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Los relatos del Corán (o de los Profetas), de: Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata Traducido al español por Said Jedidi (Dar Al Kutub Al Ilmya- Beirut)

Especial Ramadán

                                                                    Choaïb

La gente de Madyana era de origen árabe. Vivía en un lugar llamado Ma’an al borde de Damasco, donde practicaban la idolatraría, dando asociados a Allah como, por ejemplo, Al’Ayka[1]. Era defraudadora, no escatimaba esfuerzo de causar daño a la gente en sus bienes, de tal manera que, en sus transacciones, pesaban de manera fraudulenta.

Allah les Envió a Chouaïb como mensajero, acordándole pruebas fehacientes de su sinceridad y apoyándolo con milagros. Chouaïb se encargó, de este modo, de invitar a su gente al culto de un Dios Único, de ser equitativos y de evitar la corrupción.

Para convencerlos, Chouaïb insistía en las gracias de Allah que los convirtió en fuertes y numerosos después de haber sido débiles y muy pocos, proporcionándolos riquezas después de haber sido pobres e incapaces. Les explicaba las nefastas consecuencias de su mala acción y de su negativa ante la voz de la verdad y advirtiéndolos contra las calamidades de un día convenido si persistían en su conducta mal honesta.” La vía del extravío – les decía- no acarrearía que la mala suerte y el retorno a la razón seria vuestra salvación”. Predicaba día y noche, para indicarles la buena vía, pidiéndoles renunciar a sus malas acciones y que de continuar obrando de este modo merecerían una retribución sin contemplaciones, severa y horrible. La gente de Couaïb no encontró mejor respuesta que la burla y el oído de mercader ante sus esclarecidos consejos, tomando a la ligera las palabras de Chouaïb y difamándolo e insultándolo públicamente: “Chouaïb ¿son tus oraciones que te instan a pedirnos dejar el culto de nuestros antepasados y a renunciar disponer como queramos de nuestros bienes? ¿Cómo quieres que cesáramos de actuar de esta forma cuando este comportamiento es justamente el que nos ha permitido amasar esta riqueza? Nadamos ahora en el bienestar y tu vienes para aconsejarnos de conformarnos con tan poco. ¿Qué razón te induce a aconsejarnos a abandonar este culto que seguimos desde hace siglos? La verdad es que se trata de una herencia legada por nuestros padres y nuestros más antiguos antepasado. Este culto es, para nosotros, una ley que de ninguna manera se debe violar.

¿Cómo te desmarcas de este culto si tú fuiste siempre un hombre razonable, honesto clarividente?

Chouaïb logró conservar su calma, limitándose a desplegar un enorme esfuerzo para controlarse a fin de no reaccionar de manera perjudicial a sus argumentos, mostrándose sabio e indulgente, no pensando ni siquiera en tratarlos de manera hostil o de expresar alguna ironía para con sus tonterías.

Se armó de paciencia para rechazar de la manera más razonable, sus alegaciones, abriendo con ellos una discusión racional, tratando de convencerlos sin tener que recurrir a la fuerza a contraofensivas verbales. Su discusión se basaba en dos argumentos esenciales: la dulzura y la lógica. Comenzó recordándoles el vínculo familiar existente entre ellos, con la esperanza de que sus próximos pudieran intercambiar consejos por amor a Allah en vez de la búsqueda de los intereses. Sobre este punto, precisamente, Couaïb se basaba en sus gestos. El lazo que existía entre ellos podría incitar a esta gente- pensaba- a escucharlo y a considerar su palabra como una verdad, además de estar la más dispuesta a creer que, a través sus consejos ni buscaba rango social, ni bien material sino al contrario, hacer el bien era su único objetivo y su única finalidad.

