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Los relatos del Corán (o de los Profetas), de: Muhammad Ahmed Jad al-Moula Muhammad Abu al-Fadel Ibrahim Ali Muhammad al-Bajaoui Al-Saïd Chahata Traducido al español por Said Jedidi (Dar Al Kutub Al Ilmya- Beirut)

Especial Ramadán

 

 

                                           XIII-  LOT[1]  

 

Abraham salió de Egipto, regresando a la Meca en compañía de su sobrino Lot, instalándose en este santo país después de haber transportado con ellos todas las riquezas que poseían: dinero y ganado. El lugar era muy pequeño para acoger a la numerosa multitud. Entonces Lot abandonó la ciudad, donde estaba con su tío y su familia, efectuando una parada en Sodoma. Pero… ! Qué desgracia ! La gente de la zona era perversa. Tenían muy malas intenciones y pecaban, sin temor ni vergüenza, abiertamente. No se avergonzaban de sus actos. Al contrario, hacían gala de estos actos reprehensibles. Llevaba una vida disoluta y libertina. Por ello se convirtieron en el pueblo más impúdico que nunca había existido en el mundo. Malos como eran, practicaban el bandolerismo y traicionaban a sus amigos sin escrúpulos o pudor. Perseguían a las caravanas, incluidas las pasajeras, robando su dinero y sus bienes, atacando a los peatones, desvalijándolos dejándolos en la desgracia y la malaventura. Los que tenían la mala suerte de ser su presa, eran abandonados en el desierto, no pudiendo hacer otra cosa sino deplorar su perdida.

En efecto la gente de Lot era licenciosa y libertina a la que ni la religión ni la vergüenza podía disuadir a cambiar esta abominable conducta. Daban espalda a todo consejo y no escuchaban ni la voz de la razón ni las admoniciones de unos cuantos hombres honestos, que, por gracia de Allah, habían logrado preservar su clarividencia y su razón.

Como si estos sedientes espíritus no se limitaran a hacer estos actos reprensibles, como si estos corazones cegados nunca hayan conocido el sentido de la bondad¸ con una sed insatisfecha de cometer los pecados y a no sentir nunca la satisfacción, la gente de Lot, para alcanzar el punto álgido de su vil conducta, inventaron acciones exorbitantes de una inmoralidad nunca conocida antes ni será conocida después: en vez de mujeres, satisfacían sus deseos carnales con los hombres cometiendo actos contra la naturaleza.”Os entregáis a la concupiscencia en vuestras relaciones carnales con los hombres en vez de mujeres. Sois paganos. Practicáis la homosexualidad, el bandolerismo y cometéis entre vosotros atrocidades” les acusó Lot. Si se limitasen a cometer escondidos la ignominia, por lo menos que traten de volver arrepentidos a Allah, entonces el mal seria menos grave. Pero lo más graves es que imponían a la gente seguir su infamia, de acordarles fe, de aliarse a ellos y de imitar sus horribles acciones. La gente de Sodoma perseveraba en su mal comportamiento hasta que la ignominia se propagó por toda la ciudad, haciéndose cada vez más grave.

¿A caso podemos afirmar que se habían acomodado al amor de cometer errores tan enormes y tan repugnantes? Difícilmente, sino Allah nunca le Hubiera Enviado a un mensajero para predicar con su Mensaje.

Cada vez que la gente de Sodoma era asolada de una parecida maldición, optaba voluntariamente por el extravío, desviándose conscientemente del camino recto y avalando las insinuaciones de Satanás quien desde el alba de la existencia juró seducir a la gente, conduciéndola hacia la agitación y la tentación. Allah Instituyó a Lot como mensajero, Encargándolo de instar a su gente al monoteísmo, siendo para ella el salvador que la guiara en el camino recto. Lot era, pues, el ser elegido para advertir a esta gente contra sus ignominias. Desde entonces predicaba con el mensaje de Allah.

Pero… ¿Cómo era su reacción?

La gente de Sodoma no tenía oído receptivo ni los corazones abiertos. Se dedicaban obstinadamente a la infamia y preferían una vida disoluta y libertina, superando todos los límites y las delimitaciones de la lógica. Era pagana que pese a las repetidas advertencias no volvía a la razón. Aquella gente sentía una fuerte tentación de cometer aquellos actos criminales. Sus espíritus insensatos, dirigidos por el diablo y dominados por la maldad los habían incitado a deliberar en torno a Lot para expulsarlo de la ciudad, comenzando a amenazarlo y a advertir a los que le habían acordado fe que iban a ser, como él, expulsados de la ciudad. Éstos no habían cometido ningún pecado sino se limitaron a declararse inocentes de lo que hacían sus conciudadanos. “Por todas respuestas, sus clamaban: ¡expulsad de vuestra ciudad a esta gente que parece ser casta!”.

