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Los relatos del Corán (o de los Profetas), de: Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata Traducido al español por Said Jedidi (Dar Al Kutub Al Ilmya- Beirut)

Especial Ramadán

                                         

                       XXIX  LOS PRODIGIOS DE MOISÉS

Moisés era un hombre de una gran influencia. Estaba guiado por la gracia de Allah, en el bien camino, teniendo incluso el comportamiento infalible. El apoyo de Allah era de una gran importancia para él, comprendiendo múltiples e impresionantes significados. Debido a lo cual se entregó con toda su alma a Allah como para manifestar su reconocimiento hacia el Misericordioso.

Los coptos de Egipto eran conocidos por la práctica de la magia. Esta herejía se extendió por todo el país hasta convertirse en una especie de arte reservado exclusivamente para los coptos. Una práctica de gran influencia. Entre los miembros de esta secta se encontraban, evidentemente magos muy hábiles que, gracias a su charlatanería habían atraído a mucha gente convirtiéndose ésta en su fiel aliado.

En poco tiempo los coptos se convirtieron en muy distinguidos súbditos, excelentes en el dominio de la brujería hasta el punto de que ninguno de sus contemporáneos haya podido igualarse a su habilidad en el dominio de la magia y de la hechicería.

Por ello, la voluntad divina Ha Querido mostrar a esta gente su incapacidad sobre todo en este dominio en el que, propios y extraños, reconocían que eran hábiles. Quería que volvieran a examinar sus capacidades en comparación a las de Allah. De tal modo que se quedaron inmóviles ante la sorpresa cuando, recurriendo a la perfidia, no lograron resistir cuando la verdad estalló ante sus ojos y las consecuencias de sus nefastas obras se volvieron contra ella sin poder contenerlo.

Era, pues, una lección para los impíos y por ello Allah Dotó a Su enviado de una facultad muy avanzada en el dominio de la magia para que pudiera hacer frente a los desafíos de su pueblo. Esta lección estaba predestinada a mostrar a esta gente su incapacidad sobre todo en este dominio en el que se consideraba una autoridad y en el que manifestaba su competencia, desplegaba esfuerzos y no cesaba de exhibir sus facultades. Se sintieron incapaces de rivalizar a Moises en el dominio que más controlaba. Total: reconocieron su incapacidad, resignándose ante Moises, a quien se declaró vencida.

Su derrota en el dominio de la magia ilustraba un punto muy importante: Era también una derrota en el dominio del conocimiento y del saber.

La palabra de Allah está por encima de todas las palabras.

Allah nunca Guía a los pérfidos y a los traidores en el camino recto. Se trata de una promesa que Ha Dado a Sus fieles servidores.

Moises tiró el bastón que, de repente, se convirtió en un verdadero dragón. Ante lo cual el Faraón se quedó literalmente perplejo, peo tras vacilar un instante trató de ocultar su asombro, preguntando a Moises: “¿Qué nos vas a ensenar ahora?”, persuadido que Moises ya no tenía nada que mostrar. Moises introdujo, entonces su mano en el bolsillo de su túnica y al sacarla estaba asombrosamente blanca que reflejaba una luz muy fuerte…tan fuerte que cegaba a los que la miraban, extendiéndose hasta obstruir el horizonte con su intensidad.

Después de este enfrentamiento, la gente comenzó a desconfiar del faraón evitando visitarlo. Al constatarlo, éste se convirtió en triste y apenado. Por ello estimó conveniente recurrir a sus súbditos en busca de buenos consejos. Tenía un miedo atroz de perder el poder y los privilegios. Tanto es asi que tuvo que renunciar a su orgullo sin límites y consultar con sus dignatarios en torno a Moises y lo que se debía hacer para contrarrestarlo.

Debido al efecto del miedo se olvidó que se había autoproclamado “El señor altísimo”, obligando a su pueblo a adorarlo y a no adorar a nada ni a nadie más que él. Se dirigió a sus súbditos, usando astucias, mostrándose amable con ellos con el único objetivo de liberarse de Moisés, cueste lo que cueste. Quería que todo el mundo se aliara con él contra Moises y su hermano, fingiendo estar atento a los consejos de su pueblo respecto a estos dos hermanos. Entonces decidió tramar una conspiración contra Moisés.

¿Cómo liberarse de este hombre si no recurriera a las astucias, disimulando la verdad e inventando historias incrédulas? Reunió a sus dignatarios en torno a él y les dijo: “O mi pueblo. Estos dos hombres son magos. Con su magia quieren expulsaros de vuestra tierra. ¿Qué me aconsejáis?” respondiendo los dignatarios: “Hazle esperar, él y su hermano y envía a todo el país a los que traerían a los mejores hechiceros”.

El Faraón aceptó voluntariamente esta propuesta. En realidad, buscaba adherirse a cualquier promesa, aunque fuera incierto para sentir un poco de confianza. No obstante, estaba totalmente convencido de la incapacidad de cualquiera a hacer frente a Moisés, pero no ha encontrado mejor solución que esta falsa esperanza.

Era, algo asi, como un naufrago en busca de un remanso de paz, colgado a un trozo de madera.

El Faraón se consagró a reunir a los magos de todas partes, aunque el miedo y la ilusión no desaparecían. Tenía un miedo atroz de perder la carrera y por con siguiente, el poder. Si miedo fue ilustrado fehacientemente cuando dijo a Moisés: “O Moises ¿has venido para expulsarnos de la ciudad con tu magia?”.

¡Ironía del destino! El Faraón, el autoproclamado dios angustiado y presa de un pánico sin que no se atreve a explicar o a admitir. El Faraón se mostraba mortalmente inquieto ante un hombre que él mismo había calificado de débil. ¿Este “dios” no posee ningún poder para defenderse? ¿No tiene ninguna dignidad? Esta, pues ante una fuerza extraordinaria, sobrenatural que posee Moises, este hombre ordinario que come y anda por las calles y callejuelas como todos los seres humanos.

  • “Fija entre nosotros y tu una cita a la que ni tu ni nosotros debemos faltar” dijo el Faraón a Moises.

  • “Esta cita – contestó Moisés- será el día del empavesado en el que la gente se reúne desde la aurora. Quiero que la verdad estalle públicamente y que sea más clara que la luz del alba”.

El Faraón reunió a los magos de todas las ciudades. Vivía bajo un fuego ardiente. Su dignidad y su poder estaban en juego y que podría perder en caso de que ganara Moisés. No quería nada más y nada mejor que salir victorioso. Pero ¿Qué podía hacer si estaba condenado a no tocar el cielo, lograr difamar a un hombre tan honesto como Moisés? O lo que es igual: ¿Cómo puede un soberano inicuo vencer a la claridad de la justicia?

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