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Los relatos del Corán (o de los Profetas), de: Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata Traducido al español por Said Jedidi (Dar Al Kutub Al Ilmya- Beirut)

Especial Ramadán

                               XVIII- JOSÉ TESORERO DE EGIPTO

José tenía pues la intención de hacerse con las riendas del poder para dotarse de toda disposición de naturaleza a poner al país a salvo de lo que le acechaba. Mañana la situación será extremadamente grave.

De esta forma, José ocupo una de las funciones más altas del país, convirtiéndose, de noche a la mañana en un ministro muy influyente, respetado, fuerte y objeto de envidia por todos.

La gente lo visitaba para beneficiarse de su sabiduría. ¡Qué controversia! Poco antes era un simple prisionero, objeto de todos los sufrimientos un joven propuesto q la venta como si fuera una mercancía barata. Si no fuera porque  Allah nunca Abandona a la gente del bien a la que Cubre con su misericordia, pagándolos por sus buenas obras, José hubiera permanecido en la prisión hasta el fin de sus días.

José presidio los destinos de Egipto durante siete años durante los cuales la vida era prospera. El Nilo volvió a ser lo que era antes, las cosechas, abundantes y la gente colmada de riquezas y viviendo en el bienestar y la tranquilidad. Durante este tiempo, José manifestó una perspicacia digna de un buen gobernador. Había instituido reservas y depósitos para almacenar las cosechas. Las riquezas se dejaban ilustrar en todo el país. Siete años más tarde, los días anunciaron la llegada de un nuevo periodo: el de la escasez. Como previsto, la gente se encontró intacta y protegida, recibiendo estos difíciles años con confianza. La escasez no les perjudicó tanto porque se habían preparado debidamente para afrontarla. La escasez era general, extendiéndose hasta los puntos más recónditos del país como Kana’n, el país donde vivía el profeta Jacobo.

José se hizo célebre no solamente en Egipto sino en todos los países vecinos. Su buena reputación era a flor de boca de todos. La gente comentaba que Egipto estaba inmunizado gracias a un ministro sabio, integro y clarividente. La noticia se propagó por todas las ciudades hasta llegar a Kana’n. En los palacios o en las calles estrechas la gente no hablaba de la honestidad de este ministro que había preparado al país a hacer frente a esta desgracia, incitando a su pueblo a almacenar las cosechas y a trabajar incansablemente para afrontar esta difícil situación. Todo el mundo hablaba con admiración de la justicia de este tesorero que distribuía los bienes sin abuso o dilapidación y que no hacia distinción alguna entre la gente, dando equitativamente los pesos sin abusar de las medidas.

Al escuchar hablar de la inmunidad de Egipto, Jacobo pidió a sus hijos tratara de obtener algo: “O mis hijos la escasez afecta a todo el mundo y la hambruna es inevitable. Os debéis preparar para ir a Egipto, donde os dirijáis hacia este intendente cuyas noticias nos han llegado a través de jinetes y peatones, por los extranjeros y los conciudadanos. Veis que su reputación pasa de boca en boca tanto en las ciudades como en las pequeñas localidades lejanas. Os pido dejar a vuestro hermano Benjamín conmigo. Su presencia me consolara durante vuestra ausencia y me aliviara el corazón. Que Allah os Proteja y os Guie en la buena vía. Un bedel vino a anunciar a José: “Hay diez hombres en la puerta. Se parecen como una gota de agua. Creo que son extranjeros. Durante el primer encuentro daban la impresión de ser’ honestos. Ello se refleja en sus rostros. Debido a su acento, se diría que son extranjeros o visitantes venidos de un país muy lejano. Además, están nerviosos y sorprendidos. Están esperando tu permiso para entrar y presentarse ante ti”.

Continuara

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