¿Qué error habían cometido Lot y los suyos?

Lot no hizo más que execrar las acciones perversas de sus conciudadanos, santificándose de sus oprobios y retirarse de sus ignominias, incitándolos a seguir el camino de la verdad y a volver a Allah.

Al presentir su insumisión y su tendencia hacia el mal, Lot los aconsejó infructuosamente temer el castigo de un día convenido. Hacían oído de mercader ante sus múltiples e insistentes advertencias y llamamientos a tomar muy en serio las represalias del Señor.

A pesar de todo, Lot no perdió en ningún momento la esperanza de convencerlos a volver a la razón. Día y noche predicaba, anunciándoles que las consecuencias de sus malas acciones y de sus perjuicios, serán grave, perseverando ellos en el error y en el extravío, rechazando escuchar la voz de la razón, manifestando su rigurosa adhesión a sus acciones perversas y provocando a Lot, pidiéndole irónicamente provocar el castigo con que les amenazaba e infligirles lo que merecían como lo pretendía.

Lot pidió a Allah de Ayudarle contra esta gente corrupta y corruptora, infligiéndola un castigo cruel. Por ser obstinados y paganos, le solicitó desencadenar contra ellos la retribución conveniente.

En efecto, Allah los Castigaría según su insolencia, porque, en realidad eran como una epidemia de cuya proliferación se toman las precauciones o incluso como un órgano podrido del que se debe extirpar una ablación. Eran corruptos que sembraban la inmoralidad en la tierra de Dios, impidiendo a la gente seguir el camino recto y desoyendo las admoniciones del mensajero, rechazando definitivamente seguir el camino de la verdad.

Allah Escuchó la rogatoria de Lot, Tomando en consideración su solicitud y Enviando a Sus Emisarios a la ciudad, embriagada del vicio y la maldad. La verdad es que los habitantes eran inicuos por lo que merecieron el castigo. Al comienzo los emisarios visitaron a Abraham, pensando éste que se trataba de huéspedes de paso a los que debía acoger con honores y tratar con miramiento. Al invitar a sus huéspedes a compartir la comida con él, se retiraron. Entonces se asustó; inquieto por su aspecto, pero permaneció silencioso. Al constatar su aparente perturbación, le dijeron: “No temas. Somos emisarios del Señor. Te anunciamos, en tanto que buena noticia, el nacimiento de un hijo lleno de sabiduría”. A raíz de lo cual se sintió aliviado, disipándose su inquietud. Reuniendo sus fuerzas les preguntó: “¿De qué se trata, o mensajeros? Respondiendo ellos: “Hemos sido enviados para un pueblo criminal que se niega a escuchar la razón y el llamamiento de Lot y que, a raíz de su insumisión, se convirtió en pagano. Vamos a infligir a esta gente un castigo perpetuo como retribución a los actos reprensibles que había cometido como, entre otros, la abominación, la infamia, la homosexualidad, la traición, la maldad y los atracos. Vamos a hacer que mueran los habitantes de esta ciudad que son inicuos”.

Abraham se sintió triste hasta el punto de que se disponía a pedirles acordar a esta gente un plazo y postergar el castigo, tal vez vuelvan hacia Allah a arrepentirse del grave pecado del que fueron los primeros en cometer desde la existencia de la humanidad.

Es permitido pensar que Abraham temió por el destino de su sobrino porque éste no podía, de modo alguno, apreciar sus acciones perversas sino, seguramente detestaba sus criminales actos. Obviamente Abraham se apitoyaba por su sobrino, un hombre casto que merecía estar expuesto a un parecido castigo. Los emisarios le recomendaron paciencia, ordenándole comportarse razonablemente y de tener confianza en la misericordia de Allah. Le pidieron cesar su tristeza y dejar de mostrarse desesperado, dejando que las cosas transcurren de manera normal y que Allah Era el Único Concernido a Acordar a esta gente su clemencia. Le explicaron cómo la gente de Sodoma había insistido en su ignorancia, prefiriendo seguir el camino de Satanás a pesar de las múltiples y repetidas advertencias. Le anunciaron, además, que Lot estará a salvo que nada le ocurrirá ni a él ni a los suyos a excepción de su esposa que figuraba entre los descarriados. Su mujer había optado por el camino del libertinaje, sumándose a su gente.