Al comienzo Chouaïb ha creído que esta gente venía hacia él para escuchar atentamente lo que predicaba. Presentía que su palabra encontraba oídos receptivos y que sus corazones estaban entreabiertos para escuchar su mensaje por lo que contemplaba tratar de convencerlos más para dar crédito a lo que decía a fin de franquear el primer paso hacia la aceptación de la verdad. Por ello les manifestó que había sido gratificado por una gracia de Allah y que las buenas gracias acordadas por el Todopoderoso les impedían seguir haciendo lo que hacían ellos o de obrar como obraban ellos. Que estas buenas gracias les impedían, por reconocimiento y gratitud hacia Allah de mostrar negligencia alguna respecto a lo que había sido encargado de cumplir y de nunca olvidar esta noble misión: La revelación que había recibido del Señor en la que le Colocaba ante sus responsabilidades hacia su pueblo y hacia la humanidad entera. No podía, de modo alguno ignorar esta obligación que para él era una moral más que divina. Les declaró públicamente que había recibido una revelación que le incitaba a predicar con el mensaje divino y a conducir a la gente por el sendero del bien y la virtud. Esta misión era la verdad. Chouaïb no vaciló en confiarles que es él solo quien fue gratificado por una revelación y no ellos. Que, contrariamente a ellos, él había sido redimido y guiado en el buen camino, jurando que nunca renunciaría a esta responsabilidad y de trabajar incansablemente para esclarecer a la gente lo que ignora. Estaba resuelto a cumplir con su misión hasta el final cualquiera que fuera la consecuencia. Para él, la revelación ha sido el apoyo tan deseado y anhelado. Su decisión y su determinación al respecto eran inquebrantables. Les juró continuar transmitiendo el mensaje del Señor, pero precisando que no iba a obligarlos a aceptarlo contra su voluntad. Estaba lejos de imponerles lo que detestaban: “No os obligo a seguir mis pasos. Peor aún: no tengo ninguna intención de hacer lo que os desaconsejo. He vivido entre vosotros durante mucho tiempo y siempre me considerasteis sabio y paciente. Habéis reconocido que yo era honesto e indulgente. No os pido ninguna contrapartida por lo que hago por vosotros. Allah me compensará No podré ser ayudado más que por Allah y solo busco reformar y mejorar lo que pudiera. En ello no cuento más que con Allah a Él volveré.

¿Parecido ser puede ser rechazado o difamado? ¿Esta declaración, no era suficiente como para incitarlos a acordarle la fe? Chouaïb era el mejor de su siglo. Debían seguir sus consejos e imitar su forma de actuar. Pero… ¿Qué se puede hacer con gente tan ciega y tan descarriada como ella? ¿No les había dicho que no busca más que su bien y que obraba con vistas a evitarles un horrible castigo? Les quería simplificar el recorrido, aclararles las cosas y enseñarles las ventajas y los inconvenientes, pero, en vez de agradecérselo, le trataron de mentiroso. ¡Jamás! Su forma de ser le evitaba lanzarse en falsas acusaciones. Su irreprochable conducta era más que suficiente para convencerles a reflexionar mil veces sobre lo que les proponía antes de darle la espalda.

Después de esta declaración, Chouaïb presintió su repugnancia a aceptar sus consejos. Observó que renunciaban a su mensaje pese a que les había facilitado las cosas de manera tan cabal y tan explícita hasta el punto de que no les dejó excusa alguna para la renuncia, acabando con todos sus argumentos al presentarles pruebas fehacientes de su sinceridad y de la ignorancia de la mayoría de ellos.

Después de tanta pena por ellos, seguían siendo obstinados, rechazando prestarle oído receptivo, expresando incluso su descontento. Chouaïb sospechaba que el orgullo y los celos estaban en la base de este comportamiento insensato. Por ello les desaconsejó renunciar al llamamiento del Señor de los cielos por razones tan insignificantes y que la animosidad y el rencor no debían impedirles corregir sus conductas que, de encontrarla anacrónica o en contraste con la verdad que le escucharan por lo menos. Les aconsejaba ser lógicos y no confundir las cosas.

Si duda, tenían el derecho de no apreciar a Chouaïb en tanto que persona, pero ninguna razón de negar o renegar sus cualidades, que era un profeta, con pruebas procedentes de Allah. Chouaïb les advirtió contra este comportamiento estéril e insensato, diciéndoles que si seguían con este injustificable orgullo serian objeto de un cruel castigo del Señor, que sus faltas y sus pecados no podían evitar que volvieran hacia Allah arrepentidos y de creer en Su Unicidad como Allah Omnipotente e Indulgente. Pedir el perdón del Señor les evitaría las calamidades y la sanción convenidas: “Aquí me tenéis proporcionando todos los argumentos. Si me detestáis en tanto que persona escuchad mi llamamiento y no me deis la espalda. Aprovechad mis conocimientos, renunciando a mi persona en tanto que ser humano no como un profeta. Allah abarca con Su misericordia a todas las criaturas. No os Pide más que reconocer vuestros errores y jurar sanear vuestros pensamientos sino el castigo será vuestra retribución. Os suplico no acordar gran importancia a mi escisión con vosotros porque esta escisión no os conducirá al destino reservado a los pueblos de Noé, Hud o Salih. De hecho, el pueblo de Lot no era diferente a lo que hacéis. Sus pensamientos perversos eran más claros que el brillo del sol”.

