de escribir leyes y decretar días de conmemoraciones, démosles a los niños del mundo, amor, respeto, buenos ejemplos de vida, una caricia aunque tengan su carita sucia, saquémosles una lágrima aún sin conocerlos, prestémosle nuestra mano para que aferrándose a ella no se sientan solos y arrimando nuestros labios digámosle en secreto, te quiero, cuenta conmigo que yo necesito contar contigo. Fuimos niños ya  hace ya mucho tiempo,  nuestros padres y abuelos nos enseñaron obligaciones y derechos. Ojalá todos los niños del mundo tengan esa suerte. Sin embargo, difícilmente hubo una época tan cruel con los niños, que son los primeros titulares de atribuciones y potestades. Niños bombas, usados, heridos y muertos, masacrados en las escuelas, sin familia, sin casa, arrojados al mar,  a la buena de Dios, desnudos, hambrientos, mendicantes, niños que se ahuyentan hacia la calle, niños que se raptan y se venden; niños perseguidos sin misericordia, como se hacía antes con los perros cimarrones. Niños que se asesinan a tiros con la complicidad de los terroristas, los  mismos guardianes del orden, de las grandes potencias y el silencio de quienes tranquilizan su conciencia pensando que no pueden evitarlo. Hoy todavía abundan los niños inmolados, abandonados en cruentas guerras sin fin. Si asumimos – todos juntos -, actitudes eficaces para proteger los derechos de los niños, no pasará mucho tiempo que debamos presenciar esos cuadros en nuestro país con la pobreza, marginalidad, violencia y la pandemia que avanzan sin cesar. Parecen noticias venidas de un mundo ficticio o irreal. Pero son sucesos reales. Lo que sucede con miles de pequeños en el planeta son aberraciones que claman al cielo.

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