Cuando los emisarios abandonaron a Abraham, se presentaron en Sodoma[2], tomando el aspecto de jóvenes apuestos que disponían a entrar en la ciudad, objeto del vicio y envilecimiento. En el camino encontraron a una joven sacando agua de un pozo, pidiéndole hospitalidad. Aunque vacilante, temió por ellos porque sabía que su gente les podía hacer daño, pidiendo a su padre ayudarles. Por ello les pidió esperarla para ir consultar con su padre al respecto. Se fue corriendo hacia donde se encontraba su padre: “O, padre, personas nos piden hospitalidad. Se trata de jóvenes muy apuestos con rostros realmente iluminados con una luz divina. Están en la entrada de la ciudad. Quisiera alojarlos para esta noche, pero mucho me temo que nuestros conciudadanos nos deshonorasen si llegaran a descubrir que están con nosotros”.

El padre era el venerable enviado Lot y la joven su hija. Lot se quedó perplejo ante esta sorpresa, preguntando a su hija al respecto e insistiendo a conocer su verdadera identidad. Pidió la opinión de su hija, consultándola sobre lo que debía hacer y la conducta que debía adoptar, vacilando mil veces antes de aceptar recibirlos en su casa, ignorando que postura tomar al respecto. Sintió una fuerte tentación de responder negativamente…con una excusa. Pero ¿Cómo negarse a ayudarlos ? Se le ocurrió una idea: poner al tanto a los visitantes de lo que pasaba en la ciudad, tal vez, asi, le excusarían, dejándole tranquilo, dispensándole de esta enorme responsabilidad.

¿Qué hacer?

Lot se sentía impulsado por la generosidad, inclinado hacia acordarles lo que buscaban. ¿Cómo podía tomar consideración de estas futilidades y negarse a mostrarse generoso para con ellos? Estas dificultades y estos obsta culos eran, para él, secundarios ante el llamamiento de la generosidad. Entonces salió discretamente sin ser observado por sus conciudadanos, acelerando la marcha antes de que fuera descubierto.

Desde su llegada a Sodoma, se le impidió frecuentar a la gente y se le prohibió invitar a nadie a su casa. En el fondo habían aceptado su presencia obligada. Sus conciudadanos desconfiaban de él como si estuviera afectado por una enfermedad contagiosa cuya propagación temían. Constituía una amenaza por lo que le imponían todas las prohibiciones, privándolo de la libertad de movimiento y exigiéndole restricciones sobre manera de obrar. Creían que se protegían porque, desde su llega, Lot manifestó abiertamente su oposición a su forma de ser y su manera de actuar. Era el primero en denigrar sus infamias y a desmarcarse de sus atrocidades.

Avanzando de puntillas, fingiendo comportarse normalmente, Lot llegó hasta donde se encontraban los emisarios, recibiéndolos generosamente e invitándolos a seguirle. Avanzó silenciosamente a su frente para mostrarles el camino. Sentía un miedo atroz y se consideraba responsable si algo sucediera a sus huéspedes. ¿A quién debería pedir socorro si la noticia llegara a propagarse entre sus conciudadanos o si éstos vayan a buscarlo?

Lot no poseía arma alguna para defender a sus huéspedes, siendo, además denigrado, entre su pueblo. Pese a todas estas dificultades, tomó una firme resolución de llevar a sus huéspedes a su casa, no confiando más que en Allah y marchando atentamente para no atraer la atención. Frente a lo cual no tenía otro remedio que tomar las precauciones y rogar a Allah a Ayudarle. No obstante, su esposa que era una de las descarriadas, una perversa que había elegido el camino de los libertinos, al ver a los huéspedes divulgó el secreto. Inmediatamente después, al conocer la noticia, la gente de Sodoma se precipitó individualmente o en grupos en busca de los huéspedes de paso por la localidad. Al ver a la multitud enrabiada congregarse ante su casa tuvo miedo. ¿Quién podría disuadir a esta gente perversa, impidiéndola de cometer un acto criminal contra sus huéspedes? Lot decidió dirigirse a la multitud para tratar de convencerla, implorándola infructuosamente a ocultar su maldad y a cesar de practicar la homosexualidad. Eran libertinos insolentes, paganos ignorantes por ello se negaban a escuchar su llamamiento y sus suplicas.