Por otra parte, Chouaïb les presentó detalladamente todos los argumentos inherentes de convencer al más reticente. Una vez más, les advirtió contra las consecuencias de sus perjuicios, aniquilando sus argumentos y apoyándose en pruebas y signos muy visibles. Pero al encontrarse incapaces de refutar sus argumentos, recurrían a insignificantes astucias, zigzagueando, defendiéndose con insultos y tonterías. “No comprendemos gran cosa de tus discursos. Tus palabras no nos influencian. No tienen la menor importancia para nosotros. Además, están muy lejos de poder infiltrarse en nuestros espíritus o de alterar nuestros sentimientos. Deja, pues de excitar a los que son más fuertes que tú que no eres más que un pequeño débil pobre. Sin los tuyos te hubiéramos lapidado voluntariamente para que dejes de imponernos tus ideas”. Chouaïb se encontraba, pues, en una delicada situación con la que debía imperiosamente obrar de manera indulgente y razonable. No se había declarado por vencido cuando se presentaron como superiores a él, con mas dignidad y fuerza que él. De hecho, no se consideraba inferior a nadie. No obstante, estimó necesario rechazar sus pensamientos perversos por pensamientos verídicos, tratando de refutar sus equivocaciones, presentándoles pruebas lógicas y elocuentes. Se sentía herido en su amor propio. ¿Cómo podía escuchar a ignorantes blasfemar al Creador de los cielos y de la tierra? Decidió, cueste lo que cueste, defender la nobleza de Allah, declarándose muy orgulloso de contar con el apoyo de Allah: “O mi pueblo, mi clan, según vosotros, es más fuerte que Allah al que ignoráis deliberadamente. No. Mi clan no es más digno ni más fuerte ni más influyente que Allah. Al contrario, todos los seres humanos sacan sus fuerzas de Él y si poseen alguna dignidad es gracias, exclusivamente a Él. Me debíais dejar tranquilo, impulsados por Su temor y el respeto a Sus órdenes y no en consideración por mi clan o por alguna persona que consideráis influyente”.

Sus amenazas daban, cada vez fuerza y rigor a Chouaïb, sintiéndose luego mas resuelto y mas determinado a ir hasta donde llegue. Les invitó a hacer uso de astucias, a recurrir a malos actos y a obrar como les parecía, desafiándolos que no temía estas maniobras porque su objetivo consistía en exhortar a la gente al culto de Allah, jurando no escatimar esfuerzo alguno para realizar su finalidad y que nadie en el mundo era incapaz de obligarlo a renunciar a su juramento, que su confianza en la ayuda de Allah no tenia limites y que su recompensa será la mejor el día en que los paganos se diesen cuenta de que es el Día del Juicio. “Allah Conoce perfectamente todo lo que hacéis – les dijo- No os alegréis. Preparaos ver con vuestros propios ojos la consecuencia de vuestros actos”.

Chouaïb no se mostraba inquieto ante sus amenazas. Continuaba predicando y a trasmitir el mensaje de Allah hasta lograr convencer a unos cuantos de sus conciudadanos. Los que habían creído en su llamamiento eran pocos…muy pocos. Pese a lo cual la gente de Mediana tenía miedo de él. Temían que este número de fieles vaya aumentando con el paso del tiempo si seguían permitiendo a Chouaïb obrar a su antojo. En realidad, sentían fuertes celos porque no soportaban la idea de que se convirtiera en un personaje importante e influyente, reforzado por un grupúsculo de pobres y desamparados fieles. Si continuaran cerrando los ojos ante lo que hacía – pensaban- el monoteísmo iría propagándose entre la gente que se haría pronto mayoritaria, convirtiéndose Chouaïb en un personaje muy influyente. Por ello estrenaban una nueva estrategia que consistía en fuertes amenazas a él y a los que seguían su credo de expulsarles si no volvían inmediatamente a la idolatría. Por su parte Chouaïb les explicó y volvió a explicar que esta gente había optado de conformidad con sus convicciones, que él nunca obligó a nadie profesar esta religión. Al contrario, optaron en total conocimiento de la causa sin imposición u obligación alguna. “Mis adeptos no van a volver a un culto que han rechazado y ya nunca más renunciarán al culto de un Allah Único, sino cometerán una grave impostura hacia Allah quien les acababa de Preservar y Proteger. Para nosotros es imposible volver a lo que éramos a menos que Allah lo Desee. El que ve la belleza del Paraíso jamás podría apreciar las promesas de Satanás. ¿Cómo queréis que volvamos a un culto insensato cuando Allah nos acaba de Salvar, iluminando para nosotros el camino de la verdad para poder distinguir lo verdadero de lo falso y el bien del mal? Si lo hacemos seriamos unos ingratos.

