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Los relatos del Corán (o de los Profetas), de: Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata Traducido al español por Said Jedidi (Dar Al Kutub Al Ilmya- Beirut)

Especial Ramadán

                         XXIII- JOSÉ TESORERO DE EGIPTO (VII)

Al llegar ante José, después de un largo viaje, éste reconoció inmediatamente a su hermano menor y aunque quería abrazarlo y darle una fuerte acolada prefirió ocultar sus sentimientos, comportándose normalmente e incluso invitándolos a comer. Dio sus instrucciones a sus sirvientes para colocar en cada mesa dos personas. De tal modo que Benjamín se encontraba sin sus compañeros, comenzando a llorar: “Si mi hermano José viviera me hubiera servido hoy de compañero”. José propuso entonces participar en el manjar junto a su hermano menor, diciendo: “Cada uno de vosotros tiene un compañero. Queda Benjamín que será mi compañero”. José se sentó junto a su hermano diciéndole: “¿Quieres que yo sea tu compañero?” respondiendo Benjamín: “¿Dónde podría encontrar a un hermano tan amable como tú? Es una lástima que no fueras el hijo de Jacobo y de Raquel. Ante esta situación José lloró y abrazó muy fuerte a su hermano, diciéndole: “Yo soy tu hermano perdido, José. Yo soy a quien esperabas siempre tener a tu lado. O, hermano, he sido objeto de situaciones extremadamente difíciles y duras. Vi a treinta y seis velas. El daño que me hicieron era insoportable. Jamás olvidaré aquel día en que mis propios hermanos me arrojaron al fondo del pozo, desoyendo mis lamentos y mis suplicas. He sufrido mucho…muchísimo. Caravaneros me expusieron a la venta como un esclavo. Mi amo me acusó de ser traidor y desagradecido cuando en realidad su esposa quería someterme a sus tentaciones. En la prisión soporté sufrimientos indescriptibles. Pero me armé de paciencia y trabajé mucho para restablecer mi inocencia. Esta falsa acusación me hubiera podido mancillar y deshonrar. Me entregué a Allah y la verdad estalló un día y como ves, estoy rodeado de gracias: la riqueza, la dignidad, los bienes y la prosperidad son una recompensa que me Acuerda el Señor del Universo. Esta es la retribución de los que nunca pierden confianza ni fe en el Señor y hacen el bien alejándose del mal. No cuentes esta historia a tus hermanos. Es un secreto que debes guardar por ahora a cal y canto. Benjamín se sintió aliviado, al tener a su querido hermano ante él de nuevo. ¡Adiós al sufrimiento! El destino no traerá más que buenas noticias.

El momento llegó en que la hospitalidad terminaba. Los hermanos preparaban sus cosas para emprender el camino de regreso a su familia. José quiso ponerlos a prueba, ordenando a sus sirvientes a introducir en el momento de abastecimiento, su copa en el equipaje de Benjamín.

Continuara

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