Lot trató de cerrar todos los desenlaces ante ellos, cerrando las puertas para impedirles satisfacer sus necesidades carnales sobre sus huéspedes. Sus conciudadanos eran tan ignorantes que subestimaban la reacción de Lot. Sus almas les habían sugerido cometer la infamia en pleno día. Lot se sentía impotente al borde del desmayo. ¿Por qué esta gente se negaba a escuchar su oración? ¿Por qué no reflexionan? Les dijo: “Allí están las esposas que Allah Ha Creado para vosotros. ¿Las dejáis para dedicarse a los machos en actos contranaturales? regresad a arrepentirse ante Allah. Pedidle perdón, tal vez os Pueda perdonar. Vais a sufrir las consecuencias de vuestras costumbres asquerosas”. ¿Pero qué hacer si esta gente estaba cegada y si sus espíritus estaban achispados? Insistían obstinadamente en sus pasiones y se volvían locos para satisfacer sus necesidades animales cueste lo que cueste. Frente a esta situación, Lot les propuso sus hijas: “Conciudadanos, aquí tenéis a mis hijas a vuestra disposición. Estàn mas indicadas para vosotros. Temed Allah. No me cubráis de oprobio, abusando de mis huéspedes. ¿No hay nadie honesto entre vosotros?”.

  ¿Cómo fue su reacción?

“Tu sabes que no tenemos ningún derecho sobre tus hijas ni siquiera alguna atracción por las mujeres. Tu sabes lo que queremos”, le contestaron irónicamente. Al borde del delirio, Lot se sentía deprimido, desesperado. Un violento dolor y un tumultuoso sentimiento lo invadieron. Desplegaba enormes esfuerzos para salvar a sus huéspedes, para protegerlos contra un eventual ataque, gritando: “Ah, si tuviera algún poder sobre vosotros o encontrase un apoyo. Si tuviera la fuerza para haceros frente. Si tuviera la capacidad os obligaría a renunciar a lo que hacéis. Si tuviera esta fuerza os pagaría según vuestro merito y os sometería a la razón”.

La gente de Sodoma estaba tan cegada, descarriada y apasionada por su embriaguez que la reacción de Lot les sorprendía. Ignoraban la razón de esta crisis de cólera. Estaban como un caballo lascivo, abandonado que deja de domar su furor de pasión.

Lot se reveló, manifestando una violenta oposición, defendiendo encarnizadamente a sus huéspedes hasta quedarse sin fuerza, penetrando ellos por fuerza al encinto de su casa, encontrándose Lot en una delicada situación. Comenzaron a atacar a sus huéspedes. Lot se sentía deshonorado, cubierto de oprobio, desplegando enormes esfuerzos para rechazar a los atacantes. Sintiendo los emisarios piedad por él, le consolaron, tranquilizándolo: “O, Lot, somos enviados de Allah. Hemos venido a ayudarte, a protegerte. Esta gente jamás llegara hasta ti ni a los tuyos. Fracasarán, sin duda. Los atacantes comenzaron a sentir miedo de ellos, volviendo con las manos vacías y jurando causar el máximo de daño. Por la mañana, Lot se despertó sano y salvo.! Gloria a Allah que Hizo Disipar esta nube gris, descartando la amenaza. Allah lo había colmado con Su gracia. ¿Cómo tener miedo de las amenazas de unos descarriados si la Misericordia de Allah está con él?

Al día siguiente, los emisarios pidieron a Lot salir con su familia del pueblo al ponerse el sol, porque la ciudad será objeto de un castigo perpetuo, aconsejándole no llevarse a su esposa con él porque sufriría el mismo destino que su pueblo pagano. Le ordenaron acelerar la marcha sin mirar atrás cuando intervenga la orden de Allah y de manifestar una firmeza y una valentía ante lo sucedido.

A finales de la noche, Lot salió con su familia, abandonando la localidad si contemplaciones. Al llegar a la salida del pueblo, escuchó un ruido horrible, dándose cuenta de que comenzaba el castigo de Allah. La tierra fue sacudida bajo la intensidad de un brusco temblor de tierra. Allah hizo llover piedras ígneas que caían incesantemente. Las casas se vaciaron de sus habitantes como retribución por lo que hacían sus ocupantes: “Cuantas ciudades hemos hecho perecer, por su injusticia y que hundieron sobre ellos mismos, cuantos pozos se llenaron, cuantos palacios fuertemente construidos están ahora desiertos. En esto, había, ciertamente un signo, pero la mayoría de ellos eran paganos.

 

 

[1]

[2]    Una de las ciudades donde vivia la gente de Lot. Se llama también Zedome.

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