Tras los enormes esfuerzos para convencer a la gente de Mediana, ésta se negó a volver a la razón. Chouaïb comprendió que era inútil…sin esperanza porque perseveraran en su ignorancia, encontrándose obligado a pedir a Allah Infligirles el castigo que se merecían como retribución por su ingratitud y su ignorancia voluntaria, suplicando a Allah precipitar la punición. Por otra parte, la gente de Mediana era tan ciega que ignoraba lo que sucedía en torno a ella, continuando obrando con tanta mal honestidad y negándose a volver a examinar sus conciencias. Buscaban a los creyentes, molestándolos, creyendo que esta gente era tan débil hasta el punto de no renunciar nunca su fraude en el peso y sus estafas a los demás. Les amenazaban abiertamente: “Os dirigís directamente hacia vuestra pérdida si seguéis a Chouaïb. Debéis hacer como hacemos nosotros en nuestras transacciones: recurrir al fraude y a la estafa. La balanza no debe ser exacta. Asi las ganancias son mayores. Si nos consideráis defraudadores que siembran la corrupción en la tierra, ¡pues bien! Debéis saber que el comercio es asi y de ninguna otra manera. Solo asi podemos incrementar las ganancias y multiplicar nuestras riquezas”.

Para colmo, atacaban a Chouaïb a quien acusaban de impostor y un hechizado, provocándolo al incitarle a hacer caer sobre ellos parte del cielo y a precipitar el castigo prometido.

Chouaïb imploró a Allah de salvarle de este pueblo pagano con los que habían creído en su credo. Le pidió Zanjar entre él y los injustos. Allah Escuchó su oración, Infligiendo a los injustos un calor tórrido de tal modo que ni el agua saciaba su sed ni la sombra protegía del calor, dirigiéndose hacia sus viviendas para encontrar refugio, pero la calamidad era general y generalizada. “Hoy no puede haber ningún protector de la orden del Señor”. Los injustos comenzaron a salir en grupos o individualmente hacia el desierto en busca de la protección. ¿Pero hacia donde se podía ir? Huían de la voluntad divina y no encontraban donde iban más que voluntad divina. En su inmensa desesperación les pareció venir de lejos una nube, precipitándose todos para lograr un lugar bajo la nube. De repente una estrella fugaz abatió sobre ellos, sorprendiéndoles los clamores del cielo, temblándose la tierra bajo sus pies mientras que ellos gritaban de terror, permaneciendo inconscientes, sin saber hacia dónde dirigirse. La sorpresa los había atontado. Por la mañana amanecieron yaciendo, inertes en sus viviendas. Se diría que nunca habían existido. Chouaïb observó los cadáveres, desviando su mirada con los ojos llorosos, diciendo: “O mi pueblo. Te he transmitido el mensaje de mi Señor y os he dado excelentes consejos pero vosotros no queréis los buenos consejos y ahora ¿Cómo puedo sentirme afligido por el destino de un pueblo pagano. Habéis renegado la existencia de Allah. Os habéis burlado de mí y de los que habían creído en Allah. Habéis sembrado la corrupción y la inmoralidad en la tierra. ¿No habéis escuchado a Allah cuando os Prometió colmar con sus riquezas si habríais creado en Él? Temer a Allah y creer en Él era la única condición. “Si los habitantes de estas ciudades hubieran temido y creído en Allah, Habríamos Proporcionado para ellos la bendición de la tierra y del cielo. Pero han preferido tratar a los profetas de impostores. Los hemos Sancionado, según lo que se merecían”.

Habéis visto con vuestros propios ojos que Allah Es Verídico. Por mi parte he encontrado que lo que Allah me Ha Prometido era real

[1]     Madera de árboles   frondosa y entrelazada.
  El relato (al-Qasa): 3-4; tâ-hâ: 9-101; Los poetas (ash-Shu’arâ’): 1-68; Las murallas (al « A’râf): 100-156, 160; Jonas (Yûnus): 75-92; Las hormigas (an- Naml): 7-14; Las cosechadoras (an-Nâzi’ât): 15-26; Houd (Hûd): 96-101; Abra­ham (Ibrahim): 5-8; Los creyentes (al-Mu’minûna): 45-48; El viaje nocturno( fl’lsrâ’): 101-104.
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